Pobres patos
Por Mónica Parvelloti / docente de la escuela primaria de La Brava, departamento de San Javier, Santa Fe
Hoy, como pasa desde los primeros días de abril, desperté con el estruendo de los disparos de los cazadores. Día tras día, año tras año recibimos la visita de turistas, en su mayoría extranjeros, que en grupos llegan a estos campos a cazar patos.
Una mañana de abril, mientras izábamos la bandera, escuchábamos los estruendos tan cercanos que parecían provenir del patio de la escuela. Los chicos quedaron impactados. - Seño, escuche… pobres patos- fue el comentario sentido de los alumnos. Movilizada comencé a investigar acerca del tema para poder hacer algo por nuestro medio ambiente.
Pasaron unos días cuando distintos medios de comunicación santafesinos daban a conocer la preocupación de organizaciones no gubernamentales acerca de la resolución que este año habilita la caza … y realmente los cazadores están disfrutando a pleno esta decisión de la Secretaría de Medio Ambiente: Todos loas días están muy temprano, y a veces también al atardecer cazando quién sabe la cantidad de patos y dejando el lugar minado de plomo, ¡porque son muchos los disparos que se escuchan!, ¿alguien controla esto?
Y los chicos cuentan: -los franceses (así llaman a los cazadores extranjeros) nos dejaron patos y mi mamá los cocinó.-.
-Muchos patos muertos vimos con mi papá en el campo. ¿Para qué los matan si no lo van a comer?-.
-Los cazadores le traen regalos a mi papá-.
- Con mi abuelo salimos a cazar unos patos para comer y encontramos unos que no podían volar y no estaban heridos.
Dejalo – dijo mi abuelo- ese debe estar enfermo-.
–¡Hasta el 25 de mayo se escucharon los tiros!-.
-Señora había unas bolsas llenas de patos muertos, ¿las habrán dejado o se las habrán olvidado?-. -Con mi papá pedimos permiso al dueño del campo para juntar leña y vamos después que se van los cazadores y nos traemos la bolsada de patos, porque los dejan muertos en el campo-.
Mientras pasan los días y sigo escuchando lo disparos pienso sí, “pobres patos los matan en cantidades ¿quién controla y puede asegurar que se practica un turismo sustentable en la zona?; pero también pobres chicos ¿qué futuro, qué legado natural le dejamos?: especies extinguidas o en vías de extinción, ambiente contaminado, la idea de que lo económico prima por sobre todo; pobres todos, los que desde cada hogar escuchamos los tiros y seguimos el día como nada, dejando que otros destruyan y contaminen nuestro lugar, todos ignorantes e indiferentes del mañana que hoy vivimos y construímos.
¿Y los responsables dónde están, quienes son? Todos tenemos parte. Celebro que existan organizaciones que defienden y cuidan el patrimonio natural que es de todos. Desde mi lugar, mi granito de arena, es intentar (y en eso estoy) que mis alumnos tomen conciencia del problema para que el día en que ellos tomen las decisiones lo hagan con responsabilidad; como habitante del lugar manifiesto y hago pública mi preocupación a la vez que invito a otros padres y comunidad en general a hacerlo. Las autoridades y funcionarios que tienen que ver en este tema…¿toman las decisiones con responsabilidad y respeto? ¿les importa la salud de la población, el cuidado del medio ambiente, el futuro de nuestros niños?
miércoles 30 de junio de 2010
martes 29 de junio de 2010
¿Quién mató a monseñor Romero?
Todo indica que quien ejecutó de un certero disparo en el corazón a monseñor Óscar Romero fue un ex policía argentino, Roberto Alfieri González. Pero una cortina de humo tendida por uno de los organizadores del atentado pretende ahora que fue un improbable indio barbudo. La maniobra adquiere otra significación si se tiene en cuenta que Alfieri González también está acusado de haber asesinado a dos periodistas norteamericanos por cuenta de la CIA, y que en todo este embrollo aparece involucrado nada menos que el actual Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates.
Por Juan Salinas (Una versión extractada de esta nota fue publicada por la revista Caras y Caretas en junio de 2010.)
Se sabe casi todo acerca de quiénes y cómo asesinaron a monseñor Óscar Arnulfo Romero hace treinta años. Excepto el nombre del ejecutor. Aunque hay indicios precisos y concordantes de que fue un policía federal argentino, Roberto Alfieri González (RAG), bastó que uno de los organizadores del crimen, el prófugo ex capitán Alvaro Rafael Saravia, apareciera para decir que fue “un fulano, un indio de los nuestros”, para que todos los medios olvidaran aquellas fundadas sospechas para dar crédito a la nueva versión.
Curiosamente, es lo que necesitaba imperiosamente el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates, que ya en los ’80 era una especie de jefe de gabinete en la CIA. Si se confirmara que RAG asesinó a Romero, Gates podría verse obligado a deshacerse en explicaciones, ya que RAG también está acusado de haber asesinado tres años después a dos periodistas norteamericanos… por orden de la CIA.
