domingo 30 de mayo de 2010

El general Manuel Noriega extraditado y juzgado en Francia

El prisionero de la CIA (o de cómo el clan Bush sigue teniendo poder)
por Juan Salinas (una versión reducida de esta nota se publicó en Miradas del Sur hace un mes).

La extradición (entrega en realidad, puesto que se trató de un arreglo directo entre los poderes ejecutivos de ambos países) del general Manuel Noriega por parte de Estados a Francia, fue tan ilegal como su detención el 2 de enero de 1990 en la Nunciatura de Panamá, luego de la invasión a sangre y fuego del pequeño país y de una negociación refrendada por el Nuncio en nombre del Papa Juan Pablo II, que aunque era polaco, habría de hacerse el sueco ante su flagrante incumplimiento por parte del presidente George Bush senior.
Yo soy aquel muchacho
Noriega, quien fue la mano derecha del general Omar Torrijos hasta su muerte, no fue presidente –excepto los últimos dos meses y medio,  desde el intento de golpe de estado encabezado por el  mayor Moisés Giroldi Vera y auspiciado por los EUA en octubre de 1989, hasta la invasión yanqui de fines de diciembre (que el presidente George Bush padre bautizó con escalofriante cinismo “Operación Causa Justa”) y su apresamiento– y menos aún dictador. Noriega fue, sí,  “el hombre fuerte” de Panamá, por comandar sus Fuerzas de Defensa. Fue am partir de 1987, cuando los EUA pasaron a considerarlo un enemigo a abatir, según él porque  se negó a participar de la guerra contra el gobierno sandinista de Managua.
Como describió la documentalista Bárbara Trent en The Panama Deception (El engaño de Panamá), con el pretexto de atrapar a Noriega, EUA probó las nuevas armas que pronto habría de utilizar en la primera Guerra del Golfo (“Operación Tormenta del desierto”) con un saldo, según las fuentes, de entre 4 y 7 mil muertos, la mayoría al ser bombardeado despiadadamente el popular barrio de Chorrillos. Todo supuestamente con el único objetivo de atrapar a Noriega, quien se refugió en la Nunciatura y se entregó recién tras obtener la promesa de que sería tratado como prisionero de guerra, tal como indica la Convención de Ginebra.
La invasión a Panamá y la muerte y destrucción que aparejó, fueron minimizadas por las agencias y medios internacionales, que privilegiaron las alternativas del derrocamiento del dictador comunista de Rumania Nicolae Ceacescu, fusilado junto a su esposa el 25 de diciembre en medio de violentos enfrentamientos que continuaron durante más de una semana.
Tan pronto tuvo a Noriega en sus manos, Bush desconoció su calidad de prisionero de guerra, acusándolo de ser un narcotraficante y narcolavador del Cartel de Medellín, casi un mero empleado de Pablo Escobar. Lo sometió así a un tan bochornoso como dilatado proceso judicial en Miami en cuyo curso testificaron contra él decenas de narcos presos a cambio de reducciones de condena y otras canonjías.
Los verdaderos objetivos de la invasión de Panamá no tardaron en aflorar: recuperar el control de un paraíso fiscal que hasta mediados de los ’80 los bancos estadounidenses habían utilizado sin límites para blanquear dinero (lo  que a partir de la invasión habría de reanudarse multiplicándose geométricamente) a lo que Noriega puso coto y denunció en 1987, y destruir las Fuerzas de Defensa de Panamá que Noriega había organizado en base a la Guardia Nacional forjada por Torrijos, muerto en 1981 al caer el pequeño avión en que se desplazaba, según fuentes calificadas, en un atentado ordenado por la CIA.
