viernes 31 de diciembre de 2010
miércoles 29 de diciembre de 2010
Atentado a la AMIA: Que buen Caballero sería si tuviera buen Señor
Roberto Caballero me cae bien. Es un peronista y kirchnerista sincero. Por lo general escribe desde las tripas, y no es para nada propenso a las hipocresias. Pero es director de un diario cuyo propietario es Sergio Szpolsky, que fue tesorero de la AMIA cuando yo investigaba el atentado a la mutual hebrea por encargo inicial de su presidente. Por necesidad, pues, está obligado a adecuar sus dichos al discurso de su patrón en asunto tan peliagudo como el del atentado a la mutual hebrea.
Tengo muy poco que objetar de lo que Caballero escribió. Pero lo que tengo no es menor.
Téngase en cuenta que Caballero se abocó al tema AMIA a mediados de 1997, cuando yo (que había comenzado a investigar en octubre de 1994, cuando Joe Goldman y Jorge Lanata estaban terminando su instant-book, Cortinas de humo) acababa de publicar el libro AMIA. El Atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos (Planeta).
Lo que narra no me extraña en lo más mínimo ya que engarza a la perfección con mi propia experiencia.
Excepto, claro, la siguente frase (atiéndase a lo destacado en amarillo, sobre todo a lo primero):
"A una sentencia tan radical en sus efectos, sólo podía seguir un libro que contara el porqué de las cosas. Había sido el proceso oral y público más largo de la historia nacional. Durante dos años y cuatro meses, 1231 testigos pasaron por el tribunal. Todo para obtener una sola certeza, que ya se tenía a las dos horas de la explosión: existió una camioneta-bomba."
Caballero agrega que según "las proyecciones más conservadoras", el Estado nacional "a través de sus organismos de seguridad e inteligencia, del Poder Judicial, del Servicio Exterior de la Nación y la Comisión Bicameral de Seguimiento" habría gastado "100 millones de dólares para llegar a una conclusión obvia...".
Y por fin comenta: "Cuando pienso que parte de toda esa plata –la suya y también la mía- se malgastó en perseguir periodistas como "el causante", me sale pedir perdón."
Pues bien: lo del coche-bomba es un invento total, echado a rodar en ambos atentados (porque primero fue el de la embajada de Israel, el 17 de marzo de 1992) por los asesinos, y de inmediato por Israel. Cynthia Ottaviano, que está entre los mejores colaboradores de Tiempo Argentino. puede explicárselo en detalle a Caballero en lo que hace a la Amia, ya que fue a ella a quien el incombustible general Zeev Livne escogió para comunicarle que se acababa de encontrar entre los escombros de la Amia no sólo la cabina de la (supuesta) camioneta-bomba, sino también, dentro de ella, los de su chofer suicida. Un bolazo tremebundo, digno del Libro Guiness de los récords.
La existencia o no de la Trafic-bomba es un tema que sería bueno debatirlo públicamente. Otros investigadores, como Gabriel Levinas y Carlos De Nápoli podrían aportar mucho. A mi juicio, es fácil demostrar que en el primer atentado, el de la Embajada, la bomba fue colocada adentro del edificio (que se encontraba en refacciones) y los mismos que la detonaron apuntaron a Irán. ¡Hasta un experto israelí llegado desde Tel Aviv descartó la existencia de un coche-bomba! Y que en el segundo, a la AMIA, no dos horas, sino dos días después, Clarín daba por descartado que pudiera haber sido usado una camioneta-bomba, poniendo la lupa sobre el desfondado volquete que había sido colocado frente a la puerta de la mutual minutos antes. Un diario Clarín, vale recordar, que no era entonces el enemigo. Y que todavía no había cerrado con el Gobierno y el juez Juan José Galeano bancar una versión falsa de los hechos.
Acá va el prólogo que le hizo Caballero a su libro:
Una trama sin inocentes, salvo los 85 muertos y sus familiares
Tengo muy poco que objetar de lo que Caballero escribió. Pero lo que tengo no es menor.
Téngase en cuenta que Caballero se abocó al tema AMIA a mediados de 1997, cuando yo (que había comenzado a investigar en octubre de 1994, cuando Joe Goldman y Jorge Lanata estaban terminando su instant-book, Cortinas de humo) acababa de publicar el libro AMIA. El Atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos (Planeta).
Lo que narra no me extraña en lo más mínimo ya que engarza a la perfección con mi propia experiencia.
Excepto, claro, la siguente frase (atiéndase a lo destacado en amarillo, sobre todo a lo primero):
"A una sentencia tan radical en sus efectos, sólo podía seguir un libro que contara el porqué de las cosas. Había sido el proceso oral y público más largo de la historia nacional. Durante dos años y cuatro meses, 1231 testigos pasaron por el tribunal. Todo para obtener una sola certeza, que ya se tenía a las dos horas de la explosión: existió una camioneta-bomba."
Caballero agrega que según "las proyecciones más conservadoras", el Estado nacional "a través de sus organismos de seguridad e inteligencia, del Poder Judicial, del Servicio Exterior de la Nación y la Comisión Bicameral de Seguimiento" habría gastado "100 millones de dólares para llegar a una conclusión obvia...".
Y por fin comenta: "Cuando pienso que parte de toda esa plata –la suya y también la mía- se malgastó en perseguir periodistas como "el causante", me sale pedir perdón."
Pues bien: lo del coche-bomba es un invento total, echado a rodar en ambos atentados (porque primero fue el de la embajada de Israel, el 17 de marzo de 1992) por los asesinos, y de inmediato por Israel. Cynthia Ottaviano, que está entre los mejores colaboradores de Tiempo Argentino. puede explicárselo en detalle a Caballero en lo que hace a la Amia, ya que fue a ella a quien el incombustible general Zeev Livne escogió para comunicarle que se acababa de encontrar entre los escombros de la Amia no sólo la cabina de la (supuesta) camioneta-bomba, sino también, dentro de ella, los de su chofer suicida. Un bolazo tremebundo, digno del Libro Guiness de los récords.
La existencia o no de la Trafic-bomba es un tema que sería bueno debatirlo públicamente. Otros investigadores, como Gabriel Levinas y Carlos De Nápoli podrían aportar mucho. A mi juicio, es fácil demostrar que en el primer atentado, el de la Embajada, la bomba fue colocada adentro del edificio (que se encontraba en refacciones) y los mismos que la detonaron apuntaron a Irán. ¡Hasta un experto israelí llegado desde Tel Aviv descartó la existencia de un coche-bomba! Y que en el segundo, a la AMIA, no dos horas, sino dos días después, Clarín daba por descartado que pudiera haber sido usado una camioneta-bomba, poniendo la lupa sobre el desfondado volquete que había sido colocado frente a la puerta de la mutual minutos antes. Un diario Clarín, vale recordar, que no era entonces el enemigo. Y que todavía no había cerrado con el Gobierno y el juez Juan José Galeano bancar una versión falsa de los hechos.
Acá va el prólogo que le hizo Caballero a su libro:
Amia, la verdad imposible, de Roberto Caballero y Gustavo Cirelli
Una trama sin inocentes, salvo los 85 muertos y sus familiares
Este libro no iba a existir. Había sellado su suerte un sobre de papel madera, depositado en el buzón de mi casa una mañana de junio de 2003 que recuerdo húmeda, pero sobre todo amarga.
Después de trabajar durante tres años para escribir la biografía del policía de mayor rango detenido por la voladura de la AMIA, ya sentía náuseas: era una historia donde nada era lo que parecía ser.
Los supuestos culpables de la versión oficial eran policías, que admitían ser ladrones pero no terroristas.
Los supuestos investigadores tenían más negocios sucios que los detenidos.
El juez había comprado testimonios con plata del Estado en vez de garantizar el debido proceso.
Había espías que se hacían pasar por empleados judiciales, prófugos refugiados en la casa de un comisario y periodistas detrás de una recompensa.
En fin: se trataba de una trama sin inocentes, salvo los 85 muertos y sus familias doloridas.
Todavía tenía intenciones de narrarla cuando el sobre de papel madera llegó a mis manos. Estaba cerrado. No tenía remitente. Tuve que abrirlo para comprender que ya estaba demasiado metido en esta historia maldita. Más, mucho más de lo que hubiese querido.
Lo primero que vi fue un mapa hecho a mano alzada de mi anterior domicilio. Podían verse las calles que delimitaban la manzana, un local vecino, la puerta de entrada, la identidad del propietario real (yo alquilaba) y la altura exacta de la calle. Además había algo escrito: "Investigaciones efectuadas en el domicilio de…permitieron establecer que en dicho inmueble vive, en el primero y único piso, la familia Caballero. Asimismo, se pudo saber que el señor Caballero se desempeña laboralmente como periodista".
Había más hojas. La que seguía, parecida a un memorandum, estaba originada en una misteriosa "Dirección 34" y estaba dirigida al "Señor 3". Debajo podía leerse el siguiente texto: "Informo al señor subsecretario que el día jueves 17 de julio me reuní con un colaborador, quien me entregó el fax que adjunto, en el que se realiza una crítica a miembros de la Dirección 85…Habida cuenta de que ese mismo día se habló con el Señor 5 sobre el particular de las internas, ésta sería una prueba más de que las mismas pueden estar impulsadas por terceros, ajenos a ambas direcciones, que intentan perjudicar la conducción de esta SIDE. Por gestiones realizadas se logró que esta nota no fuera publicada como un apartado en el tema AMIA. Se investigan los contactos de dicho periodista…". Firmado: "C-1 In 5 Antonio Bousquet. Jefe". El "documento" estaba fechado el 22 de julio de 1997.
Para esa época, "dicho periodista", o sea yo, trabajaba en la sección Policiales del diario La Prensa y también hacía investigaciones para la revista Noticias. Precisamente, abrochada al misterioso documento aparecía una fotocopia de un informe para la revista donde contaba que la causa AMIA estaba destinada al fracaso porque se había convertido en territorio de disputa de dos sectores de la SIDE, uno llamado "Sala Patria" y otro, "Estados Unidos", ambos con conexiones con la Policía Bonaerense, y daba nombres, lugares y relaciones de cada uno de los bandos.
Al parecer, desde aquel informe, que nunca supe muy bien cómo llegó a manos de los espías, me convertí en enemigo de la SIDE, entonces conducida por Hugo Anzorreguy.
El juez había comprado testimonios con plata del Estado en vez de garantizar el debido proceso.
Había espías que se hacían pasar por empleados judiciales, prófugos refugiados en la casa de un comisario y periodistas detrás de una recompensa.
En fin: se trataba de una trama sin inocentes, salvo los 85 muertos y sus familias doloridas.
Todavía tenía intenciones de narrarla cuando el sobre de papel madera llegó a mis manos. Estaba cerrado. No tenía remitente. Tuve que abrirlo para comprender que ya estaba demasiado metido en esta historia maldita. Más, mucho más de lo que hubiese querido.
Lo primero que vi fue un mapa hecho a mano alzada de mi anterior domicilio. Podían verse las calles que delimitaban la manzana, un local vecino, la puerta de entrada, la identidad del propietario real (yo alquilaba) y la altura exacta de la calle. Además había algo escrito: "Investigaciones efectuadas en el domicilio de…permitieron establecer que en dicho inmueble vive, en el primero y único piso, la familia Caballero. Asimismo, se pudo saber que el señor Caballero se desempeña laboralmente como periodista".
Había más hojas. La que seguía, parecida a un memorandum, estaba originada en una misteriosa "Dirección 34" y estaba dirigida al "Señor 3". Debajo podía leerse el siguiente texto: "Informo al señor subsecretario que el día jueves 17 de julio me reuní con un colaborador, quien me entregó el fax que adjunto, en el que se realiza una crítica a miembros de la Dirección 85…Habida cuenta de que ese mismo día se habló con el Señor 5 sobre el particular de las internas, ésta sería una prueba más de que las mismas pueden estar impulsadas por terceros, ajenos a ambas direcciones, que intentan perjudicar la conducción de esta SIDE. Por gestiones realizadas se logró que esta nota no fuera publicada como un apartado en el tema AMIA. Se investigan los contactos de dicho periodista…". Firmado: "C-1 In 5 Antonio Bousquet. Jefe". El "documento" estaba fechado el 22 de julio de 1997.
Para esa época, "dicho periodista", o sea yo, trabajaba en la sección Policiales del diario La Prensa y también hacía investigaciones para la revista Noticias. Precisamente, abrochada al misterioso documento aparecía una fotocopia de un informe para la revista donde contaba que la causa AMIA estaba destinada al fracaso porque se había convertido en territorio de disputa de dos sectores de la SIDE, uno llamado "Sala Patria" y otro, "Estados Unidos", ambos con conexiones con la Policía Bonaerense, y daba nombres, lugares y relaciones de cada uno de los bandos.
Al parecer, desde aquel informe, que nunca supe muy bien cómo llegó a manos de los espías, me convertí en enemigo de la SIDE, entonces conducida por Hugo Anzorreguy.
La investigación de los "contactos" de "dicho periodista", o sea yo, había derivado en la búsqueda de antecedentes personales: mi número de documento, los nombres de mis padres y mi último lugar de votación. En otra hoja, escrito a mano, podía leerse: "Roberto Cabellero (sic), presunto DNI 12.385.742 (errado). Trabajó en el diario La Prensa hasta hace 40/50 días… Desde hace 40 días trabaja en la redacción de la revista Noticias. Actualmente la misma revista publicaría una revista (sic) llamada Impacto y cuyo director sería el hijo del empresario televisivo Alejandro Romay y en la cual el causante integraría el staff".
Ahora era "el causante".
Los espías nacionales son únicos. A diferencia de los ingleses, los rusos o los alemanes, que pueden alardear de actuaciones brillantes, hasta heroicas, los argentinos no tienen un promedio aceptable: son grotescos o trágicos. En aquella esquela, en un reducido texto de apenas trescientos caracteres, había tres errores groseros: el apellido es Caballero, el DNI es otro y Noticias no publicaba Impacto, que era de otra editorial. Pero lo que resulta imperdible de la investigación sobre "el causante" es el burocrático acopio de necedades que bajo el rótulo de "estrictamente secreto y confidencial" se adjuntó el pedido de búsqueda inicial del siempre enigmático "señor Bousquet".
Allí, entre otras cosas, desfilan los antecedentes de todos los periodistas de apellido Caballero del país. Y también los de España.
Ahora era "el causante".