Romero fue alcanzado por un solo, certero disparo en el corazón cuando celebraba misa en una capilla el 24 de marzo de 1980, día en que se cumplía el 4º aniversario del golpe militar argentino. El chofer que condujo al asesino hasta la capilla, Amado Garay, lo describió como “un hombre alto, con barba y bien parecido”, lo que no coincide para nada con el “indio” que dice ahora Saravia que lo habría matado a cambio de la exigua suma de mil colones.
Saravia era en 1980 jefe de la custodia de 14 hombres del ya fallecido mayor Roberto D’Aubuisson, quien luego fundó tanto de escuadrones de la muerte como el partido Arena, que gobernó El Salvador durante un cuarto de siglo hasta que el año pasado fue derrotado por el periodista Mauricio Funes, candidato de un Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) que se ha vuelto socialdemócrata y muy moderado.
Desde algún lugar de Centroamérica donde permanece escondido, Saravia concedió recientemente una entrevista en la que negó que el verdugo del obispo haya sido extranjero. Fue “un fulano, un indio de los de nosotros”, un guardia nacional del que no sabe el nombre, aseguró. “Por ahí anda ese”, remató, anticipando la posible aparición de un chivo expiatorio o “cabeza de turco”. Curiosamente, Saravia dijo que existe “una conspiración” de quienes “no quieren saber quién putas mató a Romero”. ¡Si él lo dice…!
Métodos expeditivos
Un documento secreto de la CIA afirmó taxativamente que el asesino fue un argentino que utilizaba el apellido “Mendoza”. Desclasificado en 1993 con numerosas tachaduras en medio de un lote de 12 mil documentos, se trata de un télex enviado en mayo de 1985 por el jefe de la estación de la CIA (el nombre está tachado, pero el station chief era Donald Winters) en Tegucigalpa a sus jefes en Langley, Virginia. “Se reportó que Mendoza tiene contacto directo con oficiales salvadoreños asignados a la sección G-II (Inteligencia) de la Guardia Nacional y alegan que admitió, de hecho, haber disparado a Romero”, dice el télex.
Un documento secreto de la CIA afirmó taxativamente que el asesino fue un argentino que utilizaba el apellido “Mendoza”. Desclasificado en 1993 con numerosas tachaduras en medio de un lote de 12 mil documentos, se trata de un télex enviado en mayo de 1985 por el jefe de la estación de la CIA (el nombre está tachado, pero el station chief era Donald Winters) en Tegucigalpa a sus jefes en Langley, Virginia. “Se reportó que Mendoza tiene contacto directo con oficiales salvadoreños asignados a la sección G-II (Inteligencia) de la Guardia Nacional y alegan que admitió, de hecho, haber disparado a Romero”, dice el télex.
Luego de haberse desempeñado como “asesor” de las guardias nacionales de Guatemala y El Salvador, inmediatamente después de la muerte de Romero RAG se mudó a Tegucigalpa, dónde su nombre se hizo público en febrero de 1988, cuando asesinó a un policía que pretendía detenerlo por haber extorsionado a unos 15 acaudalados médicos a los que había despojado de dinero y bienes transables con el poco sofisticado método de amenazarlos con matar a sus hijos si se negaban a ser desplumados.
RAG mató al subteniente de la Fuerza de Seguridad Pública (Fusep) Jorge H. Moya de dos balazos, pero a su vez fue alcanzado por el occiso. Llevado al hospital quedó registrado como “José Francisco Díaz Mendoza”[1]. Viendo que no estaba grave, los agentes de la Fusep lo condujeron a paradero desconocido. RAG estuvo desaparecido durante dos meses, lapso en el que su esposa española presentó tres habeas corpus, aclaró que RAG y el internado “Mendoza” eran una misma persona y reveló que su marido había sido “agregado militar en El Salvador” comisionado por el Ejército argentino hasta que en 1980 se radicó en Tegucigalpa. A mediados de 1988, quien escribe incluyó a RAG en la lista de “los mercenarios argentinos en Centroamérica” enviados por el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. [2]
Lucha planetaria
Poco después del asesinato de Romero, en mayo de 1980, se realizó a puertas cerradas en el Teatro Libertador General San Martín de Buenos Aires un congreso de la Liga Mundial Anticomunista (LMA), presidido por el general Carlos Guillermo Suárez Mason y financiado generosamente por la CIA. Y a fin de ese mismo mes sesionó en secreto en la ciudad de Guatemalael tercer congreso del "Consejo de Seguridad Interamericana" (CIS), una rama de la LMA, cónclave al que asistió un antiguo jefe de la CIA, Vernon Walters. En ambas reuniones debe haberse celebrado el asesinato de Romero. Según la investigadora estadounidense Terry Karl –acaso la mayor experta internacional en la guerra civil salvadoreña– no hay duda de que su muerte “fue parte del plan de la Liga Anticomunista Mundial”.
