Una imagen clásica otra vez recuperada: las patas bien metidas en la fuente de Plaza de Mayo.
Los desafíos de hablar de las identidades del peronismo en una sociedad radicalmente distinta a la del pasado. Los nuevos modos de transmisión de un ADN siempre complejo.
En estos tiempos en que hablamos de un cierto renacimiento de las militancias juveniles y del interés por la política, ¿hasta dónde la historia de Daniel es relevante o representativa de un tiempo social? O para preguntarlo de otro modo, ¿qué significan hoy el 17 de octubre o el peronismo en lo profundo de la sociedad, en los barrios, en las calles, en las casas, en los lugares de trabajo? Hace poco tiempo el sociólogo Ricardo Sidicaro contestó a esa pregunta en el suplemento Enfoques de La Nación: “El peronismo, tal como fue, no tiene existencia. Lo que hay son peronistas, pero al peronismo como ideología nacional y popular lo disolvió Menem y lo disolvió la propia experiencia de quienes participaron del menemismo”. Complementó la respuesta con una frase particularmente cruel y a la vez simpática: “Con Menem hubo una idea de que el desastre de la Argentina había sido Perón, y todo lo que Menem hizo fue deshacer la Argentina peronista”.
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