Los espías nacionales son únicos. A diferencia de los ingleses, los rusos o los alemanes, que pueden alardear de actuaciones brillantes, hasta heroicas, los argentinos no tienen un promedio aceptable: son grotescos o trágicos. En aquella esquela, en un reducido texto de apenas trescientos caracteres, había tres errores groseros: el apellido es Caballero, el DNI es otro y Noticias no publicaba Impacto, que era de otra editorial. Pero lo que resulta imperdible de la investigación sobre "el causante" es el burocrático acopio de necedades que bajo el rótulo de "estrictamente secreto y confidencial" se adjuntó el pedido de búsqueda inicial del siempre enigmático "señor Bousquet".
Allí, entre otras cosas, desfilan los antecedentes de todos los periodistas de apellido Caballero del país. Y también los de España.
Con ninguno de ellos hablé jamás por temas profesionales. Nunca me los crucé siquiera en una fiesta de casamiento de alguna prima lejana, o lejanísima, que nos uniera ligeramente en la larga travesía de nuestro apellido. Nada que ver: tampoco somos parientes.
Ahora hasta parece divertido. Contarlo así, de manera irónica, sólo sirve para sacudirse la pesadilla.
Pero confirmar que uno fue víctima de espías a sueldo del Estado produce algo más que escalofríos.
¿Cuántas veces besé a mis hijos y salí de mi casa ignorando que estaba siendo vigilado?
¿Cuántas veces pude haber tropezado con mi perseguidor confundiéndolo con un vecino inofensivo?
Ahora hasta parece divertido. Contarlo así, de manera irónica, sólo sirve para sacudirse la pesadilla.
Pero confirmar que uno fue víctima de espías a sueldo del Estado produce algo más que escalofríos.
¿Cuántas veces besé a mis hijos y salí de mi casa ignorando que estaba siendo vigilado?
¿Cuántas veces pude haber tropezado con mi perseguidor confundiéndolo con un vecino inofensivo?
Le habré dicho "buen día" mientras el tipo anotaba, por ejemplo, cuál era el mejor momento para introducirse a mis espaldas a mi propia casa?
¿Cuántas veces me burlé del mito instalado en todas las redacciones periodísticas que dice que la SIDE escucha nuestros teléfonos todo el tiempo?
Debo confesar que algo sospechaba. Trabajando en La Prensa, en 1996, tuve la sensación de que una "colega", llamada Sandra Lorenzo, que "trabajaba" en la sección Servicios (las casualidades no existen) se ocupaba demasiado de mis notas y mis fuentes. Un día después de ponerla en evidencia ante Jorge Mansur, director del diario, esa chica jamás volvió a pisar la redacción. Ni siquiera renunció. Se fue, sin más. Se esfumó.
Volví a cruzármela cinco años después, tras la purga que el delarruista Fernando de Santibáñes hizo en la SIDE cuando la Alianza tomó el gobierno. Esta vez, la espía llamo a Noticias presentándose ante otro periodista como "arrepentida" del organismo. Mi colega me pidió que lo acompañara a la cita. Me quedé helado al verla. Ella también. Me confesó entonces, en el centro mismo de la Plaza Houssay ("hay que evitar que nos escuchen"), que había estado espiándome durante un largo tiempo y otra sarta de barbaridades. No le creí del todo porque la escena era increíble. Y, al tiempo, hasta me olvidé del asunto, pensando que todo era fruto de mi paranoia estimulada por las alucinaciones de una desequilibrada.
Recién dos años más tarde, con la llegada del sobre de papel madera a mi buzón, confirmé que no se trataba de una locura. Y sucedió algo terrible. De golpe me sentí vulnerable. Violado. Y tuve miedo. Mucho miedo.
Me preguntaba por qué me habían enviado el sobre. Y, además, a mi nueva casa. Sólo podía ensayar conjeturas. Las operaciones de los dos bandos enfrentados de la SIDE confluyeron en una historia oficial amañada que sepultó la verdad de la AMIA. Y pensaba publicar un libro contando todo eso. Era evidente. Me estaban enviando un mensaje.
¿Qué hacer? Estaba el contrato firmado con Sudamericana. En el medio viajé a Bolivia junto con Gloria Rodrigué, su directora editorial, y en una cena ofrecida por el historiador Pacho O´Donell en Vallegrande, ella me preguntó por el libro. ¿Qué libro? Salí de la situación hablando de cualquier otra cosa.
Durante meses pisé la calle mirando hacia ambos lados, tratando de adivinar quiénes eran los perseguidores, pero jamás los descubrí. Hasta que un día pasé del miedo a la náusea. Y de esa repugnancia, sin escalas, a escribir este prólogo.
Fue cuando, diez años después del atentado terrorista más grande de la historia argentina, el tribunal oral anuló todo lo actuado por la propia justicia federal en su etapa preliminar, hasta la foja 8 de un expediente que llegó a tener 172 mil. Decía el fallo:
"Se resuelve:
1. DECLARAR NULO el decreto del 31 de octubre de 1995, obrante a fs. 37.557/37.559, por el que se dispuso instruir la denominada causa "brigadas"…
2. ABSOLVER DE CULPA Y CARGO A CARLOS ALBERTO TELLELDÍN…
3. ABSOLVER DE CULPA Y CARGO A JUAN JOSÉ RIBELLI (…) de las demás condiciones personales obrantes en el exordio, en orden a los delitos de homicidio calificado, lesiones gravísimas, graves y leves agravadas, daños múltiples, privación ilegal de la libertad agravada y extorsión –ambas en grado de tentativa-, falso testimonio agravado, secuestro extorsivo, asociación ilícita y coacción agravada".
¿Cuántas veces me burlé del mito instalado en todas las redacciones periodísticas que dice que la SIDE escucha nuestros teléfonos todo el tiempo?
Debo confesar que algo sospechaba. Trabajando en La Prensa, en 1996, tuve la sensación de que una "colega", llamada Sandra Lorenzo, que "trabajaba" en la sección Servicios (las casualidades no existen) se ocupaba demasiado de mis notas y mis fuentes. Un día después de ponerla en evidencia ante Jorge Mansur, director del diario, esa chica jamás volvió a pisar la redacción. Ni siquiera renunció. Se fue, sin más. Se esfumó.
Volví a cruzármela cinco años después, tras la purga que el delarruista Fernando de Santibáñes hizo en la SIDE cuando la Alianza tomó el gobierno. Esta vez, la espía llamo a Noticias presentándose ante otro periodista como "arrepentida" del organismo. Mi colega me pidió que lo acompañara a la cita. Me quedé helado al verla. Ella también. Me confesó entonces, en el centro mismo de la Plaza Houssay ("hay que evitar que nos escuchen"), que había estado espiándome durante un largo tiempo y otra sarta de barbaridades. No le creí del todo porque la escena era increíble. Y, al tiempo, hasta me olvidé del asunto, pensando que todo era fruto de mi paranoia estimulada por las alucinaciones de una desequilibrada.
Recién dos años más tarde, con la llegada del sobre de papel madera a mi buzón, confirmé que no se trataba de una locura. Y sucedió algo terrible. De golpe me sentí vulnerable. Violado. Y tuve miedo. Mucho miedo.
Me preguntaba por qué me habían enviado el sobre. Y, además, a mi nueva casa. Sólo podía ensayar conjeturas. Las operaciones de los dos bandos enfrentados de la SIDE confluyeron en una historia oficial amañada que sepultó la verdad de la AMIA. Y pensaba publicar un libro contando todo eso. Era evidente. Me estaban enviando un mensaje.
¿Qué hacer? Estaba el contrato firmado con Sudamericana. En el medio viajé a Bolivia junto con Gloria Rodrigué, su directora editorial, y en una cena ofrecida por el historiador Pacho O´Donell en Vallegrande, ella me preguntó por el libro. ¿Qué libro? Salí de la situación hablando de cualquier otra cosa.
Durante meses pisé la calle mirando hacia ambos lados, tratando de adivinar quiénes eran los perseguidores, pero jamás los descubrí. Hasta que un día pasé del miedo a la náusea. Y de esa repugnancia, sin escalas, a escribir este prólogo.
Fue cuando, diez años después del atentado terrorista más grande de la historia argentina, el tribunal oral anuló todo lo actuado por la propia justicia federal en su etapa preliminar, hasta la foja 8 de un expediente que llegó a tener 172 mil. Decía el fallo:
"Se resuelve:
1. DECLARAR NULO el decreto del 31 de octubre de 1995, obrante a fs. 37.557/37.559, por el que se dispuso instruir la denominada causa "brigadas"…
2. ABSOLVER DE CULPA Y CARGO A CARLOS ALBERTO TELLELDÍN…
3. ABSOLVER DE CULPA Y CARGO A JUAN JOSÉ RIBELLI (…) de las demás condiciones personales obrantes en el exordio, en orden a los delitos de homicidio calificado, lesiones gravísimas, graves y leves agravadas, daños múltiples, privación ilegal de la libertad agravada y extorsión –ambas en grado de tentativa-, falso testimonio agravado, secuestro extorsivo, asociación ilícita y coacción agravada".
A una sentencia tan radical en sus efectos, sólo podía seguir un libro que contara el porqué de las cosas. Había sido el proceso oral y público más largo de la historia nacional. Durante dos años y cuatro meses, 1231 testigos pasaron por el tribunal. Todo para obtener una sola certeza, que ya se tenía a las dos horas de la explosión: existió una camioneta-bomba.
Las proyecciones más conservadoras dicen que el Estado nacional (a través de sus organismos de seguridad e inteligencia, del Poder Judicial, del Servicio Exterior de la Nación y la Comisión Bicameral de Seguimiento) gastó 100 millones de dólares para llegar a una conclusión obvia, tardía e inútil.
Cuando pienso que parte de toda esa plata –la suya y también la mía- se malgastó en perseguir periodistas, como "el causante", me sale pedir perdón.
Podría suplantar este párrafo por otro que dijera que la libertad de expresión es un derecho de la sociedad, que los periodistas estamos obligados a defenderla y debemos denunciar todo tipo de abusos. Conozco multitudes de colegas dispuestos a suscribir estas ideas, pero ya dijo Malraux que "el hombre no se conoce a sí mismo en las palabras, sino cuando es llamado a la acción."
Acá va entonces una introducción que se parece mucho a un exorcismo. No nace de un arranque altruista ni de ningún código moral, apenas de un profundo y genuino sentimiento de repugnancia a los que se burlan de nosotros.
Cuando pienso que parte de toda esa plata –la suya y también la mía- se malgastó en perseguir periodistas, como "el causante", me sale pedir perdón.
Podría suplantar este párrafo por otro que dijera que la libertad de expresión es un derecho de la sociedad, que los periodistas estamos obligados a defenderla y debemos denunciar todo tipo de abusos. Conozco multitudes de colegas dispuestos a suscribir estas ideas, pero ya dijo Malraux que "el hombre no se conoce a sí mismo en las palabras, sino cuando es llamado a la acción."
Acá va entonces una introducción que se parece mucho a un exorcismo. No nace de un arranque altruista ni de ningún código moral, apenas de un profundo y genuino sentimiento de repugnancia a los que se burlan de nosotros.
Junto con Gustavo Cirelli, un talentoso profesional, nos pusimos a trabajar duro para poder terminarlo en fecha. Gustavo fue una persona vital en esta aventura. En el medio de tanto desconcierto aportó, además de su agudo sentido del oficio, algo indestructible e invalorable: su amistad.
Dejando testimonio de una época difícil, acá está, finalmente, la primera parte de AMIA, La verdad imposible.
Roberto Caballero
Buenos Aires, julio de 2005
Dejando testimonio de una época difícil, acá está, finalmente, la primera parte de AMIA, La verdad imposible.
Roberto Caballero
Buenos Aires, julio de 2005
Me cae bien Roberto Caballero. Es un kirchnerista sincero. Por lo general escribe desde las tripas, y no es para nada propenso a las hipocresias. Pero es director de un diario cuyo propietario es Sergio Szpolsky, quien fue tesorero de la AMIA cuando yo investigaba el atentado a la mutual hebrea por encargo inicial de su presidente, Alberto Crupnicoff. Y que, por ende, debe adecuarse a discurso de su patrón en este asunto, el mismo del atentado a la mutual hebrea. Muy poco es lo que tengo que objetar de lo que Caballero escribió. Pero no es menor.
Téngase en cuenta que Caballero se aboca al tema AMIA a mediados de 1997, cuando yo, que había comenzado a investigar en octubre de 1994 (cuando yaa Joe Goldman y Jorge Lanata estaban terminando su instant-book, Cortinas de humo) acababa de publicar el libro AMIA. El Atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos (Planeta).
Lo que cuenta no me extraña en lo más mínimo ya que engarza a la perfección con mi propia experiencia.
Excepto, claro, la siguente frase (atiéndase, sobre todo, a lo destacado en amarillo):
Y por fin comenta: "Cuando pienso que parte de toda esa plata –la suya y también la mía- se malgastó en perseguir periodistas como “el causante”, me sale pedir perdón."
Lo del coche-bomba es un invento total, echado a rodar en ambos atentados (porque primero fue el de la embajada de Israel, el 17 de marzo de 1992) por los asesinos, y de inmediato por Israel. Desafío al compañero Caballero a debatirlo públicamente. Estoy en condiciones de probar que en el primer atentado, el de la Embajada, los mismos que pusieron la bomba apuntaron a Irán, y un experto israelí llegado desde Tel Aviv descartó la existencia de un coche-bomba. Y que en el segundo, a la AMIA, no dos horas, sino dos días después, Clarín había descartado que pudiera haber sido usado una Trafic-bomba y sostenía que evidentemente una bomba había explotado en el volquete que acababa de ponerse frente a la puerta de la AMIA
Acá va el prólogo que le hizo Caballero a su libro:
Una trama sin inocentes, salvo los 85 muertos y sus familiares
Téngase en cuenta que Caballero se aboca al tema AMIA a mediados de 1997, cuando yo, que había comenzado a investigar en octubre de 1994 (cuando yaa Joe Goldman y Jorge Lanata estaban terminando su instant-book, Cortinas de humo) acababa de publicar el libro AMIA. El Atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos (Planeta).
Lo que cuenta no me extraña en lo más mínimo ya que engarza a la perfección con mi propia experiencia.
Excepto, claro, la siguente frase (atiéndase, sobre todo, a lo destacado en amarillo):
"A una sentencia tan radical en sus efectos, sólo podía seguir un libro que contara el porqué de las cosas. Había sido el proceso oral y público más largo de la historia nacional. Durante dos años y cuatro meses, 1231 testigos pasaron por el tribunal. Todo para obtener una sola certeza, que ya se tenía a las dos horas de la explosión: existió una camioneta-bomba."