Karl también recordó que en 1994 una investigación del New York Times determinó que en los ’80 Robert Gates, asistente ejecutivo del director de la CIA, William J. Casey, se desvivía por esconder las identidades de quienes habían participado en el asesinato de Romero. Posiblemente estuviera muy preocupado por borrar cualquier indicio de participación de la CIA, lo que lo comprometería directamente. En 1980 Gates complotaba activamente (aprovechando la crisis de los rehenes de la embajada de EUA en Teherán) contra el director de la CIA, el almirante Stanfield Turner, quien velaba por la suspensión de los atentados individuales, prohibidos por decisión del presidente Jimmy Carter que había sido refrendada por el Congreso.
Y es que, si bien no hay pruebas de que en 1980 RAG fuese un mercenario de la CIA, está acusado de serlo tres años más tarde, cuando en junio de 1983 habría participado en el asesinato de dos periodistas norteamericanos, el corresponsal de Los Angeles Times Dial Torgeson y Richard Cross, un reportero gráfico free lance que lo acompañaba en su recorrida por los montañosos pueblos de Honduras junto a la frontera con Nicaragua. Ambos fueron asesinados, según denunció el periodista y escritor uruguayo Fernando Butazzoni, por orden de la CIA que buscaba culpar y desprestigiar al sandinista. RAG habría actuado, dijo Butazzoni, en complicidad con un oficial hondureño de apellido “Jolla”, con quién habría adosado una bomba lapa en los bajos del Toyota Corolla que usaban los periodistas.
Joya
Si bien Butazzoni confunde a “Jolla” con el subteniente Moya al que RAG habría de asesinar un lustro más tarde y dio a RAG como desaparecido desde entonces (aunque no se conoce su actual paradero, en 1988, tras aquellos dos meses de desaparición en manos de la Fusep, la detención de RAG fue blanqueado e incluso dio entrevistas periodísticas desde su celda de la Penitenciaria Nacional de Tegucigalpal) el aspecto central de su denuncia no parece desencaminado. Al parecer, Butazzoni accedió a una copia completa del exhaustivo interrogatorio que la inteligencia sandinista (y especialmente Enrique Gorriarán Merlo) le hizo al oficial del Ejército argentino “Héctor Francés García”, secuestrado en San José de Costa Rica en 1982., quién habría deschavado tanto la existencia de “Mendoza” como sus vínculos con la CIA.
Por cierto, la hipótesis de que la CIA haya estado detrás de las muertes de Torgeson y Cross coincide con los recuerdos de la viuda del primero, Lynda Schuster –entonces corresponsal del Wall Street Journal en Honduras–- que narró cómo los analistas militares a quienes les enseñó las fotografías del Toyota destrozado y los cuerpos mutilados de su marido y Cross sobresaliendo del vehículo opinaron unánimemente que las cargas explosivas utilizadas eran de un tipo que solamente las tenían los Contras apoyados por Estados Unidos.[3]
Por otra parte, el “Jolla” que aparece involucrado en los asesinatos de Torgeson y Cross parece haber sido Fernando “Billy” Joya Améndola, un ícono de los golpistas que expulsaron al presidente constitucional, Manuel Zelaya. Billy Joya era en 1983 uno de los principales agentes del Batallón 3-16, responsable de centenares de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones. Ese batallón fue creado en 1982 en base a la rama de inteligencia de la Fusep y RAG habría sido uno de sus instructores. Ya aquél año, Billy Joya encabezó la detención de seis estudiantes, cuatro de los cuales siguen desaparecidos. Poco después creó dos escuadras de sicarios llamadas “Lince” y “Cobra”. Fanático anticomunista, le encanta aparecer por TV y el presidente golpista, Roberto Micheletti, lo nombró “ministro asesor” en Seguridad.
Último momento
La cineasta hondureña Katia Lara, autora del documental "Quién dijo miedo", denunció el 7 de junio en el curso de una entrevista que le hizo la agencia Efe en Buenos Aires, la íntima relación de los militares que participaron del golpe de Estado contra Manuel Zelaya con la represión desatada en Honduras en los años '80. Lara citó como ejemplo el caso del ex capitán del Ejército Billy Joya, asociado a los "escuadrones de la muerte" que hicieron desaparecer a 184 personas entre 1980 y 1989, quien fuera nombrado asesor de seguridad por el presidente golpista, Roberto Micheletti.
Por su parte, Tirza Flores, uno de los cuatro jueces miembros de la Asociación de Jueces por la Democracia (AJD, creada en 2006) que fueron removidos de sus cargos manu militari por el ilegítimo gobierno de Porfirio Lobo al cumplirse días atrás el primer aniversario del golpe, aseguró unos días después que Joya sigue dirigiendo la represión tras los bastidores, tal como hacía sin tapujos con Micheletti. "Ahora, desde la sombra, dirige otra vez la represión, planifica los asesinatos selectivos y reorganiza el aparato militar", dijo Flores.
