Dice así:
"...Todo sucede. La vida es más o menos un barco bonito. ¿De qué sirve sujetarlo? Va y va. ¿Por qué digo esto? Porque lo mejor de la vida se gasta en seguridades. En puertos, abrigos y fuertes amarras. Es un puro suceso, eso digo. ¿Eh, señor Mascaró? Por lo tanto conviene pasarla en celebraciones, livianito. Todo es una celebración...”.
Entiendo que tiene razón con el mismo estupor que cada enero (mes durante el cual al menos algunos dias me siento feliz con un pantalón largo y uno corto, un par de zapatillas, un traje de baño, dos remeras, una camisa y algún abrigo, cuatro o cinco libros, algunos dvd, además de las pastillas del abuelo, cepillo de dientes, desodorante de sobacos, anteojos de lectura, cantidades módicas de algún vicio: una damajuana de semillón o tempranillo, un poco de yerba y otros herbarios) pienso si no sería mejor que me fuera a vivir junto a un rio pequeño pero constante en Formosa, dónde podría dedicarme a leer, hacer un poco de ejercicio, comer y dormir en el camino de entender alguna verdad esencial de ese bicho tan cruel y superficial como el que somos.
Para darme cuenta luego que si estuviera en Formosa me la pasaría conspirando para cagar a sus caudillos. Porque, como dijo sabiamente Evita:
Menos mal que lo dice ella. Si lo dijera uno pasaría automáticamente a ser sospechoso. "¿Qué quiere ese? ¿Que se cree? ¡Es un provocador!".
Pero que tiene que ver esto con lo otro: ¿No deberíamos vivir con mayor sencillez?
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