Luego Caballero informa que según "las proyecciones más conservadoras", el Estado nacional "a través de sus organismos de seguridad e inteligencia, del Poder Judicial, del Servicio Exterior de la Nación y la Comisión Bicameral de Seguimiento" habría gastado "100 millones de dólares para llegar a una conclusión obvia...". Y por fin comenta: "Cuando pienso que parte de toda esa plata –la suya y también la mía- se malgastó en perseguir periodistas como “el causante”, me sale pedir perdón."
Lo del coche-bomba es un invento total, echado a rodar en ambos atentados (porque primero fue el de la embajada de Israel, el 17 de marzo de 1992) por los asesinos, y de inmediato por Israel. Desafío al compañero Caballero a debatirlo públicamente. Estoy en condiciones de probar que en el primer atentado, el de la Embajada, los mismos que pusieron la bomba apuntaron a Irán, y un experto israelí llegado desde Tel Aviv descartó la existencia de un coche-bomba. Y que en el segundo, a la AMIA, no dos horas, sino dos días después, Clarín había descartado que pudiera haber sido usado una Trafic-bomba y sostenía que evidentemente una bomba había explotado en el volquete que acababa de ponerse frente a la puerta de la AMIA
Acá va el prólogo que le hizo Caballero a su libro:
Amia, la verdad imposible, de Rberto Caballero y Gustavo Cirelli
Una trama sin inocentes, salvo los 85 muertos y sus familiares
Este libro no iba a existir. Había sellado su suerte un sobre de papel madera, depositado en el buzón de mi casa una mañana de junio de 2003 que recuerdo húmeda, pero sobre todo amarga.
Después de trabajar durante tres años para escribir la biografía del policía de mayor rango detenido por la voladura de la AMIA, ya sentía náuseas: era una historia donde nada era lo que parecía ser.
Los supuestos culpables de la versión oficial eran policías, que admitían ser ladrones pero no terroristas.
Después de trabajar durante tres años para escribir la biografía del policía de mayor rango detenido por la voladura de la AMIA, ya sentía náuseas: era una historia donde nada era lo que parecía ser.
Los supuestos culpables de la versión oficial eran policías, que admitían ser ladrones pero no terroristas.
Los supuestos investigadores tenían más negocios sucios que los detenidos.
El juez había comprado testimonios con plata del Estado en vez de garantizar el debido proceso.
Había espías que se hacían pasar por empleados judiciales, prófugos refugiados en la casa de un comisario y periodistas detrás de una recompensa.
En fin: se trataba de una trama sin inocentes, salvo los 85 muertos y sus familias doloridas.
Todavía tenía intenciones de narrarla cuando el sobre de papel madera llegó a mis manos. Estaba cerrado. No tenía remitente. Tuve que abrirlo para comprender que ya estaba demasiado metido en esta historia maldita. Más, mucho más de lo que hubiese querido.
Lo primero que vi fue un mapa hecho a mano alzada de mi anterior domicilio. Podían verse las calles que delimitaban la manzana, un local vecino, la puerta de entrada, la identidad del propietario real (yo alquilaba) y la altura exacta de la calle. Además había algo escrito: “Investigaciones efectuadas en el domicilio de…permitieron establecer que en dicho inmueble vive, en el primero y único piso, la familia Caballero. Asimismo, se pudo saber que el señor Caballero se desempeña laboralmente como periodista”.
Había más hojas. La que seguía, parecida a un memorandum, estaba originada en una misteriosa “Dirección 34” y estaba dirigida al “Señor 3”. Debajo podía leerse el siguiente texto: “Informo al señor subsecretario que el día jueves 17 de julio me reuní con un colaborador, quien me entregó el fax que adjunto, en el que se realiza una crítica a miembros de la Dirección 85…Habida cuenta de que ese mismo día se habló con el Señor 5 sobre el particular de las internas, ésta sería una prueba más de que las mismas pueden estar impulsadas por terceros, ajenos a ambas direcciones, que intentan perjudicar la conducción de esta SIDE. Por gestiones realizadas se logró que esta nota no fuera publicada como un apartado en el tema AMIA. Se investigan los contactos de dicho periodista…”. Firmado: “C-1 In 5 Antonio Bousquet. Jefe”. El “documento” estaba fechado el 22 de julio de 1997.
Para esa época, “dicho periodista”, o sea yo, trabajaba en la sección Policiales del diario La Prensa y también hacía investigaciones para la revista Noticias. Precisamente, abrochada al misterioso documento aparecía una fotocopia de un informe para la revista donde contaba que la causa AMIA estaba destinada al fracaso porque se había convertido en territorio de disputa de dos sectores de la SIDE, uno llamado “Sala Patria” y otro, “Estados Unidos”, ambos con conexiones con la Policía Bonaerense, y daba nombres, lugares y relaciones de cada uno de los bandos.
Al parecer, desde aquel informe, que nunca supe muy bien cómo llegó a manos de los espías, me convertí en enemigo de la SIDE, entonces conducida por Hugo Anzorreguy.
El juez había comprado testimonios con plata del Estado en vez de garantizar el debido proceso.
Había espías que se hacían pasar por empleados judiciales, prófugos refugiados en la casa de un comisario y periodistas detrás de una recompensa.
En fin: se trataba de una trama sin inocentes, salvo los 85 muertos y sus familias doloridas.
Todavía tenía intenciones de narrarla cuando el sobre de papel madera llegó a mis manos. Estaba cerrado. No tenía remitente. Tuve que abrirlo para comprender que ya estaba demasiado metido en esta historia maldita. Más, mucho más de lo que hubiese querido.
Lo primero que vi fue un mapa hecho a mano alzada de mi anterior domicilio. Podían verse las calles que delimitaban la manzana, un local vecino, la puerta de entrada, la identidad del propietario real (yo alquilaba) y la altura exacta de la calle. Además había algo escrito: “Investigaciones efectuadas en el domicilio de…permitieron establecer que en dicho inmueble vive, en el primero y único piso, la familia Caballero. Asimismo, se pudo saber que el señor Caballero se desempeña laboralmente como periodista”.
Había más hojas. La que seguía, parecida a un memorandum, estaba originada en una misteriosa “Dirección 34” y estaba dirigida al “Señor 3”. Debajo podía leerse el siguiente texto: “Informo al señor subsecretario que el día jueves 17 de julio me reuní con un colaborador, quien me entregó el fax que adjunto, en el que se realiza una crítica a miembros de la Dirección 85…Habida cuenta de que ese mismo día se habló con el Señor 5 sobre el particular de las internas, ésta sería una prueba más de que las mismas pueden estar impulsadas por terceros, ajenos a ambas direcciones, que intentan perjudicar la conducción de esta SIDE. Por gestiones realizadas se logró que esta nota no fuera publicada como un apartado en el tema AMIA. Se investigan los contactos de dicho periodista…”. Firmado: “C-1 In 5 Antonio Bousquet. Jefe”. El “documento” estaba fechado el 22 de julio de 1997.
Para esa época, “dicho periodista”, o sea yo, trabajaba en la sección Policiales del diario La Prensa y también hacía investigaciones para la revista Noticias. Precisamente, abrochada al misterioso documento aparecía una fotocopia de un informe para la revista donde contaba que la causa AMIA estaba destinada al fracaso porque se había convertido en territorio de disputa de dos sectores de la SIDE, uno llamado “Sala Patria” y otro, “Estados Unidos”, ambos con conexiones con la Policía Bonaerense, y daba nombres, lugares y relaciones de cada uno de los bandos.
Al parecer, desde aquel informe, que nunca supe muy bien cómo llegó a manos de los espías, me convertí en enemigo de la SIDE, entonces conducida por Hugo Anzorreguy.
La investigación de los “contactos” de “dicho periodista”, o sea yo, había derivado en la búsqueda de antecedentes personales: mi número de documento, los nombres de mis padres y mi último lugar de votación. En otra hoja, escrito a mano, podía leerse: “Roberto Cabellero (sic), presunto DNI 12.385.742 (errado). Trabajó en el diario La Prensa hasta hace 40/50 días… Desde hace 40 días trabaja en la redacción de la revista Noticias. Actualmente la misma revista publicaría una revista (sic) llamada Impacto y cuyo director sería el hijo del empresario televisivo Alejandro Romay y en la cual el causante integraría el staff”.
Ahora era “el causante”.
Los espías nacionales son únicos. A diferencia de los ingleses, los rusos o los alemanes, que pueden alardear de actuaciones brillantes, hasta heroicas, los argentinos no tienen un promedio aceptable: son grotescos o trágicos. En aquella esquela, en un reducido texto de apenas trescientos caracteres, había tres errores groseros: el apellido es Caballero, el DNI es otro y Noticias no publicaba Impacto, que era de otra editorial. Pero lo que resulta imperdible de la investigación sobre “el causante” es el burocrático acopio de necedades que bajo el rótulo de “estrictamente secreto y confidencial” se adjuntó el pedido de búsqueda inicial del siempre enigmático “señor Bousquet”.
Allí, entre otras cosas, desfilan los antecedentes de todos los periodistas de apellido Caballero del país. Y también los de España.
Ahora era “el causante”.
Los espías nacionales son únicos. A diferencia de los ingleses, los rusos o los alemanes, que pueden alardear de actuaciones brillantes, hasta heroicas, los argentinos no tienen un promedio aceptable: son grotescos o trágicos. En aquella esquela, en un reducido texto de apenas trescientos caracteres, había tres errores groseros: el apellido es Caballero, el DNI es otro y Noticias no publicaba Impacto, que era de otra editorial. Pero lo que resulta imperdible de la investigación sobre “el causante” es el burocrático acopio de necedades que bajo el rótulo de “estrictamente secreto y confidencial” se adjuntó el pedido de búsqueda inicial del siempre enigmático “señor Bousquet”.
Allí, entre otras cosas, desfilan los antecedentes de todos los periodistas de apellido Caballero del país. Y también los de España.
Con ninguno de ellos hablé jamás por temas profesionales. Nunca me los crucé siquiera en una fiesta de casamiento de alguna prima lejana, o lejanísima, que nos uniera ligeramente en la larga travesía de nuestro apellido. Nada que ver: tampoco somos parientes.
Ahora hasta parece divertido. Contarlo así, de manera irónica, sólo sirve para sacudirse la pesadilla.
Pero confirmar que uno fue víctima de espías a sueldo del Estado produce algo más que escalofríos.
¿Cuántas veces besé a mis hijos y salí de mi casa ignorando que estaba siendo vigilado?
¿Cuántas veces pude haber tropezado con mi perseguidor confundiéndolo con un vecino inofensivo?
Ahora hasta parece divertido. Contarlo así, de manera irónica, sólo sirve para sacudirse la pesadilla.
Pero confirmar que uno fue víctima de espías a sueldo del Estado produce algo más que escalofríos.
¿Cuántas veces besé a mis hijos y salí de mi casa ignorando que estaba siendo vigilado?
¿Cuántas veces pude haber tropezado con mi perseguidor confundiéndolo con un vecino inofensivo?
Le habré dicho “buen día” mientras el tipo anotaba, por ejemplo, cuál era el mejor momento para introducirse a mis espaldas a mi propia casa?
¿Cuántas veces me burlé del mito instalado en todas las redacciones periodísticas que dice que la SIDE escucha nuestros teléfonos todo el tiempo?
Debo confesar que algo sospechaba. Trabajando en La Prensa, en 1996, tuve la sensación de que una “colega”, llamada Sandra Lorenzo, que “trabajaba” en la sección Servicios (las casualidades no existen) se ocupaba demasiado de mis notas y mis fuentes. Un día después de ponerla en evidencia ante Jorge Mansur, director del diario, esa chica jamás volvió a pisar la redacción. Ni siquiera renunció. Se fue, sin más. Se esfumó.
Volví a cruzármela cinco años después, tras la purga que el delarruista Fernando de Santibáñes hizo en la SIDE cuando la Alianza tomó el gobierno. Esta vez, la espía llamo a Noticias presentándose ante otro periodista como “arrepentida” del organismo. Mi colega me pidió que lo acompañara a la cita. Me quedé helado al verla. Ella también. Me confesó entonces, en el centro mismo de la Plaza Houssay (“hay que evitar que nos escuchen”), que había estado espiándome durante un largo tiempo y otra sarta de barbaridades. No le creí del todo porque la escena era increíble. Y, al tiempo, hasta me olvidé del asunto, pensando que todo era fruto de mi paranoia estimulada por las alucinaciones de una desequilibrada.
Recién dos años más tarde, con la llegada del sobre de papel madera a mi buzón, confirmé que no se trataba de una locura. Y sucedió algo terrible. De golpe me sentí vulnerable. Violado. Y tuve miedo. Mucho miedo.
Me preguntaba por qué me habían enviado el sobre. Y, además, a mi nueva casa. Sólo podía ensayar conjeturas. Las operaciones de los dos bandos enfrentados de la SIDE confluyeron en una historia oficial amañada que sepultó la verdad de la AMIA. Y pensaba publicar un libro contando todo eso. Era evidente. Me estaban enviando un mensaje.
¿Qué hacer? Estaba el contrato firmado con Sudamericana. En el medio viajé a Bolivia junto con Gloria Rodrigué, su directora editorial, y en una cena ofrecida por el historiador Pacho O´Donell en Vallegrande, ella me preguntó por el libro. ¿Qué libro? Salí de la situación hablando de cualquier otra cosa.
Durante meses pisé la calle mirando hacia ambos lados, tratando de adivinar quiénes eran los perseguidores, pero jamás los descubrí. Hasta que un día pasé del miedo a la náusea. Y de esa repugnancia, sin escalas, a escribir este prólogo.
Fue cuando, diez años después del atentado terrorista más grande de la historia argentina, el tribunal oral anuló todo lo actuado por la propia justicia federal en su etapa preliminar, hasta la foja 8 de un expediente que llegó a tener 172 mil. Decía el fallo:
“Se resuelve:
1. DECLARAR NULO el decreto del 31 de octubre de 1995, obrante a fs. 37.557/37.559, por el que se dispuso instruir la denominada causa “brigadas”…
2. ABSOLVER DE CULPA Y CARGO A CARLOS ALBERTO TELLELDÍN…
3. ABSOLVER DE CULPA Y CARGO A JUAN JOSÉ RIBELLI (…) de las demás condiciones personales obrantes en el exordio, en orden a los delitos de homicidio calificado, lesiones gravísimas, graves y leves agravadas, daños múltiples, privación ilegal de la libertad agravada y extorsión –ambas en grado de tentativa-, falso testimonio agravado, secuestro extorsivo, asociación ilícita y coacción agravada”.
¿Cuántas veces me burlé del mito instalado en todas las redacciones periodísticas que dice que la SIDE escucha nuestros teléfonos todo el tiempo?