Tras recordar que el Batallón 316 se conformó oficialmente para perseguir a los hondureños que proveían de armas a las guerrillas de El Salvador, pero que muy pronto se reconfiguró como un "escuadrón de la muerte" que asesinó a decenas de activistas de izquierdas durante la presidencia de Roberto Suazo Córdova (1982-1986), Lara puntualizó que el actual jefe del Estado Mayor Conjunto de Honduras, el general Romeo Vásquez Velásquez, era un miembro muy activo del dicho Batallón.
"Los militares utilizan hoy las mismas estrategias que utilizaron en los ochenta para desarticular a la resistencia. Hay censura, desapariciones, asesinatos y detenciones ilegales de activistas", deploró la cineasta, quién vive como refugiada política en Argentina desde diciembre.
[1] El nombre no coincide con el del télex de la CIA (que señala a un tal Emilio Antonio Mendoza, oficial del Ejército argentino) más que en el apellido, pero altas fuentes del gobierno argentino manifestaron su creencia de que las diferencias se deben a que las fuentes de la CIA eran orales e imprecisas. Por cierto, el “Mendoza” que se jactaba de haber matado a monseñor Romero, informó el télex, también decía haber sido enviado a Centroamérica por el general Roberto Eduardo Viola, quien hasta 1980 fue jefe del Estado Mayor del Ejército y que en 1981 reemplazó a Videla como presidente de facto.
[2] Ver “Operación Bananas”, en El Porteño de agosto de 1988 (págs.32 a 38), segunda de tres notas sobre “Los mercenarios argentinos” en Centroamérica.
[3] Schuster hizo esta revelación en Lima y en 1997, donde era la esposa del embajador de los EUA, Dennis Jett.
sábado 26 de junio de 2010
Ese muchacho
Julio Enzo “Rulo” Panebianco, el sobrino político por el que Mirtha no pidió.
La historia de Cómplices del silencio transcurre en Buenos Aires durante el Mundial de fútbol de 1978. El cronista salió de su avant-premiere, con la emoción a flor de piel y un entripado: no le cerraba la liberación de la guerrillera detenida-desaparecida (Florencia Raggi) por su captor, Pablo Pere (Juan Leyrado), un alto funcionario del Ministerio del Interior de la dictadura.
En el film, Pere la libera a pedido de Maurizio (Alessio Boni), un periodista italiano que había venido a cubrir el torneo, que se enamoró de la guerrillera y que a causa de esa relación resultó, como ella, secuestrado y ferozmente torturado. Gracias a la intervención de la embajada de su país, en lugar de ser asesinado y arrojado al mar como alimento de los peces, Maurizio es llevado en auto hasta Ezeiza y puesto en el primer avión con rumbo al aeropuerto romano de Fiumicino. Antes de subir al auto, el maltrecho periodista pide y obtiene que también a ella la dejen salir de ese infierno. "Ningún represor real hubiera accedido a un pedido semejante hecho por un simple periodista que acababa de zafar de la muerte, por más italiano que fuera", se decía el cronista (y menos sí, como Ana, había matado a uno de los militares que la perseguían).
Sin embargo, tan pronto llegó a su casa, el cronista se topó con la evidencia de que había personas con la ascendencia suficiente sobre los dictadores como para conseguir libertades semejantes. Viendo 678 se enteró de lo que había ocurrido poco después del mediodía: Mirtha Legrand había invitado a Raggi y a otra actriz de la película, Patricia Viggiano, y aprovechado la ocasión para contar, premeditadamente (leyó “machetes” con frases de denuncia a la dictadura que dijo haber visto por entonces pintadas en muros de París) y -destacando que lo decía por primera vez-, que había logrado salvar a una sobrina suya detenida-desaparecida, pidiéndole por ella a “un general de la Nación”, nada menos que a Albano Hardindeguy, ministro del Interior e íntimo de José Alfredo Martínez de Hoz. Puede verse el video aquí.“A mi sobrina la liberaron, a él no. Nunca más supimos de él, nunca más (…) lo torturaron muchísimo. Julio se llamaba. Nunca más supimos de él”, insitió embutida en un sacón de plumones amarillos y poniendo cara de canario Twetty.