La CIA. Ésta es la clave de esta historia. Bush, Noriega y el presidente francés, Nicolás Sarkozy tienen en común haber sido piezas importantes de “la compañía”. Durantete dos décadas Noriega tuvo intensos vínculos con ella en representación de Torrijos, y luego y hasta el estallido del Contragate (luego rebautizado Irangate) como hombre clave de la agencia para  Centroamérica y el Caribe, habida cuenta de las muchas relaciones que el militar de rostro picado por la viruela mantenía con los gobiernos de la región, incluidos los enemigos de la misma, como Cuba y Nicaragua.
Bush padre fue director de la CIA en 1976, vicepresidente de Ronald Reagan durante casi todos los ’80 y luego su sucesor. Noriega y Bush tuvieron trato directo durante toda la década de los ’70 y la mitad de los ’80. Durante muchos años, Bush ordenó pagarle a Noriega importantes sumas en bancos domiciliados en París. Fue precisamente el descubrimiento de 4 millones de dólares en cuentas de bancos parisinos lo que motivo que en 1999 un tribunal local lo procesara por presunto lavado de dinero.
Uno de los “detalles” que los analistas del hemisferio norte suelen desconocer a la hora de analizar la ruptura entre Busch sistemáticamente es que Noriega nunca traicionó su amistad con Fidel Castro y Daniel Ortega. Así, tras participar en la XVII Conferencia de Ejércitos Americanos que se realizó en Mar del Plata en noviembre de 1987, “filtró” los documentos secretos de ésta, que los tenían como blanco junto a  las insurgencias “nacionalistas y populistas” de toda América Latina y especialmente de Centroamérica. Lo que explica por sí mismo el odio mortal de Washington, que se sintió traicionado.
De acuerdo a las leyes de EUA, Noriega, que siempre reivindicó su condición de general panameño y al que sus abogados consiguieron que se le restituyera su condición de prisionero de guerra, debía haber sido liberado en 2007. O extraditado a Panamá, dónde se lo acusa,  de haber ordenado matar a fines de 1985 a su adversario, el médico Hugo Spadafora (crímen que según Stella Calloni cometió la CIA) y al mayor Giroldi y su estado mayor golpista.
 Que lo enviaran a Francia y no a Panamá fue el resultado directo de tratativas secretas entre el Departamento de Justicia y el presidente Sarkozy, denunció Thierry-Meissan, presidente de la Red Voltaire. Meyssan expuso las íntimas relaciones de Sarkozy con los clase corsos de narcotraficantes y con la CIA, acusándolo de haber sido su “topo” adentro del gaullismo.
Noriega, en sus años mozos
Volver al juicio que se le hizo a Noriega en Miami es arrojar luz sobre el presente. El principal testigo fue uno de los capos del Cartel de Medellín, el nazi Carlos Ledher, a quien se le redujo la condena de 135 a 55 años. Tres años después, en 1992, Lehder le reclamó públicamente a la corte de Jacksonville, Florida, que el Gobierno cumpliera con sus promesas de extraditarlo a Alemania. Y aunque es una creencia generalizada que luego fue liberado con una identidad falsa, su biógrafa Tamara S. Inscoe-Johnson, autora de Norman Cay: The True Story of Carlos Lehder and the Medellin Cartel, sostiene que Lehder permanece recluido en una prisión secreta y que jamás será liberado porque tiene mucha información sobre el Irangate. Un sayo que le cabe aún mucho más a Noriega, que conoce pormenores de la intervención de Bush padre y del almirante John Poindexter en un affaire Iran-contras que, como hizo público en abril de 1989 el oficial Informe Kerry, se basó en la introducción por la CIA en territorio de los EUA de enormes cantidades de cocaína. Con lo producido con su venta en suburbios negros de Los Ángeles se financió la compra de armas para la guerrilla antisandinista. Fue Poindexter en persona quien emplazó a Noriega a plegarse a esa agresión o atenerse a las consecuencias.  Noriega dijo “No” y todavía lo está pagando.  La sumisión de Sarkozy a los dictados de Washington hace que el fantasma de Charles De Gaulle se revuelva en su tumba.