Debo confesar que algo sospechaba. Trabajando en La Prensa, en 1996, tuve la sensación de que una “colega”, llamada Sandra Lorenzo, que “trabajaba” en la sección Servicios (las casualidades no existen) se ocupaba demasiado de mis notas y mis fuentes. Un día después de ponerla en evidencia ante Jorge Mansur, director del diario, esa chica jamás volvió a pisar la redacción. Ni siquiera renunció. Se fue, sin más. Se esfumó.
Volví a cruzármela cinco años después, tras la purga que el delarruista Fernando de Santibáñes hizo en la SIDE cuando la Alianza tomó el gobierno. Esta vez, la espía llamo a Noticias presentándose ante otro periodista como “arrepentida” del organismo. Mi colega me pidió que lo acompañara a la cita. Me quedé helado al verla. Ella también. Me confesó entonces, en el centro mismo de la Plaza Houssay (“hay que evitar que nos escuchen”), que había estado espiándome durante un largo tiempo y otra sarta de barbaridades. No le creí del todo porque la escena era increíble. Y, al tiempo, hasta me olvidé del asunto, pensando que todo era fruto de mi paranoia estimulada por las alucinaciones de una desequilibrada.
Recién dos años más tarde, con la llegada del sobre de papel madera a mi buzón, confirmé que no se trataba de una locura. Y sucedió algo terrible. De golpe me sentí vulnerable. Violado. Y tuve miedo. Mucho miedo.
Me preguntaba por qué me habían enviado el sobre. Y, además, a mi nueva casa. Sólo podía ensayar conjeturas. Las operaciones de los dos bandos enfrentados de la SIDE confluyeron en una historia oficial amañada que sepultó la verdad de la AMIA. Y pensaba publicar un libro contando todo eso. Era evidente. Me estaban enviando un mensaje.
¿Qué hacer? Estaba el contrato firmado con Sudamericana. En el medio viajé a Bolivia junto con Gloria Rodrigué, su directora editorial, y en una cena ofrecida por el historiador Pacho O´Donell en Vallegrande, ella me preguntó por el libro. ¿Qué libro? Salí de la situación hablando de cualquier otra cosa.
Durante meses pisé la calle mirando hacia ambos lados, tratando de adivinar quiénes eran los perseguidores, pero jamás los descubrí. Hasta que un día pasé del miedo a la náusea. Y de esa repugnancia, sin escalas, a escribir este prólogo.
Fue cuando, diez años después del atentado terrorista más grande de la historia argentina, el tribunal oral anuló todo lo actuado por la propia justicia federal en su etapa preliminar, hasta la foja 8 de un expediente que llegó a tener 172 mil. Decía el fallo:
“Se resuelve:
1. DECLARAR NULO el decreto del 31 de octubre de 1995, obrante a fs. 37.557/37.559, por el que se dispuso instruir la denominada causa “brigadas”…
2. ABSOLVER DE CULPA Y CARGO A CARLOS ALBERTO TELLELDÍN…
3. ABSOLVER DE CULPA Y CARGO A JUAN JOSÉ RIBELLI (…) de las demás condiciones personales obrantes en el exordio, en orden a los delitos de homicidio calificado, lesiones gravísimas, graves y leves agravadas, daños múltiples, privación ilegal de la libertad agravada y extorsión –ambas en grado de tentativa-, falso testimonio agravado, secuestro extorsivo, asociación ilícita y coacción agravada”.
A una sentencia tan radical en sus efectos, sólo podía seguir un libro que contara el porqué de las cosas. Había sido el proceso oral y público más largo de la historia nacional. Durante dos años y cuatro meses, 1231 testigos pasaron por el tribunal. Todo para obtener una sola certeza, que ya se tenía a las dos horas de la explosión: existió una camioneta-bomba.
Las proyecciones más conservadoras dicen que el Estado nacional (a través de sus organismos de seguridad e inteligencia, del Poder Judicial, del Servicio Exterior de la Nación y la Comisión Bicameral de Seguimiento) gastó 100 millones de dólares para llegar a una conclusión obvia, tardía e inútil.
Cuando pienso que parte de toda esa plata –la suya y también la mía- se malgastó en perseguir periodistas, como “el causante”, me sale pedir perdón.
Podría suplantar este párrafo por otro que dijera que la libertad de expresión es un derecho de la sociedad, que los periodistas estamos obligados a defenderla y debemos denunciar todo tipo de abusos. Conozco multitudes de colegas dispuestos a suscribir estas ideas, pero ya dijo Malraux que “el hombre no se conoce a sí mismo en las palabras, sino cuando es llamado a la acción.”
Acá va entonces una introducción que se parece mucho a un exorcismo. No nace de un arranque altruista ni de ningún código moral, apenas de un profundo y genuino sentimiento de repugnancia a los que se burlan de nosotros.
Cuando pienso que parte de toda esa plata –la suya y también la mía- se malgastó en perseguir periodistas, como “el causante”, me sale pedir perdón.
Podría suplantar este párrafo por otro que dijera que la libertad de expresión es un derecho de la sociedad, que los periodistas estamos obligados a defenderla y debemos denunciar todo tipo de abusos. Conozco multitudes de colegas dispuestos a suscribir estas ideas, pero ya dijo Malraux que “el hombre no se conoce a sí mismo en las palabras, sino cuando es llamado a la acción.”
Acá va entonces una introducción que se parece mucho a un exorcismo. No nace de un arranque altruista ni de ningún código moral, apenas de un profundo y genuino sentimiento de repugnancia a los que se burlan de nosotros.
Junto con Gustavo Cirelli, un talentoso profesional, nos pusimos a trabajar duro para poder terminarlo en fecha. Gustavo fue una persona vital en esta aventura. En el medio de tanto desconcierto aportó, además de su agudo sentido del oficio, algo indestructible e invalorable: su amistad.
Dejando testimonio de una época difícil, acá está, finalmente, la primera parte de AMIA, La verdad imposible.
Roberto Caballero
Buenos Aires, julio de 2005
Dejando testimonio de una época difícil, acá está, finalmente, la primera parte de AMIA, La verdad imposible.
Roberto Caballero
Buenos Aires, julio de 2005
¿No estará en curso otro golpe mediático más desgastador que destituyente?
Me llegó a través de la lista de COPLA y me parece pertinente. Yo también creo que a las respuestas del Gobierno les falta cuando menos velocidad. No estoy de acuerdo con la hipótesis conspiranoica. Basta con que las condiciones objetivas y las subjetivas coincidan, aunque sea por la confluencia de los intereses del Grupo Clarín y el PO.
Por favor, entiéndase: no estoy pensado en contactos entre Altamira y Magnetto. Con el resto alcanza y sobra. Y le reprocho al autor que llame a una caza de brujas criptoduhaldistas infiltrados en las huestes kirchneristas. Peor que el duhaldismo fue el menemismo. Y nadie persigue a los menemistas reconvertidos en menemistas.
Pero como el autor, percibo que está en marcha una maniobra desestabilizadora no menor al affaire Redrado (que nos tuvo en vilo gran mparte del verano) y acaso tan profunda como la ensayada a propóposito de la 125. Y que el Gobierno reacciona con muuuuuuuuuuucha lentitud.
Por Gabriel Marcelo Wainstein
A las 22.40 del martes 28 de diciembre el panorama en mi barrio, Flores Sur, es alarmante. Una gran cantidad de cortes de calles y vecinos protestando por los cortes de luz. En mi casa hay electricidad, pero a un par de cuadras empieza la oscuridad. No es poca cosa. Mi viejo, por ejemplo, ya lleva 30 horas sin luz, y una gran parte de mi barrio y el contiguo, Parque Avellaneda, están en la misma situación. En un momento en el que está en ejecución una maniobra desestabilizadora del duhaldismo en múltiple frentes, esto no parece ser un hecho casual. Más allá del gran consumo de energía por la ola de calor, la demora excesiva en solucionar los problemas parece ser una contribución más a los planes de los enemigos de nuestro gobierno. Este tipo de demoras suelen darse luego de una tormenta, cuando las cámaras están inundadas, pero no cuando hay buen tiempo (si a esta ola de calor se la puede llamar buen tiempo).
Pero lo más alarmante es el silencio oficial. ¿Qué tendría que hacer el gobierno en este momento? Poner en acción todas las sanciones posibles contra las distribuidoras de energía, hacer un seguimiento estricto de las reparaciones y comunicar con claridad a la población la responsabilidad que tienen las empresas distribuidoras en este problema.
Muy lejos de eso, nos encontramos con el silencio. Las únicas declaraciones que escuché en la radio minimizan el problema. ¿Cual puede ser la reacción de los vecinos que llevan más de un día sin luz cuando escuchan al funcionario del estado diciendo que sólo hay inconvenientes menores? La que hoy veo de mi barrio, salir a cortar la calle y protestar. En algunas esquinas se han armado incluso una especie de barricadas. La pregunta es: ¿Es este un hecho casual que se pueda atribuir a la torpeza, estupidez o falta de sensibilidad del funcionario que hace esas declaraciones o hay otra cosa?
¿Y cuál es esa otra cosa? ¿No será que tenemos dentro del aparato estatal y en algunas instancias de gobierno a funcionarios cómplices del duhaldismo? ¿No será esta su contribución voluntaria a las maniobras desestabilizadoras? ¡Se non è vero, è ben trovato! No cabe duda de que con esto se apunta a licuar el capital político logrado por nuestro gobierno nacional y popular.
He escuchado relatos de compañeros que viven en la zona Norte que, aún después de la muerte de Néstor, escuchaban expresiones gorilas en sus barrios. Aquí, en el sudoeste de la ciudad, a veinte cuadras del Indoamericano, el clima es otro. El gorilismo no es mayoritario, pero la ausencia del gobierno ante este problema nos juega absolutamente en contra. A riesgo de ser reiterativo insisto en que no creo que haya nada casual en el silencio de quienes están a cargo del tema, parece ser una manera de ensuciar al gobierno de la compañera Cristina y es nuestro deber militante desenmascararlos.
Por favor, entiéndase: no estoy pensado en contactos entre Altamira y Magnetto. Con el resto alcanza y sobra. Y le reprocho al autor que llame a una caza de brujas criptoduhaldistas infiltrados en las huestes kirchneristas. Peor que el duhaldismo fue el menemismo. Y nadie persigue a los menemistas reconvertidos en menemistas.
Pero como el autor, percibo que está en marcha una maniobra desestabilizadora no menor al affaire Redrado (que nos tuvo en vilo gran mparte del verano) y acaso tan profunda como la ensayada a propóposito de la 125. Y que el Gobierno reacciona con muuuuuuuuuuucha lentitud.
No parece ser un hecho casual
Por Gabriel Marcelo Wainstein
A las 22.40 del martes 28 de diciembre el panorama en mi barrio, Flores Sur, es alarmante. Una gran cantidad de cortes de calles y vecinos protestando por los cortes de luz. En mi casa hay electricidad, pero a un par de cuadras empieza la oscuridad. No es poca cosa. Mi viejo, por ejemplo, ya lleva 30 horas sin luz, y una gran parte de mi barrio y el contiguo, Parque Avellaneda, están en la misma situación. En un momento en el que está en ejecución una maniobra desestabilizadora del duhaldismo en múltiple frentes, esto no parece ser un hecho casual. Más allá del gran consumo de energía por la ola de calor, la demora excesiva en solucionar los problemas parece ser una contribución más a los planes de los enemigos de nuestro gobierno. Este tipo de demoras suelen darse luego de una tormenta, cuando las cámaras están inundadas, pero no cuando hay buen tiempo (si a esta ola de calor se la puede llamar buen tiempo).
Pero lo más alarmante es el silencio oficial. ¿Qué tendría que hacer el gobierno en este momento? Poner en acción todas las sanciones posibles contra las distribuidoras de energía, hacer un seguimiento estricto de las reparaciones y comunicar con claridad a la población la responsabilidad que tienen las empresas distribuidoras en este problema.
Muy lejos de eso, nos encontramos con el silencio. Las únicas declaraciones que escuché en la radio minimizan el problema. ¿Cual puede ser la reacción de los vecinos que llevan más de un día sin luz cuando escuchan al funcionario del estado diciendo que sólo hay inconvenientes menores? La que hoy veo de mi barrio, salir a cortar la calle y protestar. En algunas esquinas se han armado incluso una especie de barricadas. La pregunta es: ¿Es este un hecho casual que se pueda atribuir a la torpeza, estupidez o falta de sensibilidad del funcionario que hace esas declaraciones o hay otra cosa?
¿Y cuál es esa otra cosa? ¿No será que tenemos dentro del aparato estatal y en algunas instancias de gobierno a funcionarios cómplices del duhaldismo? ¿No será esta su contribución voluntaria a las maniobras desestabilizadoras? ¡Se non è vero, è ben trovato! No cabe duda de que con esto se apunta a licuar el capital político logrado por nuestro gobierno nacional y popular.
He escuchado relatos de compañeros que viven en la zona Norte que, aún después de la muerte de Néstor, escuchaban expresiones gorilas en sus barrios. Aquí, en el sudoeste de la ciudad, a veinte cuadras del Indoamericano, el clima es otro. El gorilismo no es mayoritario, pero la ausencia del gobierno ante este problema nos juega absolutamente en contra. A riesgo de ser reiterativo insisto en que no creo que haya nada casual en el silencio de quienes están a cargo del tema, parece ser una manera de ensuciar al gobierno de la compañera Cristina y es nuestro deber militante desenmascararlos.
martes 28 de diciembre de 2010
La vida bucólico-contemplativa y el legado de Evita
Los bibliotecarios/as del Centro Cultural Haroldo Conti han enviado una tarjeta virtual de salutación por Año Nuevo que lleva una hermosa frase de Haroldo Conti, extraída de Mascaró, el cazador americano (Emecé, 1975).
Dice así:
"... no servirán jamás sino a sus intereses personales. Yo los he perseguido en el movimiento peronista y los seguiré persiguiendo implacablemente en defensa del pueblo. Son los caudillos. Tienen el alma cerrada a todo lo que no sean ellos. No trabajan para una doctrina ni les interesa el ideal. La doctrina y el ideal son ellos (...) Los caudillos, los ambiciosos, no tienen doctrina porque no tienen otra conducta que su egoísmo. Hay que buscarlos y marcarlos a fuego para que nunca se conviertan en dueños de la vida y las haciendas del pueblo. Yo los he conocido de cerca y de frente, y algunas veces incluso me han engañado, por lo menos momentáneamente. Hay que identificarlos y hay que destruirlos." (Mi mensaje)
Menos mal que lo dice ella. Si lo dijera uno pasaría automáticamente a ser sospechoso. "¿Qué quiere ese? ¿Que se cree? ¡Es un provocador!".