“Si no supo, es porque no quiso enterarse. Porque sí que hubo más noticias del muchacho“, dice, enfatizando la palabra, Julieta, la hija del desaparecido, en una pizzería de Barracas. Julieta se llama así en honor a su padre, Julio Enzo Panebianco, de 22 años, a quien sus amigos llamaban Rulo. Julio Panebiaco fue secuestrado junto a su esposa y madre de Julieta, María Fernanda Martínez Suárez, el miércoles 2 de marzo de 1977 a la noche en un departamento de la calle Malabia (hoy República Árabe Siria) casi Arenales, frente al Jardín Botánico, y ambos fueron conducidos al centro clandestino de detención conocido como “Club Atlético” (Mirtha dijo al aire que su sobrina creía haber estado en una unidad militar de Palermo), una dependencia de la Policía Federal ubicada en Paseo Colón entre San Juan y Cochabamba. Su madre fue liberada el viernes. Dos semanas después, Julio fue asesinado. Sus captores lo condujeron junto a otros tres desaparecidos, dos muchachas (Elena Kalaidjian y Ana Teresa del Valle Aguilar) y un hombre (Norberto Gómez) a la calle Labardén al 300, cerca de la cancha de Huracán, los metieron en un Citröen 3 CV amarillo de otro desaparecido (Luis Alberto Fuentes) y los ametrallaron a todos, metiéndole a Julio/Rulo varios balazos en la cabeza. Como lo hicieron pasar por un supuesto “enfrentamiento”, se labraron las correspondientes actuaciones en la seccional. Estas actas detallan al personal policial que habría participado del supuesto “tiroteo”, entre el que se encuentra “el auxiliar de inteligencia Rogelio Guastavino”, alías de Raúl Guglielminetti. Los cuerpos fueron sepultados cono N.N. en el cementerio de la Chacarita, donde todos fueron ubicados e identificados excepto el de Julio. Hace seis años, parecía habérselo ubicado y se exhumó un esqueleto ante la mirada del cronista, pero tiempo después el equipo de Antropología Forense informó que no era el suyo.
Julieta, tras destacar que el comentario nada casual de Mirtha se produjo a 33 años de aquellos asesinatos y en vísperas de que estalle “una bola de mierda” cuando se averigüe y dé a conocer la identidad de los progenitores de los niños apropiados por Ernestina Herrera de Noble, dice que no quiere siquiera detenerse a pensar si lo que dice el cronista (que Mirtha podía haberle salvado la vida a su papá, que como mínimo podría haber conseguido que Hardindeguy legalizara su detención) es cierto o no, y que no ha dado ni piensa dar entrevistas porque quiere preservar de disgustos a sus abuelos, “Chofo” (Félix Panebianco, 90 años) y “el abuelo Pepe que fue muy valiente en aquellas épocas”. Se refiere al cineasta José Martínez Suárez, de 85 años, sufrido hermano de Mirtha y de su gemela Silvia, que se casó con un militar. Martínez Suárez es el director del Festival de Cine de Mar del Plata e impulsó en todo lo que pudo la factura del emotivo documental Padres de la Plaza, de Joaquín Daglio, que narra la historia de diez padres de desaparecidos que secundaron a las Madres de Plaza de Mayo, presentado en su última edición. Uno de estos padres recuerda que en un encuentro fortuito durante un vuelo a Córdoba con el mismo almirante Massera con el que Mirtha Legrand seguía confraternizando con posterioridad al secuestro de su sobrina y su marido, le dijo, en el summum del cinismo, que “Los chicos (por los desaparecidos) en algún lugar están y en algún momento los devolveremos”.
Tal como Julieta adelantó, el comentario de Mirtha tuvo un considerable impacto en las familias materna y paterna. Apenas se produjo, ese mismo jueves, Silvia, la hermana mayor de Julio le envió de motu proprio al cronista (que fue amigo y compañero de militancia de aquél) un e-mail pidiéndole ayuda para escribir su perfil biográfico. Sin embargo, tras infinitas vueltas y vacilaciones a lo largo de toda una semana, terminó negándose a aportar la menor información, ni siquiera dónde cursó Julio la primaria. “No quiero que se publique nada. Si querés, decí que me volví loca”, fue lo único que atinó a decir a modo de explicación.
Es un comportamiento insólito puesto que no hay nada misterioso en la biografía de Julio/Rulo: criado en Lomas de Zamora, cursó estudios secundarios incompletos en el Nacional de Temperley donde se hizo amigo entrañable de Alberto “Lito” Chiapollini, quien fuera secuestrado por una patota de la Armada cinco días antes que él y su mujer. Para entonces, Chiapollini ya había muerto en la Esma (según dijo uno de los marinos, se suicidó bebiendo agua de un inodoro después de una sesión de picana eléctrica). Rulo y Lito comenzaron a militar en la JP en la Circunscripción 13 (Montserrat) en 1972, siendo su primer responsable Enrique “Keny” Berroeta, también conocido como “Polo” cuyos rastros se perdieron en la Esma cuando tenía 23 años y cuatro hijos. Otro miembro de aquél ámbito fue Claudia García Iruretagoyena, futura esposa de Marcelo Gelman, cuyos restos todavía son buscados en Uruguay. Rulo militó luego en la JP de la Circunscripción 12 (San Telmo) y más tarde, brevemente en la UES (mientras trataba de terminar el secundario en un colegio de Constitución, probablemente el Nacional 1, Bernardino Rivadavia) y por último en la JTP de la DGI, donde trabajaba. Conoció a María Fernanda en casa de la Negra Alicia País (muerta de un ataque de asma en la cárcel de Villa Devoto a fines de 1977) en Parque Lezama.