jueves 20 de mayo de 2010

El tarado argentino, por Teodoro Boot


El tarado argentino
Por Teodoro Boot

José María Narpe, de 28 años, Mario Magallanes, 24, y Mariano Piñeiro, de 29, casado con dos hijos, abusaron de consuno de una chiquilina de 14 años de edad.
Embadurnada de rouge y metida en tacos altos o con bigotes sombreados con corcho tostado, un niño es siempre un niño, aunque él o ella crean no serlo.
Abusar de un niño es un acto aberrante, lo que de por sí sugeriría la conveniencia de mantenerlo en privado, pero hacerlo en patota lo agrava aún más, en tanto incluye una relación de sometimiento y sadismo que, por tratarse de un niño, no puede ser consentido. Como yapa,  está la evidente fascinación con que estos extraños heterosexuales contemplan las vergas ajenas. Son éstos dos nuevos motivos de peso que aconsejarían a los involucrados mantener alguna discreción sobre el hecho.
Sin embargo, el sentido de la realidad de estas personas está tan percudido que no sólo no mantuvieron sus crímenes aberrantes en privado, sino que los filmaron y, jactándose de ellos, difundieron el video urbi et orbi, seguramente para aleccionar a las nuevas generaciones sobre el mejor modo de comportarse del macho argentino.
Y como si su compulsión exhibicionista no fuera suficiente, sus amigos y familiares, encabezados por la esposa de Piñeiro, realizaron una airada marcha en solidaridad con el abuso de menores, el sadismo  y la ostentación de impudicias y delitos propia de los hombres de bien.

Chapaleando barro
Algo semejante le ocurre hoy al Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Mauricio Macri, 51 años, porfiando contra los consejos de varios asesores, las objeciones de la oposición, las críticas de las víctimas del atentado a la Amia y los antecedentes delictivos del individuo en cuestión, designó al frente de la Policía Metropolitana al ex comisario Jorge Fino Palacios, en su momento exonerado de la Policía Federal por estar relacionado con delincuentes involucrados, además de en el robo de automotores de alta gama, en el secuestro y asesinato del joven Axel Blumberg.
La relación de Macri con Palacios no es nueva, y habría nacido al parecer cuando el ex comisario intervino en el desmantelamiento de “la banda de los comisarios” de la Federal, dedicada al secuestro extorsivo de medianos empresarios, casi siempre judíos (y también a algún asesinato por encargo disfrazado de secuestro extorsivo, como el de Rodolfo Clutterbuck) que cometió la imprudencia de secuestrar a Mauricio. Años después, luego de la exoneración de Palacios, el agradecido Mauricio lo llevó consigo a Boca Juniors donde se hizo cargo de la seguridad del club.
Palacios, Chamorro –el comisario que lo sucedió luego de sus renuncia a la Metropolitana–, Ciro James –un agente de inteligencia de la policía federal designado también durante la administración Macri en el Ministerio de Educación porteño con un  sueldo de 6 mil pesos a cambio de ningún trabajo–, y varios más, crearon un microemprendimiento dedicado a las escuchas ilegales que salió a la luz luego de las denuncias de Sergio Burstein y Néstor Leonardo, parasicólogo y cuñado malavenido de Mauricio, que luego sería víctima de un atentado. Casualmente dos personas que sostenían alguna clase de litigio con Mauricio.
Sin embargo, Mauricio se muestra sorprendido de la indagatoria a que lo sometió el juez Oyarbide, quien comenzó a investigar la existencia de una asociación ilícita no por su propia iniciativa sino por expresa directiva de la Cámara Federal.  El jefe de Gobierno ofrece conferencias de prensa tan absurdas que desde hace un par de meses parece estar protagonizando una representación minimalista de una comedia farsesca de Nini Marshall: durante la indagatoria el juez está tan confundido que en vez de contestar a las preguntas de Macri, se las hace. Burstein no es quien para reclamar nada pues además de no saberse de qué trabaja, no era esposo de una víctima del atentado a la Amia sino ex esposo. De igual manera, Néstor Leonardo es un vulgar arribista y no un cuñado como debe ser, aunque nunca nadie consiguió explicar por qué diablos a Ciro James se le podría haber ocurrido intervenirle los teléfonos.
Si bien a favor de la familia Macri es justo contabilizar que hasta ahora a Don Franco no se le ocurrió encabezar una marcha en apoyo a las escuchas ilegales, existe un cierto paralelismo entre Mauricio y los tarados de Villegas: ninguno de ellos parece tener conciencia de haber perpetrado clarísimos delitos, lo que no obsta para que a Mauricio le estallaren las arterias de indignación ante la posibilidad de que Sergio Burstein intervenga sus teléfonos o Néstor Leonardo haga lo propio sin cables ni alambres, valido sólo de sus Poderes. Y, desde luego, Narpe, Magallanes y Piñeiro cuidarán de que sus hijos y sobrinos no sean víctima del merodeo de esos asquerosos pedófilos que “entran por una puerta y salen por la otra cuando merecerían la pena de muerte”.
Lo menos que todos ellos merecen es un monumento conmemorativo.
En la colonia Montes de Oca.