Pero que tiene que ver esto con lo otro: ¿No deberíamos vivir con mayor sencillez?
Dice así:
"...Todo sucede. La vida es más o menos un barco bonito. ¿De qué sirve sujetarlo? Va y va. ¿Por qué digo esto? Porque lo mejor de la vida se gasta en seguridades. En puertos, abrigos y fuertes amarras. Es un puro suceso, eso digo. ¿Eh, señor Mascaró? Por lo tanto conviene pasarla en celebraciones, livianito. Todo es una celebración...”.
Entiendo que tiene razón con el mismo estupor que cada enero (mes durante el cual al menos algunos dias me siento feliz con un pantalón largo y uno corto, un par de zapatillas, un traje de baño, dos remeras, una camisa y algún abrigo, cuatro o cinco libros, algunos dvd, además de las pastillas del abuelo, cepillo de dientes, desodorante de sobacos, anteojos de lectura, cantidades módicas de algún vicio: una damajuana de semillón o tempranillo, un poco de yerba y otros herbarios) pienso si no sería mejor que me fuera a vivir junto a un rio pequeño pero constante en Formosa, dónde podría dedicarme a leer, hacer un poco de ejercicio, comer y dormir en el camino de entender alguna verdad esencial de ese bicho tan cruel y superficial como el que somos.
Para darme cuenta luego que si estuviera en Formosa me la pasaría conspirando para cagar a sus caudillos. Porque, como dijo sabiamente Evita:
Menos mal que lo dice ella. Si lo dijera uno pasaría automáticamente a ser sospechoso. "¿Qué quiere ese? ¿Que se cree? ¡Es un provocador!".
Pero que tiene que ver esto con lo otro: ¿No deberíamos vivir con mayor sencillez?
Feinmann El Bueno le canta a la Era Kirchnerista
JP Feinmann se habla todo. Coincido con muchas cosas, aunque no, desde ya, con que internet sea "una cloaquita". Y me parece que el que está enamorado de Cristina es él. Está en su derecho.
Entrevista a José Pablo Feinmann
Por Daniel Enzetti / Tiempo Argentino
Se apasiona cuando dice que la demostración popular generada por la muerte de Kirchner "fue el golpe político más espectacular del matrimonio". El movimiento, para él, tendría que llamarse "neokeynesianismo nacional y popular".
–Pasaron casi dos meses desde la muerte de Néstor Kirchner. ¿Cuál es tu opinión sobre el escenario político actual?
–En principio me gustaría decir que siento dolor. Me da mucha bronca que alguien se muera a los 60 años. Está bien, hay gente que se muere antes, porque este mundo y la vida misma es muy injusta. Si vos pensás que (Amadeus) Mozart se murió a los 36, (George) Gershwin a los 38, y al mismo tiempo (Jorge) Videla está por los 80 y pico, te horrorizás. Y este tipo brillante, que lo tenía todo para ser un gran político, y lo era, ¡que se muera a los 60! Kirchner era un tipo lleno de vida, jodón, un chico grande que no sabía qué hacer con ese cuerpazo, le gustaba el rock y era divertido, sabía un vagón de política y era una fiera para la pelea, para la pelea más sucia.
–Su último papel.
–Claro, porque de eso tenemos que hablar, de quién va a remplazarlo en ese lugar. Porque Néstor iba a las piñas, digamos, y pegaba muy bien. Mirá, al principio del gobierno de Kirchner me llevé algunas sorpresas con varios muchachos, que incluso habían leído mis libros. Una vez se me acerca (Héctor) "El Chango" Icazuriaga, y me invita a que lo visitara a su oficina en la SIDE. Cuando le reconocí que no podía creer esa invitación, me contestó "tranquilo José, con nosotros las cosas cambiaron, ahora entrás a este edificio y al rato salís sano y salvo" (se ríe). ¿Sabés lo que me dijo el Chango? "No te creas lo que se habla por ahí, Néstor va por Duhalde." En ese momento pensé: "La puta madre, este tipo es distinto", porque prácticamente todos eran del aparato duhaldista.
–Y los medios insistían con lo de Chirolita.
–Sí, ¡mirá qué Chirolita de Duhalde resultó ser con el tiempo! (se ríe). Pero volviendo a su muerte, y al mapa político que veo, la pérdida para el país es terrible. La gran sorpresa, que ya estaba un poco preanunciada por los festejos del Bicentenario, fue lo espontáneo del apoyo de la gente cuando se supo la noticia, algo que tapó la prensa opositora. Fue hasta divertido, porque los reporteros de los canales iban a las agrupaciones kirchneristas y preguntaban si habían venido por el choripán, mientras que a los garcas que concentraron en la Plaza San Martín, los noteros los entrevistaban por los "motivos" de su presencia ahí. Y acá se reveló otra cosa, que fue la actitud de Cristina, poderosa y sensible a la vez, completa. Ella dijo algo muy inteligente: no hay que confundir dolor con debilidad. "Si tengo que gobernar sin presupuesto, gobernaré sin presupuesto." El panorama lo veo muy bien porque la presidenta está fuerte y segura. A Cristina no le van a torcer el brazo estos idiotas.
–¿Qué recordás de Kirchner cuando lo conociste?
–Lo conocí bastante y compartí muchas cosas con él entre 2003 y 2006. Hablábamos sobre el proyecto de partido de centro izquierda, de la trasversalidad. Yo le rompía mucho las pelotas con la militancia territorial, con la necesidad de formar cuadros, y le decía que nadie se sostiene sin eso, y que la política no es mediática, o mejor dicho, que eso no es lo único. El se resistía bastante. Claro, era una personalidad tan segura de sí que no pensaba mucho en esto de los cuadros, pero a la vez se asumía como un político moderno, y veía en lo mediático la nueva manera de hacer política. Para mí, esta movilización que hubo fue el golpe político más espectacular de la pareja Kirchner y de este proyecto, tan espectacular que a ese proyecto habría que darle un nuevo nombre, para que deje de llamarse K. "Neokeynesianismo nacional y popular" me parecería fantástico. Esos días en la Plaza de Mayo se vieron cosas increíbles, pero que ya se vislumbraban antes. Últimamente estuve dando muchas conferencias en el interior del país, y por ejemplo de las 1000 personas que me escucharon en el Chaco, la gran mayoría eran pibes jóvenes; era impresionante.
–Te iba a preguntar, justamente, tu opinión sobre la juventud y una especie de "vuelta a la militancia" que se ve en muchos lugares.
–Por eso digo que con la muerte de Néstor la juventud explotó, pero en realidad ya había arrancado antes. Lo veo con mis hijas: la mayor trabaja en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, que dirige Eduardo Jozami, y la menor me vive preguntando dónde militar, porque tiene muchas ganas de hacer cosas. Me parece que los jóvenes recibieron el "calor" que les daban Néstor y Cristina, esa suerte de conjunción donde ella era lo racional, con una inteligencia superlativa, y él lo visceral, lo peleador. Los jóvenes fueron algo impresionante, porque entre otras cosas, y volviendo a los Kirchner, reconocieron la fuerza de un tipo joven que había muerto, y la ternura de alguien a la que justamente se le reprochaba no demostrar sus sentimientos, reconociéndole que "sólo" era inteligente. Bueno, esos días Cristina los mató a todos, porque más sensible, imposible. Lloró, acariciaba el cajón, le decía "cabezadura". Impactó. Pero además, no olvidemos en este contexto de las ganas de la juventud lo que significa el mapa latinoamericano. Hace un montón de tiempo que América Latina no presenta una serie de gobiernos populares como estos, porque no hay mucho más que se pueda hacer. Cuando recibo los folletos de los llamados partidos de izquierda, ruidosos pero compuestos por muy poca gente, me doy cuenta que no entienden nada de política. Son maximalistas, piden siempre reforma agraria, toma del poder, expropiación de la fortuna. El Plan de Operaciones de Mariano Moreno, más o menos. Es lo mismo que Moreno, que en esa época no tenía nada, a nadie más que a (Juan José) Castelli. Pero no vamos a discutir eso ahora, saco el tema porque yo creo que Moreno hizo un plan y no se preguntó nunca con qué poder político imponerlo, lo mismo que los partidos de izquierda.
–Tampoco pudo. ¿Y lo del veneno en el barco?
–¿Qué veneno? No creo que haya sido veneno, eso es un invento de (Felipe) Pigna. No… ¿quién querría matar a Moreno? (Cornelio) Saavedra era un tarado. ¿Los ingleses lo iban a matar? ¡Si Moreno les iba a dar la isla Martín Garcia! Dejá, estoy podrido de discutir de esas cosas. Además, no discuto, y menos con los pibes de los partidos de izquierda. Para ellos todo es reaccionario, nada alcanza, siempre falta algo, y eso no es hacer política. Si supieran lo que es llegar al poder y tener que ver lo que aparece, las cosas que hay que hacer para poder gobernar, incluso en lo que hay que convertirse para poder gobernar. En este país la izquierda nunca entendió que la realidad ofrece resistencias, y que se pueden hacer ciertas cosas y otras no. Más o menos eso están entendiendo los gobiernos populitas y populares de América Latina. El de (Rafael) Correa es interesante por lo que pasó, por el coraje que tuvo el tipo. Lo de Evo (Morales), bueno, ¿quién no lo puede querer a Evo? Además, no olvidemos que Bolivia es un país que mata a todos sus presidentes progresistas, lo arregla así, simplemente. (José) Mujica también despierta esperanzas. Te cuento una anécdota de Mujica: estábamos en una cena hablando de varias cosas, con Hernán Patiño Meyer. En un momento, Mujica se me acerca al oído y me dice: "¿Sabés qué pasa José?, antes queríamos cambiar el mundo; ahora, si asfaltamos algunas calles estamos conformes" (se ríe).
–Claro, ya no estaban más los tupamaros.
–Bueno, ¡pero ese es un tipo que se da cuenta de la coyuntura y de cómo viene la mano, viejo! Tenemos un imperio arriba que está distraído, pero puede volver, y volver de mal humor. La mina esta que ganó el Oscar por la película de Irak, Kathryn Bigelow, si filma en la Triple Frontera es porque los yanquis algo están pensando…
–Volviendo a los partidos de izquierda y al llamado progresismo, como por ejemplo "Pino" Solanas. ¿Qué opinás del desconocimiento de los avances que pudo hacer el país desde 2001?
–En realidad preferiría no hablar de Pino, porque me iría de boca. Tengo mucha bronca con él, mucha bronca. Pino no para de subirse a estatuas. Desde La hora de los Hornos estaba bien, pero ya cuando después hace una película con todas las respuestas del viejo, va al exilio… Se puede hacer una política independiente apoyando a un gobierno que es sin duda lo mejor que podemos tener. Y si es lo mejor que podemos tener, y las elecciones están a seis meses, hay que dejarse de joder y apoyar este proyecto. Lo que pasa es que Pino quiere estar a la cabeza de algo importante, y eso "importante" es Proyecto Sur, eso es Pino en su personalidad, yo lo conozco bien. Además le debo muchos insultos, porque cuando se estrenó Eva Perón, con un guión que era totalmente mío, empezó a putear contra la película diciendo que agredía al general Perón, que parece propiedad suya. Otra cosa, recuerdo aquel proyecto del Imaginario Latinoamericano que quiso hacer en el '89.
–Cuando tuvo aquella famosa pelea con Julio Bárbaro, el secretario de Cultura de Menem.
–Sí. Julio me llamó muy dolorido. "Pino anda diciendo que soy un corrupto", me contaba. Bueno, al final se pelearon y vino "El Turco" y les dijo "no muchachos, esto es para mí" (ndr.: el lugar elegido para el proyecto era Galerías Pacífico, donde finalmente Carlos Menem instaló un shopping beneficiando a su empresario amigo Mario Falak).
–Hablemos de toda la oposición, porque también están la UCR, el PRO, la Coalición Cívica de Elisa Carrió. ¿Los ves desesperados por ocupar un nicho, nerviosos porque se dan cuenta que quedaron descolocados políticamente?
–El tema es que nacieron descolocados. Porque escuchame, "Ricardito" Alfonsín es un personaje patético, lo único que tiene es ser hijo de Raúl, y encima le dijeron "el bigote no te lo saques". Para mí, ser hijo de alguien no es ningún rédito, y eso tiene la UCR; es decir, no tiene nada. Con respecto a esta mujer que yo no nombro, la señora con sobrepeso y de relación directa con Dios, no tiene idea de lo que es la política, ni de lo que significan las declaraciones públicas, ni de lo que es manejarse dentro de la sociedad civil. Te pongo un ejemplo definitivo: una persona que dice que Kirchner es Hitler sin los campos de concentración, y la cabeza no le da para darse cuenta que Hitler sin los campos de concentración no es Hitler, directamente no sabe pensar, querido…
–Vayamos a cuestiones semánticas: ¿hay una "derecha" hoy en la Argentina? Y si es así, ¿cómo está representada, y en qué se diferencian los que nombramos recién de esa derecha?
–Sí, por supuesto que hay una derecha. Cuando yo hablaba con Néstor en los primeros tiempos, le decía que la derecha necesita uno solo, y no apareció. Me refiero a que no apareció ese tipo que pudiera plantarse frente a Néstor y Cristina. Fijate cuando surgió (Juan Carlos) Blumberg, y recordá la fragilidad de Néstor, que creo que lo llevan a Río Gallegos con un problema intestinal. Ahí está la verdadera derecha, porque esa movilización la hizo Radio 10. La verdadera derecha está en los medios de comunicación. La revolución comunicacional son los medios, que atrapan tu subjetividad. Michel Foucault, cuando habla de sujetar al sujeto, no analiza los medios de comunicación, pero dice que el poder tiene la función de sujetar al sujeto, es decir hacer del sujeto un vasallo del poder a través del manejo de la información. Yo a eso lo llamo "el sujeto otro", el sujeto que es otro de sí mismo, porque no es el auténtico sujeto, es el sujeto constituido desde afuera por los medios. Por eso la lucha contra Clarín tiene un gran sentido, un sentido te diría ontológico, para que no exista un medio tan enorme que pueda hacer que toda la población piense lo que ese medio quiere que piense. Porque la función de los medios es lograr que la verdad sea la que ese medio marca. Es una lucha por la verdad, y el que impone la verdad tiene el poder.
–Convertir aquello subjetivo en algo "objetivo".
