Por Gabriel Fernández, director de La Señal Medios
La cuestión no es menor, aunque la profunda ignorancia en espacios mediáticos y académicos tienda a menoscabarla: Cristina Fernández de Kirchner es jauretcheana. Eso implica, junto a la consideración profunda del pensamiento de don Arturo, que también evalúa en grandes trazos el profundo estilo de razonamiento de Raúl Scalabrini Ortiz.
Y si el gran revolucionario italiano es insoslayable para el pensamiento político moderno, el forjismo debería ser inevitable para quien anhele un calce profundo en los pueblos del Sur del continente y un desarrollo estable y dinámico de la economía regional. Cristina, como Néstor Kirchner, así lo entendió y eso se trasluce en pensamientos y políticas. En el decir y el hacer.
¿Cómo y porqué? Básicamente, ambos jefes de Estado han indicado la necesidad de desplegar políticas activas para salir de la crisis. Esto es, utilizar el potencial del Estado para disparar una actividad económica que por si misma, pese a la perorata liberal, no logra articular políticas de gran envergadura que desplieguen la Nación.
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En los festejos por el Bicentenario ya se le vió la estirpe jauretcheana a Cristina, al desfilar Fuerza Bruta con las escenas del Exodo Jujeño y la Batalla de Obligado, epopeyas "olvidadas" por la historia oficial.
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