Es un comportamiento insólito puesto que no hay nada misterioso en la biografía de Julio/Rulo: criado en Lomas de Zamora, cursó estudios secundarios incompletos en el Nacional de Temperley donde se hizo amigo entrañable de Alberto “Lito” Chiapollini, quien fuera secuestrado por una patota de la Armada cinco días antes que él y su mujer. Para entonces, Chiapollini ya había muerto en la Esma (según dijo uno de los marinos, se suicidó bebiendo agua de un inodoro después de una sesión de picana eléctrica). Rulo y Lito comenzaron a militar en la JP en la Circunscripción 13 (Montserrat) en 1972, siendo su primer responsable Enrique “Keny” Berroeta, también conocido como “Polo” cuyos rastros se perdieron en la Esma cuando tenía 23 años y cuatro hijos. Otro miembro de aquél ámbito fue Claudia García Iruretagoyena, futura esposa de Marcelo Gelman, cuyos restos todavía son buscados en Uruguay. Rulo militó luego en la JP de la Circunscripción 12 (San Telmo) y más tarde, brevemente en la UES (mientras trataba de terminar el secundario en un colegio de Constitución, probablemente el Nacional 1, Bernardino Rivadavia) y por último en la JTP de la DGI, donde trabajaba. Conoció a María Fernanda en casa de la Negra Alicia País (muerta de un ataque de asma en la cárcel de Villa Devoto a fines de 1977) en Parque Lezama.
Alicia era la esposa de Enrique “Quique” Juárez, jefe nacional de la JTP y de la Columna Norte de Montoneros desaparecido a fines de 1976. Ambos estaban relacionados con el mundo del cine en el que Alicia y María Fernanda se habían conocido y hecho amigas. Más información sobre Julio/Rulo puede encontrarse aquí, debajo del título “Pajarraco de la 13 dijo”. En síntesis: Julio Panebianco era un joven optimista, valiente, gracioso y desparpajado, que creía tan sinceramente como el Che en la revolución: Un arquetipo de su generación.
Mambembe, por Chico Buarque y Roberta Sá
Qué lindo canta esta chica. Y qué grande Chico. Que de Chico ya no tiene nada. Mi padre me trasmitió su pasión por sus canciones a partir de "La Banda" en los '60.
martes 22 de junio de 2010
Maradona divide aguas
Por Pablo Llonto (periodista y abogado querellante contra Ernestina Herrera de Noble del Grupo Clarin), para la revista Un Caño.
Deben ser los gorilas, deben ser...
Basta pronunciar el nombre de Maradona, aguardar unos segundos y, en un instante, se podrá comprobar de qué lado del país se encuentra el interlocutor.
Estamos lejos de aquel momento de proclamas unánimes, cuando todos decíamos que Dios era argentino y vestía una camiseta celeste y blanca con un tierno diez en la espalda. Hoy, los mortales de estas tierras se dividen, como en los cincuenta, entre gorilas y maradonianos. texto secundario
El nuevo gorila Siglo XXI, sórdido y estrafalario, tiene afectos campestres. Entre los chanchos y los cardos, sintoniza temprano a Magdalena Ruiz Guiñazú en Radio Continental. Luego cambia de emisora y lee los editoriales de La Nación o se entristece con las malas noticias de la revista Noticias.
De sus gustos futbolísticos se sabe poco: a veces se reconoce hincha de Boca, o mejor dicho plateísta de Boca; es admirador de Los Pumas, y es imposible que por el servicio Premium de su Direct TV observe algún encuentro del ascenso. Se molestó, y bastante, cuando Diego hizo una precisa mención de hacia dónde debía dirigir sus labios el periodista Passman.
En apretada síntesis, odia al gobierno, odia a los piqueteros, odia a Chávez y odia a Maradona. Por supuesto, si alguien le pregunta si ha leído alguna vez la revista Un Caño, inmediatamente desenfunda.
Indudablemente, el nuevo gorila quedó horrorizado cuando Maradona formó parte del acto en que Cristina terminaba con el monopolio del fútbol. Momento, advierto un error: en el lenguaje de estos hombres y mujeres (porque las gorilas son mayoría, valdría acotar), el nombre Cristina no existe. Ha sido reemplazado por “la yegua”. Entonces, cuando “la yegua” estaba al lado del Diego, los gorilas le juraron al Diez muerte occidental y católica. Se sintieron como Arnaldo Pérez Manija, la notable creación de Capusotto en "¿Hasta cuándo?", y faltó que gritasen “¡Señor Maradona, renuncie! ¡Señor Maradona, montonero!”.
El próximo destino de esta gente, tan peluda y tan paqueta, es un junio con las maldiciones en la carne. Gritarán para que Maradona pierda, se enferme o se desnuque al bajar una escalera en Pretoria. Por ende, sus tres deseos al apagar las velitas son: que la Selección fracase, o que si pasa de ronda le toque Brasil, o que en la final la mano de Blatter la condene con un árbitro que tenga las mismas deficiencias que Codesal en 1990.