–Claro, por eso decía lo de la verdad del poder, lo que ellos tratan de imponer a través de los grandes diarios y hasta de los noteritos que mandan por ahí, bien adoctrinados con la idea del ALCA, de reducir el Estado, de dejar totalmente libre al mercado, de usar los salarios como reguladores de la economía, de no distribuir la riqueza. Bueno, ese es el plan de la derecha: rechazar los populismos latinoamericanos, abrirse a relaciones por ejemplo con Chile y alejar el "fantasma" de (Hugo) Chávez, o las "relaciones carnales" con los Estados Unidos, como muy bien dijo Menem. Con respecto a la pregunta de en qué se diferencia esa oposición de la derecha, te diría que en nada. Directamente "son" la derecha. ¿Cuántas veces la señora con sobrepeso estuvo de acuerdo con La Nación, y Pino con Clarín? ¿Dónde fueron cuando se hizo la concentración de la 125? Pino estuvo con la Sociedad Rural. Un tipo de izquierda nunca puede estar con la Sociedad Rural.
–Recuerdo una respuesta que Jorge Lanata le dio a Ernesto Tenenbaum, cuando le aclaró que él siempre estuvo a favor de los más débiles, y como en la puja Gobierno-Clarín el grupo era el débil, apoyaba a Clarín sin dudar.
–Mi respuesta es que Lanata está loco. Miente. Es muy sencillo, se miente. ¿Cómo va a considerar a Clarín algo débil? Me da pena que haya salido al escenario del Maipo con un plumero. Pero es muy piola, en vez de salir con plumas, como las vedettes, salió con un plumero. Qué piolada se mandó; ese muchacho cruzó la vereda del peor modo en la historia. Y en cuanto a Página/12, lo fundó, pero lo dirigió nada más que dos años… y al lado lo tenía a Ernesto Tiffenberg, así que ojo con atribuirle todo a ese tipo.
–¿Le tenés miedo a la palabra populismo, un término que muchos tienden a demonizar?
–No, para nada. Lo que pasa es que para la derecha es sinónimo de manipulación de masas, de agresión a las instituciones, de desprecio al parlamentarismo, de masas vacías. Ojo, porque también hay un toquecito de izquierda, que consiste en decir que el populismo tapa la lucha de clases. Y que no distingue dentro del concepto de pueblo los conflictos internos, los conflictos sociales, lo cual es falso. Comprendo que ellos sacan el tema del populismo para no nombrar tanto al peronismo. En el fondo son gorilas, porque como dice Horacio González, ser gorila es pensar a partir de un prejuicio. Vos tenés un prejuicio, un prejuicio casi visceral: sos antiperonista, y si sos antiperonista no podés pensar la Historia argentina, te la perdés. Fijate en mi libro: tiene todas las posiciones posibles, se enojaron todos, pero a su vez todos quedaron conformes. Dijeron: "Bueno, qué abierto". Porque como el peronismo es tan basto, yo no tomé ninguna postura. Por ejemplo: el primer gobierno de Perón estuvo bien, pero de 1953 a 1955, una cagada atrás de otra. Se fue sin pelear, no como Salvador Allende, que murió en su puesto. Después, la resistencia peronista es gloriosa. En cuanto a los montoneros, bajo una dictadura como la de (Juan Carlos) Onganía es comprensible, pero la violencia desde el '73 no tiene sentido, porque ya está el gobierno democrático de (Héctor) Cámpora. Y menos tiene sentido el asesinato de (José) Rucci, a partir de lo cual Montoneros se ilegaliza, y yo me voy con la JP Lealtad.
–¿Y Perón?
–A su vez Perón esta ilegalizado desde Ezeiza. Es un Perón siniestro, no tonto, pero siniestro, que viene a hacer la tarea sucia de los militares, incomprensible. El viejo le dijo a Jorge Antonio: "Yo llego, tomo un vaso de agua, un micrófono, pego dos gritos y todos los pibes se van a sus casas". Era un megalómano infernal, ese sí que se creía Dios. Y en lugar de hacer política, de integrar, como lo había hecho siempre, no, le da el avance a (José) López Rega, admite la Triple A. Nadie puede decir que Perón no sabía lo de la Triple A. Yo esto te lo digo con mucha pena, con mucho dolor: ojalá se hubiera muerto en Madrid, es una tragedia que Perón haya vuelto.
–¿Por qué decís que últimamente resurgió el gorilismo? Convengamos que la palabra gorila estaba un poco olvidada.
–Por los Kirchner, porque acá hay una cosa importante que está en juego. Cuando Néstor dice "pertenezco a una generación diezmada", ay mamita, ¿vos te imaginás todos los Grondonas, los Morales Solá? "Este es un montonero", gritaron. Y vieron que efectivamente el gobierno se llenaba de setentistas, lo que para mí es formidable. Por eso le va tan bien, es un gobierno muy inteligente, y ahí está la explicación de por qué mataron a tantos compañeros. Fue una generación como hubo pocas. Con el tema del gorila, hay algo que Eduardo Aliverti dijo perfecto: con Menem estábamos todos bien, estábamos todos de acuerdo, porque el monstruo estaba ahí. Pero resulta que acá viene un tipo que dice que es peronista, y que pertenece a los setenta, y entonces los medios empiezan a tirarle de todos lados. Por ejemplo las radios, ¡y los taxistas! Porque te digo una cosa: en este país, los taxistas son un instrumento ideológico. ¿Qué es el tacho ideológico? El tipo que mientras maneja te habla, te habla, te habla de cualquier cosa. Los tacheros se meten en política, y de repente te sacan un tema. "Voy a Talcahuano y Corrientes", le decís al tachero, y lo primero que te contesta es "Y… si llegamos, fíjese que están los piqueteros". Y uno no tiene ganas de hablar de eso, te tenés que hacer el burro. Con tacheros tengo varias. Una vez me subí a un auto y el tipo me habló de "esa negra infame", por Cristina. Otro día lo putearon a "ese tira bombas de Kunkel". Mirá, yo creo que hay una central que los adoctrina, una especie de Escuela de las Américas de tacheros (se ríe). El tacherismo, además, estuvo adoctrinado durante muchos años por Radio 10. Pero no sólo los taxistas son el problema, no nos olvidemos que durante la dictadura, los autos tenían pegada la calcomanía de que éramos derechos y humanos. Hay que preguntarse un poco por las convicciones de nuestro pueblo.
–En la época de la comunicación y las distancias que se acortan, sin embargo le das importancia a la militancia territorial, al trabajo de base. ¿Por qué?
–Porque creo que los medios no están en manos nuestras; los medios están en manos de todo el poder mediático. Y porque no le tengo mucho aprecio a Internet, me parece que es como una cloaquita. Te cuento mi caso: hay un tipo que se hace llamar José Pablo Feinmann, tiene como 10 mil abonados, e incluso me manda cosas a mí. En la red por ahí creés una cosa, y andá a saber qué es. ¡Y los foros, escribe cada tipo, son impunes! Una vez un tarado hizo un foro porque yo escribí una nota cuando se murieron (Ingmar) Bergman y (Michelángelo) Antonioni, diciendo cosas horribles de ellos. Resulta que abrieron un foro, y algunos estaban a favor de la nota. Lo increíble es que los que estaban en contra no argumentaban absolutamente nada, lo único que hacían era putear. Eso te demuestra el nivel de intolerancia y desconocimiento.
–¿Quién es para vos la "buena gente", como dijiste en el programa TVR?
–La gente buena es la gente que respeta los Derechos Humanos, la que quiere reducir la pobreza, los que escriben buenos libros, los profesores, los buenos periodistas, los que no se dejan comprar.
–¿Que opinás del cachetazo de Graciela Camaño a Carlos Kunkel?
–Eso es impotencia, un verdadero acto de impotencia. Cuando vos no tolerás lo que está diciendo el otro, y no se lo podés refutar hablando, reaccionás de esa manera. Una piña nunca es un acto de justicia, es un acto de desesperación. Un acto violento por el cual vos tratás de intimidar al otro para que no hable más. "Le cierro la boca de una trompada". No, lo que tenés que hacer es cerrarle la boca con argumentos. El Congreso es un recinto de la democracia, pero si vos vas y le das una piña a otro, ese lugar se convierte en el basural del barrio. No sé, esa mujer debe hacer artes marciales, porque mirá que hay que darle una piña a Kunkel (se ríe).
–¿Qué realidad imaginás en lo inmediato, teniendo en cuenta 2011 como año electoral y de reacomodamiento de piezas después de lo que pasó con Kirchner?
–Veo y deseo la reelección de Cristina, y la formación de un gabinete donde no falte Juan Manuel Abal Medina hijo, y al que Martín (Sabbatella) esté invitado, porque realmente es un tipo que demostró mucha inteligencia . Como decíamos antes: un tipo que conserva su identidad y a la vez no va a joder el proyecto. Quiero que siga ese proyecto, nacional, popular, autónomo, de soberanía, de intervención del Estado para que no haya injusticia social. Un proyecto donde el Estado no sea devorado por los poderosos, donde entregue créditos para que los pequeños puedan crecer, donde se impulse el desmantelamiento de todos los monopolios, donde se implemente la Ley de Medios, donde sigan desarrollándose los Derechos Humanos, y los juicios a los responsables de la dictadura. Te digo algo: la gente está enamorada de Cristina, por su entereza y por la manera en que siguió adelante.
Entrevista a José Pablo Feinmann
"Hay que dejarse de joder y apoyar el proyecto"
Por Daniel Enzetti / Tiempo Argentino
Se apasiona cuando dice que la demostración popular generada por la muerte de Kirchner "fue el golpe político más espectacular del matrimonio". El movimiento, para él, tendría que llamarse "neokeynesianismo nacional y popular".
–Pasaron casi dos meses desde la muerte de Néstor Kirchner. ¿Cuál es tu opinión sobre el escenario político actual?
–En principio me gustaría decir que siento dolor. Me da mucha bronca que alguien se muera a los 60 años. Está bien, hay gente que se muere antes, porque este mundo y la vida misma es muy injusta. Si vos pensás que (Amadeus) Mozart se murió a los 36, (George) Gershwin a los 38, y al mismo tiempo (Jorge) Videla está por los 80 y pico, te horrorizás. Y este tipo brillante, que lo tenía todo para ser un gran político, y lo era, ¡que se muera a los 60! Kirchner era un tipo lleno de vida, jodón, un chico grande que no sabía qué hacer con ese cuerpazo, le gustaba el rock y era divertido, sabía un vagón de política y era una fiera para la pelea, para la pelea más sucia.
–Su último papel.
–Claro, porque de eso tenemos que hablar, de quién va a remplazarlo en ese lugar. Porque Néstor iba a las piñas, digamos, y pegaba muy bien. Mirá, al principio del gobierno de Kirchner me llevé algunas sorpresas con varios muchachos, que incluso habían leído mis libros. Una vez se me acerca (Héctor) "El Chango" Icazuriaga, y me invita a que lo visitara a su oficina en la SIDE. Cuando le reconocí que no podía creer esa invitación, me contestó "tranquilo José, con nosotros las cosas cambiaron, ahora entrás a este edificio y al rato salís sano y salvo" (se ríe). ¿Sabés lo que me dijo el Chango? "No te creas lo que se habla por ahí, Néstor va por Duhalde." En ese momento pensé: "La puta madre, este tipo es distinto", porque prácticamente todos eran del aparato duhaldista.
–Y los medios insistían con lo de Chirolita.
–Sí, ¡mirá qué Chirolita de Duhalde resultó ser con el tiempo! (se ríe). Pero volviendo a su muerte, y al mapa político que veo, la pérdida para el país es terrible. La gran sorpresa, que ya estaba un poco preanunciada por los festejos del Bicentenario, fue lo espontáneo del apoyo de la gente cuando se supo la noticia, algo que tapó la prensa opositora. Fue hasta divertido, porque los reporteros de los canales iban a las agrupaciones kirchneristas y preguntaban si habían venido por el choripán, mientras que a los garcas que concentraron en la Plaza San Martín, los noteros los entrevistaban por los "motivos" de su presencia ahí. Y acá se reveló otra cosa, que fue la actitud de Cristina, poderosa y sensible a la vez, completa. Ella dijo algo muy inteligente: no hay que confundir dolor con debilidad. "Si tengo que gobernar sin presupuesto, gobernaré sin presupuesto." El panorama lo veo muy bien porque la presidenta está fuerte y segura. A Cristina no le van a torcer el brazo estos idiotas.
–¿Qué recordás de Kirchner cuando lo conociste?
–Lo conocí bastante y compartí muchas cosas con él entre 2003 y 2006. Hablábamos sobre el proyecto de partido de centro izquierda, de la trasversalidad. Yo le rompía mucho las pelotas con la militancia territorial, con la necesidad de formar cuadros, y le decía que nadie se sostiene sin eso, y que la política no es mediática, o mejor dicho, que eso no es lo único. El se resistía bastante. Claro, era una personalidad tan segura de sí que no pensaba mucho en esto de los cuadros, pero a la vez se asumía como un político moderno, y veía en lo mediático la nueva manera de hacer política. Para mí, esta movilización que hubo fue el golpe político más espectacular de la pareja Kirchner y de este proyecto, tan espectacular que a ese proyecto habría que darle un nuevo nombre, para que deje de llamarse K. "Neokeynesianismo nacional y popular" me parecería fantástico. Esos días en la Plaza de Mayo se vieron cosas increíbles, pero que ya se vislumbraban antes. Últimamente estuve dando muchas conferencias en el interior del país, y por ejemplo de las 1000 personas que me escucharon en el Chaco, la gran mayoría eran pibes jóvenes; era impresionante.
–Te iba a preguntar, justamente, tu opinión sobre la juventud y una especie de "vuelta a la militancia" que se ve en muchos lugares.
–Por eso digo que con la muerte de Néstor la juventud explotó, pero en realidad ya había arrancado antes. Lo veo con mis hijas: la mayor trabaja en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, que dirige Eduardo Jozami, y la menor me vive preguntando dónde militar, porque tiene muchas ganas de hacer cosas. Me parece que los jóvenes recibieron el "calor" que les daban Néstor y Cristina, esa suerte de conjunción donde ella era lo racional, con una inteligencia superlativa, y él lo visceral, lo peleador. Los jóvenes fueron algo impresionante, porque entre otras cosas, y volviendo a los Kirchner, reconocieron la fuerza de un tipo joven que había muerto, y la ternura de alguien a la que justamente se le reprochaba no demostrar sus sentimientos, reconociéndole que "sólo" era inteligente. Bueno, esos días Cristina los mató a todos, porque más sensible, imposible. Lloró, acariciaba el cajón, le decía "cabezadura". Impactó. Pero además, no olvidemos en este contexto de las ganas de la juventud lo que significa el mapa latinoamericano. Hace un montón de tiempo que América Latina no presenta una serie de gobiernos populares como estos, porque no hay mucho más que se pueda hacer. Cuando recibo los folletos de los llamados partidos de izquierda, ruidosos pero compuestos por muy poca gente, me doy cuenta que no entienden nada de política. Son maximalistas, piden siempre reforma agraria, toma del poder, expropiación de la fortuna. El Plan de Operaciones de Mariano Moreno, más o menos. Es lo mismo que Moreno, que en esa época no tenía nada, a nadie más que a (Juan José) Castelli. Pero no vamos a discutir eso ahora, saco el tema porque yo creo que Moreno hizo un plan y no se preguntó nunca con qué poder político imponerlo, lo mismo que los partidos de izquierda.
