sábado, 13 de noviembre de 2010

Gorilas, por Osvaldo Soriano

Escuché muchas veces calificar a Osvaldo Soriano de "gorila". Se trata a mi juicio de una lamentable confusión debida, más que al film basado en su segunda novela, No habrá más penas ni olvido, a la utilización que se le dio a éste durante la campaña electoral que concluyó, por suerte (se imaginan lo que hubiera sido un PJ victorioso, concededor de indultos y reivindicador a macha martillo de la Triple A y el Operativo Independencia) con la derrota de mis amigos peronistas a manos del alfonsinismo. Soriano jamás fue gorila y, es más, era un claro simpatizante del peronismo y sus gentes variopintas. Sólo que siempre le tuvo desconfianza a Perón.
Quién lo dude, que lea esta vieja contratapa de de Página/12.

Gorilas

Nunca olvidaré aquellos lluviosos días de setiem­bre del 55. Aunque para mí fueron de viento y de sol porque vivíamos en el Valle de Río Negro y los odios se atemperaban por la distancia y la pesadum­bre del desierto. Mandaba el General y a mí me resultaba incomprensible que alguien se opusiera a su reino de duendes protectores. Mi padre, en cambio, llevaba diez años de amargura corriendo por el país del tirano que no lo dejaba crecer. Una vez me explicó que Frondizi había tenido que huir en calzoncillos al Uruguay para salvarse de las hordas fascistas. Y se quedó mirándome a ver qué opinaba yo, que tendría nueve o diez años. A mí me parecía cómico un tipo en calzoncillos a lunares nadando por el río de la Plata, perseguido por comanches y bucaneros con el cuchillo entre los dientes. 


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