Por estos días leen con mucha atención los titulares de Clarín y esperan que Wiñazky le escriba a Roa un editorial reflexivo que arroje la siguiente conclusión: “el país no puede seguir rumbo al chavismo futbolístico”.
¿Y que hay de los maradonianos? Pues que andan también intolerantes. Acuden a todas las macumbas posibles para lograr que los enemigos de Diego sufran algún trastorno tan malo como el que le desean a Cobos. A diferencia de la unidad gorila, hay maradonianos de diversos clanes. La primera mayoría, por llamarla de alguna manera, se proclama peronista. Esencialmente frentevictoriana.
Un dato menor, y medianamente comprobable, los lleva a pensar que el Diego pertenece a la izquierda peronista. Se trata de la observación de los tatuajes que aún habitan la epidermis más idolatrada. Allí están los rostros del Che Guevara y de Fidel, como para que nadie dude.
Poco saben del peronismo de Maradona. Quizás guardan en sus memorias la imagen soñada, de abril de 2008, cuando Diego se afilió al PJ. O el terapéutico recuerdo de que alguna vez leyeron que Don Diego, el padre, era peronista. Todo ello les alcanza para creer que el mejor regalo para el Bicentenario, para los pueblos morochos y para la Rosada será verlo nuevamente con la misma Copa, con la misma sonrisa, pero esta vez con una recepción en la casa Rosada junto al matrimonio K.
Las segundas y terceras y cuartas minorías argumentan muy seguido sentencias revolucionarias. Son algo así como adeptos, nada fanáticos, de algunas medidas presidenciales. Miraron con cierta simpatía los festejos del Bicentenario y ahora aguardan que una Selección que tiene como entrenador a un líder histórico, anti-Clarín, anti-Videla y anti-Torneos y Competencias, brinde la alegría a un pueblo que debe ponerle freno al avance derechoso del trío Iglesia, campo, banqueros.
Los gorilas y maradonianos se repartirán asimétricamente cuando se inicien las transmisiones desde los estadios sudafricanos. La línea divisoria pondrá de este lado a muchos más de los que somos. En los bares, en las pantallas gigantes y hasta en los sillones de los domicilios particulares de miles de argentinos se podrá ver a las dos facciones, disimuladamente abrazadas. Y si bien es cierto que Messi obrará como “prenda de unidad”, no podemos dejar de advertir que el gorilismo resuelve, en estos momentos y sobre un papel, cuál será el afiche anti-K y anti-Maradona que manos anónimas pegarán sobre las paredes el 13 de julio.
Probablemente, durante el Mundial los gorilas sufrirán ciertos retorcijones en el estómago. En especial cuando observen tribunas negras, de mayorías negras. Tendrán siempre el mal chiste a mano. Probablemente, durante el Mundial, los maradonianos, agrupados en sus diversas etnias, intentarán corear el “Diegooooo / Diegooooo” que sepulte cualquier predisposición opositora de esos días.
Los primeros, qué duda cabe, esperan más la derrota de Diego Armando que la derrota celeste y blanca. Verlo a Diego llorando será para ellos el fin de uno de los símbolos de un gobierno que consideran montonero, setentista y maradoniano. Ya hay murmullos en las tendenciosas cabezas de Lilita Carrió, Gil Lavedra, Cletísimo Cobos y un tal Ernesto Sanz, cuyas noches transcurren en la búsqueda de una originalidad para cuando le pongan el micrófono. Si una vez Sanz fue capaz de predicar que la Asignación por Hijo se iba en “bingo y paco”, también lo podrá ser para plagiar slogans merecedores de un almirante: “Nos fue mal por culpa de ese negro villero”.
Los sueños de los otros, en cambio, incluyen la sabrosa imagen de ver sobre las multitudes a un personaje que ya alzó la Copa, alzarla de nuevo.
A ese sueño, le agregaremos una revancha, un dato sencillo de la realidad que define nuestra forma de ver la historia por medio de sus hechos simples: otra vez, el héroe será argentino y será barbado.
domingo 20 de junio de 2010
AMIA: Las acusaciones contra Irán no resisten el menor análisis
No hay la menor prueba de que Irán haya tenido algo que ver con los atentados contra la embajada de Israel ni la AMIA. Lo que si hubo en ambos, y desde un primer momento, fueron burdos intentos de involucrar a Irán efectuados por los mismos que se dedicaron a manipular las supuestas camionetas-bomba. Si uno, en lugar de tratar de identificarlos y detenerlos, se pone a creerles a los asesinos...