–Tampoco pudo. ¿Y lo del veneno en el barco?
–¿Qué veneno? No creo que haya sido veneno, eso es un invento de (Felipe) Pigna. No… ¿quién querría matar a Moreno? (Cornelio) Saavedra era un tarado. ¿Los ingleses lo iban a matar? ¡Si Moreno les iba a dar la isla Martín Garcia! Dejá, estoy podrido de discutir de esas cosas. Además, no discuto, y menos con los pibes de los partidos de izquierda. Para ellos todo es reaccionario, nada alcanza, siempre falta algo, y eso no es hacer política. Si supieran lo que es llegar al poder y tener que ver lo que aparece, las cosas que hay que hacer para poder gobernar, incluso en lo que hay que convertirse para poder gobernar. En este país la izquierda nunca entendió que la realidad ofrece resistencias, y que se pueden hacer ciertas cosas y otras no. Más o menos eso están entendiendo los gobiernos populitas y populares de América Latina. El de (Rafael) Correa es interesante por lo que pasó, por el coraje que tuvo el tipo. Lo de Evo (Morales), bueno, ¿quién no lo puede querer a Evo? Además, no olvidemos que Bolivia es un país que mata a todos sus presidentes progresistas, lo arregla así, simplemente. (José) Mujica también despierta esperanzas. Te cuento una anécdota de Mujica: estábamos en una cena hablando de varias cosas, con Hernán Patiño Meyer. En un momento, Mujica se me acerca al oído y me dice: "¿Sabés qué pasa José?, antes queríamos cambiar el mundo; ahora, si asfaltamos algunas calles estamos conformes" (se ríe).
–Claro, ya no estaban más los tupamaros.
–Bueno, ¡pero ese es un tipo que se da cuenta de la coyuntura y de cómo viene la mano, viejo! Tenemos un imperio arriba que está distraído, pero puede volver, y volver de mal humor. La mina esta que ganó el Oscar por la película de Irak, Kathryn Bigelow, si filma en la Triple Frontera es porque los yanquis algo están pensando…
–Volviendo a los partidos de izquierda y al llamado progresismo, como por ejemplo "Pino" Solanas. ¿Qué opinás del desconocimiento de los avances que pudo hacer el país desde 2001?
–En realidad preferiría no hablar de Pino, porque me iría de boca. Tengo mucha bronca con él, mucha bronca. Pino no para de subirse a estatuas. Desde La hora de los Hornos estaba bien, pero ya cuando después hace una película con todas las respuestas del viejo, va al exilio… Se puede hacer una política independiente apoyando a un gobierno que es sin duda lo mejor que podemos tener. Y si es lo mejor que podemos tener, y las elecciones están a seis meses, hay que dejarse de joder y apoyar este proyecto. Lo que pasa es que Pino quiere estar a la cabeza de algo importante, y eso "importante" es Proyecto Sur, eso es Pino en su personalidad, yo lo conozco bien. Además le debo muchos insultos, porque cuando se estrenó Eva Perón, con un guión que era totalmente mío, empezó a putear contra la película diciendo que agredía al general Perón, que parece propiedad suya. Otra cosa, recuerdo aquel proyecto del Imaginario Latinoamericano que quiso hacer en el '89.
–Cuando tuvo aquella famosa pelea con Julio Bárbaro, el secretario de Cultura de Menem.
–Sí. Julio me llamó muy dolorido. "Pino anda diciendo que soy un corrupto", me contaba. Bueno, al final se pelearon y vino "El Turco" y les dijo "no muchachos, esto es para mí" (ndr.: el lugar elegido para el proyecto era Galerías Pacífico, donde finalmente Carlos Menem instaló un shopping beneficiando a su empresario amigo Mario Falak).
–Hablemos de toda la oposición, porque también están la UCR, el PRO, la Coalición Cívica de Elisa Carrió. ¿Los ves desesperados por ocupar un nicho, nerviosos porque se dan cuenta que quedaron descolocados políticamente?
–El tema es que nacieron descolocados. Porque escuchame, "Ricardito" Alfonsín es un personaje patético, lo único que tiene es ser hijo de Raúl, y encima le dijeron "el bigote no te lo saques". Para mí, ser hijo de alguien no es ningún rédito, y eso tiene la UCR; es decir, no tiene nada. Con respecto a esta mujer que yo no nombro, la señora con sobrepeso y de relación directa con Dios, no tiene idea de lo que es la política, ni de lo que significan las declaraciones públicas, ni de lo que es manejarse dentro de la sociedad civil. Te pongo un ejemplo definitivo: una persona que dice que Kirchner es Hitler sin los campos de concentración, y la cabeza no le da para darse cuenta que Hitler sin los campos de concentración no es Hitler, directamente no sabe pensar, querido…
–Vayamos a cuestiones semánticas: ¿hay una "derecha" hoy en la Argentina? Y si es así, ¿cómo está representada, y en qué se diferencian los que nombramos recién de esa derecha?
–Sí, por supuesto que hay una derecha. Cuando yo hablaba con Néstor en los primeros tiempos, le decía que la derecha necesita uno solo, y no apareció. Me refiero a que no apareció ese tipo que pudiera plantarse frente a Néstor y Cristina. Fijate cuando surgió (Juan Carlos) Blumberg, y recordá la fragilidad de Néstor, que creo que lo llevan a Río Gallegos con un problema intestinal. Ahí está la verdadera derecha, porque esa movilización la hizo Radio 10. La verdadera derecha está en los medios de comunicación. La revolución comunicacional son los medios, que atrapan tu subjetividad. Michel Foucault, cuando habla de sujetar al sujeto, no analiza los medios de comunicación, pero dice que el poder tiene la función de sujetar al sujeto, es decir hacer del sujeto un vasallo del poder a través del manejo de la información. Yo a eso lo llamo "el sujeto otro", el sujeto que es otro de sí mismo, porque no es el auténtico sujeto, es el sujeto constituido desde afuera por los medios. Por eso la lucha contra Clarín tiene un gran sentido, un sentido te diría ontológico, para que no exista un medio tan enorme que pueda hacer que toda la población piense lo que ese medio quiere que piense. Porque la función de los medios es lograr que la verdad sea la que ese medio marca. Es una lucha por la verdad, y el que impone la verdad tiene el poder.
–Convertir aquello subjetivo en algo "objetivo".
–Claro, por eso decía lo de la verdad del poder, lo que ellos tratan de imponer a través de los grandes diarios y hasta de los noteritos que mandan por ahí, bien adoctrinados con la idea del ALCA, de reducir el Estado, de dejar totalmente libre al mercado, de usar los salarios como reguladores de la economía, de no distribuir la riqueza. Bueno, ese es el plan de la derecha: rechazar los populismos latinoamericanos, abrirse a relaciones por ejemplo con Chile y alejar el "fantasma" de (Hugo) Chávez, o las "relaciones carnales" con los Estados Unidos, como muy bien dijo Menem. Con respecto a la pregunta de en qué se diferencia esa oposición de la derecha, te diría que en nada. Directamente "son" la derecha. ¿Cuántas veces la señora con sobrepeso estuvo de acuerdo con La Nación, y Pino con Clarín? ¿Dónde fueron cuando se hizo la concentración de la 125? Pino estuvo con la Sociedad Rural. Un tipo de izquierda nunca puede estar con la Sociedad Rural.
–Recuerdo una respuesta que Jorge Lanata le dio a Ernesto Tenenbaum, cuando le aclaró que él siempre estuvo a favor de los más débiles, y como en la puja Gobierno-Clarín el grupo era el débil, apoyaba a Clarín sin dudar.
–Mi respuesta es que Lanata está loco. Miente. Es muy sencillo, se miente. ¿Cómo va a considerar a Clarín algo débil? Me da pena que haya salido al escenario del Maipo con un plumero. Pero es muy piola, en vez de salir con plumas, como las vedettes, salió con un plumero. Qué piolada se mandó; ese muchacho cruzó la vereda del peor modo en la historia. Y en cuanto a Página/12, lo fundó, pero lo dirigió nada más que dos años… y al lado lo tenía a Ernesto Tiffenberg, así que ojo con atribuirle todo a ese tipo.
–¿Le tenés miedo a la palabra populismo, un término que muchos tienden a demonizar?
–No, para nada. Lo que pasa es que para la derecha es sinónimo de manipulación de masas, de agresión a las instituciones, de desprecio al parlamentarismo, de masas vacías. Ojo, porque también hay un toquecito de izquierda, que consiste en decir que el populismo tapa la lucha de clases. Y que no distingue dentro del concepto de pueblo los conflictos internos, los conflictos sociales, lo cual es falso. Comprendo que ellos sacan el tema del populismo para no nombrar tanto al peronismo. En el fondo son gorilas, porque como dice Horacio González, ser gorila es pensar a partir de un prejuicio. Vos tenés un prejuicio, un prejuicio casi visceral: sos antiperonista, y si sos antiperonista no podés pensar la Historia argentina, te la perdés. Fijate en mi libro: tiene todas las posiciones posibles, se enojaron todos, pero a su vez todos quedaron conformes. Dijeron: "Bueno, qué abierto". Porque como el peronismo es tan basto, yo no tomé ninguna postura. Por ejemplo: el primer gobierno de Perón estuvo bien, pero de 1953 a 1955, una cagada atrás de otra. Se fue sin pelear, no como Salvador Allende, que murió en su puesto. Después, la resistencia peronista es gloriosa. En cuanto a los montoneros, bajo una dictadura como la de (Juan Carlos) Onganía es comprensible, pero la violencia desde el '73 no tiene sentido, porque ya está el gobierno democrático de (Héctor) Cámpora. Y menos tiene sentido el asesinato de (José) Rucci, a partir de lo cual Montoneros se ilegaliza, y yo me voy con la JP Lealtad.
–¿Y Perón?
–A su vez Perón esta ilegalizado desde Ezeiza. Es un Perón siniestro, no tonto, pero siniestro, que viene a hacer la tarea sucia de los militares, incomprensible. El viejo le dijo a Jorge Antonio: "Yo llego, tomo un vaso de agua, un micrófono, pego dos gritos y todos los pibes se van a sus casas". Era un megalómano infernal, ese sí que se creía Dios. Y en lugar de hacer política, de integrar, como lo había hecho siempre, no, le da el avance a (José) López Rega, admite la Triple A. Nadie puede decir que Perón no sabía lo de la Triple A. Yo esto te lo digo con mucha pena, con mucho dolor: ojalá se hubiera muerto en Madrid, es una tragedia que Perón haya vuelto.
–¿Por qué decís que últimamente resurgió el gorilismo? Convengamos que la palabra gorila estaba un poco olvidada.
–Por los Kirchner, porque acá hay una cosa importante que está en juego. Cuando Néstor dice "pertenezco a una generación diezmada", ay mamita, ¿vos te imaginás todos los Grondonas, los Morales Solá? "Este es un montonero", gritaron. Y vieron que efectivamente el gobierno se llenaba de setentistas, lo que para mí es formidable. Por eso le va tan bien, es un gobierno muy inteligente, y ahí está la explicación de por qué mataron a tantos compañeros. Fue una generación como hubo pocas. Con el tema del gorila, hay algo que Eduardo Aliverti dijo perfecto: con Menem estábamos todos bien, estábamos todos de acuerdo, porque el monstruo estaba ahí. Pero resulta que acá viene un tipo que dice que es peronista, y que pertenece a los setenta, y entonces los medios empiezan a tirarle de todos lados. Por ejemplo las radios, ¡y los taxistas! Porque te digo una cosa: en este país, los taxistas son un instrumento ideológico. ¿Qué es el tacho ideológico? El tipo que mientras maneja te habla, te habla, te habla de cualquier cosa. Los tacheros se meten en política, y de repente te sacan un tema. "Voy a Talcahuano y Corrientes", le decís al tachero, y lo primero que te contesta es "Y… si llegamos, fíjese que están los piqueteros". Y uno no tiene ganas de hablar de eso, te tenés que hacer el burro. Con tacheros tengo varias. Una vez me subí a un auto y el tipo me habló de "esa negra infame", por Cristina. Otro día lo putearon a "ese tira bombas de Kunkel". Mirá, yo creo que hay una central que los adoctrina, una especie de Escuela de las Américas de tacheros (se ríe). El tacherismo, además, estuvo adoctrinado durante muchos años por Radio 10. Pero no sólo los taxistas son el problema, no nos olvidemos que durante la dictadura, los autos tenían pegada la calcomanía de que éramos derechos y humanos. Hay que preguntarse un poco por las convicciones de nuestro pueblo.
–En la época de la comunicación y las distancias que se acortan, sin embargo le das importancia a la militancia territorial, al trabajo de base. ¿Por qué?
–Porque creo que los medios no están en manos nuestras; los medios están en manos de todo el poder mediático. Y porque no le tengo mucho aprecio a Internet, me parece que es como una cloaquita. Te cuento mi caso: hay un tipo que se hace llamar José Pablo Feinmann, tiene como 10 mil abonados, e incluso me manda cosas a mí. En la red por ahí creés una cosa, y andá a saber qué es. ¡Y los foros, escribe cada tipo, son impunes! Una vez un tarado hizo un foro porque yo escribí una nota cuando se murieron (Ingmar) Bergman y (Michelángelo) Antonioni, diciendo cosas horribles de ellos. Resulta que abrieron un foro, y algunos estaban a favor de la nota. Lo increíble es que los que estaban en contra no argumentaban absolutamente nada, lo único que hacían era putear. Eso te demuestra el nivel de intolerancia y desconocimiento.
–¿Quién es para vos la "buena gente", como dijiste en el programa TVR?
–La gente buena es la gente que respeta los Derechos Humanos, la que quiere reducir la pobreza, los que escriben buenos libros, los profesores, los buenos periodistas, los que no se dejan comprar.
–¿Que opinás del cachetazo de Graciela Camaño a Carlos Kunkel?
