miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ross Macdonald, un gran escritor

Una gran nota sobre un gran escritor (que me perdone Chandler)

El caso Macdonald

Si hay un nombre en la novela negra que merece estar junto a los de Raymond Chandler y Dashiell Hammett, es el de Ross Macdonald. Con ese pseudónimo, Kenneth Millar creo la saga de Lew Archer, un detective que sumó complejidad y espesor psicológico a sus predecesores y que, desde las calles de la ficticia Santa Teresa, capturó a los amantes del género y sedujo sin concesiones a los círculos intelectuales. El expediente Archer, de la colección Roja y Negra, recopila por primera vez sus cuentos completos.

 Por Rodrigo Fresán

UNO “Estaba sentado en el Hollywood Hawaiian Hotel / mirando mi taza de café vacía / pensando en que la gitana no había mentido / todos los margaritas con sal de Los Angeles / yo me los voy a beber / y si California se desliza hacia el océano / como los místicos y las estadísticas aseguran que sucederá / yo predigo que este motel se mantendrá en pie / hasta que yo pague mi cuenta”, canta Warren Zevon en su gloriosa “Desesperados Under the Eaves”.
La idea y la imagen y el sentimiento son ciento por ciento Zevon, no en vano considerado el maestro del llamado californian noir en lo que a escribir canciones se refiere.
Y el sentimiento y la imagen y la idea son, también, ciento por ciento Ross Macdonald, maestro del californian noir a secas y creador del inolvidable detective privado Lew Archer.
Y nada se pierde y todo se relaciona: Warren Zevon (fallecido en 2003) inspiró el personaje de Lew Ashby en la segunda temporada de la serie de televisión Californication. Y el Lew de Ashby es un sentido homenaje y guiño cómplice y palmada amistosa al muy conocido hecho de que Zevon fue, hasta el final, un fan de Ross Macdonald y de su detective Lew Archer. Y, también de que Zevon supo ser vecino de Macdonald, quien, una noche tan terrible como absurda, lo salvó de suicidarse. (1)
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