Por suerte, aunque se mostraron muy interesados en culpar a Irán, los asesinos fueron muy zafios. Y es por ello que nadie menciona el anónimo que dejaron en una iglesia protestante inmediatamente después del bombazo en la Embajada de Israel, ni el hotel donde dijo domiciliarse quien dejó la supuesta Trafic-bomba en un estacionamiento próximo a la AMIA. Y es que ambas maniobras dan vergüenza ajena.Al igual que las falsas acusaciones contra el comisario Juan José Ribelli y su grupo de policías-delincuentes, las acusaciones contra Irán fueron elaboradas y erigidas trabajosamente -como es fácil comprobar- con la complicidad de Clarín y La Nación y son tan falsas como aquellas.
La única pista que involucraba a un iraní (no necesariamente al gobierno de Teherán) con el atentado a la Embajada de Israel, fue aportada por una antigua soldado israelí, Dalila Dujovne, y jamás fue seguida, ya fuera porque el iraní era un agente provocador o porque el testimonio de aquella dejaba claro que en la embajada de Israel no había medidas de seguridad que pudieran evitar la fácil introducción de explosivos aprovechando que el edificio estaba en refacciones (situación que habría de repetirse en la AMIA dieciséis meses más tarde) o por ambas cosas a la vez.
El fiscal Alberto Nisman es un hombre del incombustible ingeniero Antonio Stiusso, decano de la Secretaría de Inteligencia, quien nunca termina de jubilarse porque garantiza la servidumbre a los dictados de Israel y Estados Unidos con un objetivo excluyente: mantener en pie la falsa acusación contra Irán.
Su “investigación” es tan falsa y amañada como la del ex juez Juan José Galeano (del que Nisman fue estrecho colaborador) pero como dice dedicarse a la “conexión internacional” y en nuestro medio son abrumadora mayoría los supuestos periodistas de investigación que no quieren mirar más allá de sus narices, puede decir casi cualquier cosa sin peligro de ser contradecido. Y quienes señalan la falsedad irreductible de sus planteos y lo llaman “fiscal israelí en comisión” se desacreditan a si mismos al pretender que no hubo ni árabes ni policías argentinos involucrados y postular... que ambos atentados fueron pergeñados y ejecutados exclusivamente por israelíes y judíos sionistas.
Su “investigación” es tan falsa y amañada como la del ex juez Juan José Galeano (del que Nisman fue estrecho colaborador) pero como dice dedicarse a la “conexión internacional” y en nuestro medio son abrumadora mayoría los supuestos periodistas de investigación que no quieren mirar más allá de sus narices, puede decir casi cualquier cosa sin peligro de ser contradecido. Y quienes señalan la falsedad irreductible de sus planteos y lo llaman “fiscal israelí en comisión” se desacreditan a si mismos al pretender que no hubo ni árabes ni policías argentinos involucrados y postular... que ambos atentados fueron pergeñados y ejecutados exclusivamente por israelíes y judíos sionistas.Al acusar a altos funcionarios del gobierno de Irán incluyendo a un ex presidente de gobierno (Akbar Rafsanjani, paradójicamente jefe del ala más proestadounidense del régimen ayatólico) sin la más mínima prueba, la Argentina exhibe un sometimiento formal al poder imperial. El cálculo de los Kirchner es que, con gestos como éste, que tanto satisfacen al Consejo Judío Mundial con sede en Nueva York, Washington no se entrometerá en su relación con Venezuela.
Este cálculo fue correcto durante años, pero en los últimos tiempos se ha angostado hasta volverse intransitable. Brasil lo entendió así y resolvió acudir en auxilio de Irán y su derecho a desarrollar la energía nuclear siempre que sea con fines pacíficos.
Este cálculo fue correcto durante años, pero en los últimos tiempos se ha angostado hasta volverse intransitable. Brasil lo entendió así y resolvió acudir en auxilio de Irán y su derecho a desarrollar la energía nuclear siempre que sea con fines pacíficos.
Fui investigador del atentado a la AMIA contratado por la propia mutual judía desde octubre de 1994 y hasta finalizar 1997. Es con esa autoridad moral que les digo que ni Irán ni el islamismo tuvieron nada que ver con ambos ataques. No pienso aburrirlos: si alguien desea saber por qué, que se ponga en contacto conmigo y se lo explicaré con detalles.
A pesar de ser un firme y hasta fervoroso partidario del Gobierno en casi todas las demás áreas, diciendo y escribiendo cosas como ésta, lo sé, no hago más que cerrarme puertas, así que me llamaré a sosiego. Simplemente quería que supieran que lo de la “probada” participación de Irán en los atentados es bull shit, un bolazo de tamaño lunar, una albóndiga envenenada cuya repetición gobbeliana sólo le facilita las cosas a los extremistas racistas que gobiernan Israel e impulsan el desencadenamiento de un ataque demoledor contra Irán, ataque que muy posiblemente implique utilizar algunas de las más de doscientas cabezas nucleares que poseen.
Un crimen con el que no debemos ser cómplices ni por acción ni por omisión.
Un crimen con el que no debemos ser cómplices ni por acción ni por omisión.
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