–Eso es impotencia, un verdadero acto de impotencia. Cuando vos no tolerás lo que está diciendo el otro, y no se lo podés refutar hablando, reaccionás de esa manera. Una piña nunca es un acto de justicia, es un acto de desesperación. Un acto violento por el cual vos tratás de intimidar al otro para que no hable más. "Le cierro la boca de una trompada". No, lo que tenés que hacer es cerrarle la boca con argumentos. El Congreso es un recinto de la democracia, pero si vos vas y le das una piña a otro, ese lugar se convierte en el basural del barrio. No sé, esa mujer debe hacer artes marciales, porque mirá que hay que darle una piña a Kunkel (se ríe).
–¿Qué realidad imaginás en lo inmediato, teniendo en cuenta 2011 como año electoral y de reacomodamiento de piezas después de lo que pasó con Kirchner?
–Veo y deseo la reelección de Cristina, y la formación de un gabinete donde no falte Juan Manuel Abal Medina hijo, y al que Martín (Sabbatella) esté invitado, porque realmente es un tipo que demostró mucha inteligencia . Como decíamos antes: un tipo que conserva su identidad y a la vez no va a joder el proyecto. Quiero que siga ese proyecto, nacional, popular, autónomo, de soberanía, de intervención del Estado para que no haya injusticia social. Un proyecto donde el Estado no sea devorado por los poderosos, donde entregue créditos para que los pequeños puedan crecer, donde se impulse el desmantelamiento de todos los monopolios, donde se implemente la Ley de Medios, donde sigan desarrollándose los Derechos Humanos, y los juicios a los responsables de la dictadura. Te digo algo: la gente está enamorada de Cristina, por su entereza y por la manera en que siguió adelante.
lunes 27 de diciembre de 2010
Abro un cuaderno de mi hermano Luis
No puedo ver a Kirchner en 6 7 8 sin llorar. Imagínense lo que me sucede con mi hermano Luis. Hoy, por fin me atrevo a abrir uno de los cuadernos que me llevé de su casa, como albacea formal que soy de todos sus escritos para mayores (no para menores, que lo es Silvia Schujer) y apenas lo abro, encuentro este texto. No sé quien es” Tommy”. Solo recuerdo la pasión de Luis por la ópera-rock llamada así, por The Who y su cantante, cuyo nombre ahora se me escapa.
Me siento tocado porque el que alguna(s) veces(s) no pudo hablar soy yo. En cambio no sé que alguna vez le haya pasado a él. Posiblemente como resultado del entubamiento que le hizo polvo la traquea cuando tuvo un infarto en Córdoba y se salvó de pedo. Pero también cabe la posibilidad de que el escrito haya sido del 2007, el año en que murió. En cualquier caso parece una humorada. Triste, eso si.
Dice así:
Tommy:
Acá estoy, en silencio. Y la perspectiva es que no vuelva a hablar nunca. Cambios en el carácter. Todo lo que diga de ahora en más tiene que ser trascendente, agudo, irónico, medido. También sería bueno que corrigiera la letra para el caso de que tenga cosas más livianas que decir.
Es curioso esto de que ahora que no puedo hablar, la PC se haya descompuesto ¿Ido?
Cae la tarde y me acuerdo de la U-9. En ese entonces –y también hace cuatro meses– fumaba cuanto quería.
Tommy ¿can you hear me?

domingo 26 de diciembre de 2010
Charlie Moore refuta a Videla y Menéndez
Hablamos aqui ya bastante de Charlie Moore, el ex guerrillero del ERP que, secuestrado y torturado, aceptó colaborar con el D-2 de Córdoba, dirigido por el comisario Pedro Telleldín, y vio, entre otroas muchas cosas, como los policías a sus órdenes ponían bombas a rolete, secuestraban y mataban adolescentes (que a veces no tenían la menor militancia política pero que acaso hubieran violado) e incluso asesinaron a comisarios de la propia policía que se oponían a la tortura.
Ahora, desde Inglaterra, donde vive, Moore deshace con facilidad los intentos de Videla y Menéndez de justificar lo injustificable.
Ahora, desde Inglaterra, donde vive, Moore deshace con facilidad los intentos de Videla y Menéndez de justificar lo injustificable.
Obama, un chirolita del Pentágono y el complejo militar-industrial
De lectura ineludible.
Por Juan Gelman / Página 12
El sábado 28 de noviembre de 2009 Obama se reúne con miembros del Consejo Nacional de Seguridad a fin de diseñar su nueva estrategia para Afganistán. Los militares le presentan una sola opción: mandar más efectivos. El mandatario señala que no está cerrada la otra, la de establecer un plan de retirada, y el coronel de ejército John Tien expresa: “Sr. Presidente, no veo cómo puede usted desafiar a sus mandos militares. Porque si le dice al general McChrystal (entonces al mando de las tropas invasoras) ‘ya cuenta con recursos, pero decidí hacer otra cosa’, probablemente tendrá que reemplazarlo. Usted no le puede decir ‘hágalo a mi manera, gracias por su gran trabajo’. ¿Dónde acabaría esto?”.
El coronel Tien –agrega Woodward– no tuvo necesidad de explicar más. “Sus palabras implicaban que no sólo McChrystal sino también todo el alto mando militar podría rebelarse, Gates, el almirante Mike Mullen, el presidente del Estado Mayor y el general Petraeus, entonces jefe del comando central estadounidense. Tal vez ningún presidente podría resistir el embate, especialmente uno de 48 años de edad con cuatro años de senador y 10 meses de comandante en jefe.” Se conoce el final de la historia: tres días después, Obama anunció el envío de más tropas al país asiático.
Lyndon B. Johnson corrió suerte parecida. A él le tocó Vietnam. El asesinato de John Kennedy lo convirtió en presidente de EE.UU. en noviembre de 1963 y a pocas horas de asumir se le informó que la situación en Vietnam del Sur era más grave de lo que se podía suponer. El reconocido periodista Bill Moyers, que fue secretario de prensa de LBJ, grabó en secreto muchas conversaciones sostenidas entonces en la Casa Blanca y aun llamadas telefónicas del flamante presidente. Registró así las idas y venidas del mandatario, irresuelto sobre la conveniencia o no de escalar el conflicto.
Moyers relató que Johnson efectuaba consultas amplias dentro y fuera de la Casa Blanca (www.pbs.org, 201109) y venía resistiendo las presiones de líderes republicanos como Nixon y Goldwater: quería analizar la situación con cuidado y evaluar alternativas con su secretario de Defensa, Robert McNamara. El 2 de marzo de 1964 éste le presentó un memo urgente del Estado Mayor Conjunto que señalaba: “Impedir la caída de Vietnam del Sur es de suma importancia para Estados Unidos”.
Johnson no quiere ampliar la participación militar de EE.UU. en Vietnam, pero acaecen los dos incidentes del golfo de Tonkin que conducen a un enfrentamiento naval armado entre un buque norteamericano y lanchas lanzatorpedos norvietnamitas. LBJ acepta el aumento de tropas para combatir al Vietcong, aunque duda del origen del segundo choque que, como se descubrió después, fue una fabricación para forzarlo a tomar esa decisión.
Moyers da cuenta de las presiones del jefe del Pentágono y de la cúpula militar para lograr, como lograron, el incremento paulatino de efectivos. “Es difícil argumentar con los comandantes –es una frase grabada de LBJ–, porque en el fondo de mi pensamiento me inclino por una intervención muy limitada. Y no creo que los comandantes piensen lo mismo. En realidad, sé que no.” Cuando la guerra de Vietnam concluyó en 1975 con la derrota de EE.UU., habían participado en el conflicto dos millones y medio de militares norteamericanos y el número de bajas sufridas ascendía a casi 60.000. En tanto, las empresas armamentistas obtenían –como obtienen hoy– jugosos beneficios.
El general Dwight D. Eisenhower tenía plena conciencia de estos hechos. Lo preocupaban. En el discurso que pronunció el 17 de enero de 1961, al terminar su mandato presidencial, subrayó: “La conjunción de un inmenso aparato militar y de una vasta industria productora de armamento es nueva en la experiencia de EE.UU. Su influencia abarcadora –económica, política, incluso espiritual– se deja sentir en cada ciudad, cada Parlamento, cada oficina del gobierno federal..., debemos estar en guardia contra la adquisición de una influencia no autorizada por parte del complejo militar-industrial. El potencial del surgimiento desastroso de un poder indebido existe y persistirá”. No se equivocaba.
BOB WOODWARD REVELA PRESIONES MILITARES SOBRE OBAMA
¿Quién gobierna EE.UU.?
Quien gobierna realmente, dice Woodward, es el complejo militar-industrial, es decir el Pentágono y las grandes empresas productoras de armamento, a cuyo directorio suelen ingresar no pocos jefes militares cuando se retiran.
Por Juan Gelman / Página 12Bob Woodward, el periodista que desató el Watergate en compañía de Carl Bernstein, formula una respuesta a esa pregunta en su libro más reciente, Obama’s War (Simon & Schuster, Nueva York, 2010): ni el Poder Ejecutivo, ni el Poder Legislativo y menos el Judicial. Quien gobierna realmente, dice Woodward, es el complejo militar-industrial, es decir el Pentágono y las grandes empresas productoras de armamento, a cuyo directorio suelen ingresar no pocos jefes militares estadounidenses cuando se retiran. Leído el libro, Michael Moore espetó: “El título de ‘Comandante en Jefe’ (que detenta el presidente) es tan ceremonial como el de ‘Empleado del Mes’ del Burger King del barrio”. Léase lo que Obama’s War revela.
El sábado 28 de noviembre de 2009 Obama se reúne con miembros del Consejo Nacional de Seguridad a fin de diseñar su nueva estrategia para Afganistán. Los militares le presentan una sola opción: mandar más efectivos. El mandatario señala que no está cerrada la otra, la de establecer un plan de retirada, y el coronel de ejército John Tien expresa: “Sr. Presidente, no veo cómo puede usted desafiar a sus mandos militares. Porque si le dice al general McChrystal (entonces al mando de las tropas invasoras) ‘ya cuenta con recursos, pero decidí hacer otra cosa’, probablemente tendrá que reemplazarlo. Usted no le puede decir ‘hágalo a mi manera, gracias por su gran trabajo’. ¿Dónde acabaría esto?”.
El coronel Tien –agrega Woodward– no tuvo necesidad de explicar más. “Sus palabras implicaban que no sólo McChrystal sino también todo el alto mando militar podría rebelarse, Gates, el almirante Mike Mullen, el presidente del Estado Mayor y el general Petraeus, entonces jefe del comando central estadounidense. Tal vez ningún presidente podría resistir el embate, especialmente uno de 48 años de edad con cuatro años de senador y 10 meses de comandante en jefe.” Se conoce el final de la historia: tres días después, Obama anunció el envío de más tropas al país asiático.
Lyndon B. Johnson corrió suerte parecida. A él le tocó Vietnam. El asesinato de John Kennedy lo convirtió en presidente de EE.UU. en noviembre de 1963 y a pocas horas de asumir se le informó que la situación en Vietnam del Sur era más grave de lo que se podía suponer. El reconocido periodista Bill Moyers, que fue secretario de prensa de LBJ, grabó en secreto muchas conversaciones sostenidas entonces en la Casa Blanca y aun llamadas telefónicas del flamante presidente. Registró así las idas y venidas del mandatario, irresuelto sobre la conveniencia o no de escalar el conflicto.
Moyers relató que Johnson efectuaba consultas amplias dentro y fuera de la Casa Blanca (www.pbs.org, 201109) y venía resistiendo las presiones de líderes republicanos como Nixon y Goldwater: quería analizar la situación con cuidado y evaluar alternativas con su secretario de Defensa, Robert McNamara. El 2 de marzo de 1964 éste le presentó un memo urgente del Estado Mayor Conjunto que señalaba: “Impedir la caída de Vietnam del Sur es de suma importancia para Estados Unidos”.
Johnson no quiere ampliar la participación militar de EE.UU. en Vietnam, pero acaecen los dos incidentes del golfo de Tonkin que conducen a un enfrentamiento naval armado entre un buque norteamericano y lanchas lanzatorpedos norvietnamitas. LBJ acepta el aumento de tropas para combatir al Vietcong, aunque duda del origen del segundo choque que, como se descubrió después, fue una fabricación para forzarlo a tomar esa decisión.
Moyers da cuenta de las presiones del jefe del Pentágono y de la cúpula militar para lograr, como lograron, el incremento paulatino de efectivos. “Es difícil argumentar con los comandantes –es una frase grabada de LBJ–, porque en el fondo de mi pensamiento me inclino por una intervención muy limitada. Y no creo que los comandantes piensen lo mismo. En realidad, sé que no.” Cuando la guerra de Vietnam concluyó en 1975 con la derrota de EE.UU., habían participado en el conflicto dos millones y medio de militares norteamericanos y el número de bajas sufridas ascendía a casi 60.000. En tanto, las empresas armamentistas obtenían –como obtienen hoy– jugosos beneficios.
El general Dwight D. Eisenhower tenía plena conciencia de estos hechos. Lo preocupaban. En el discurso que pronunció el 17 de enero de 1961, al terminar su mandato presidencial, subrayó: “La conjunción de un inmenso aparato militar y de una vasta industria productora de armamento es nueva en la experiencia de EE.UU. Su influencia abarcadora –económica, política, incluso espiritual– se deja sentir en cada ciudad, cada Parlamento, cada oficina del gobierno federal..., debemos estar en guardia contra la adquisición de una influencia no autorizada por parte del complejo militar-industrial. El potencial del surgimiento desastroso de un poder indebido existe y persistirá”. No se equivocaba.
La neutralidad de internet en peligro
Neutralidad en riesgo
Por Mariano Blejman/ Página 12
Imagen: Sandra Cartasso.
¿Qué pasaría si, por culpa de los proveedores de Internet, algunas páginas anduvieran más rápido que otras? ¿O si los proveedores pudieran cobrar por cada web por separado? ¿Qué tal un combo: Google + Hotmail + YouTube por U$S 25? Y si quiere usar Skype son U$S 5 más por mes. ¿Sería esto posible? ¿Sería posible que Internet se convierta en algo parecido a un sistema de televisión por cable? Hasta ahora, la fuerza de la red ha estado en que cualquier persona puede crear o visitar una página, y esta puede ser usada por cualquier usuario en el mundo a una velocidad similar. Eso suele llamarse “neutralidad de la red”: el concepto refiere a que los proveedores de Internet deben tratar de igual manera a todos los tipos de datos que se mueven por la red. Cualquier página, servicio o protocolo debería viajar a la misma velocidad desde y hacia las computadoras de los usuarios.
Esa posibilidad de que cualquier servicio sea considerado de la misma manera por quienes dan acceso a Internet ha permitido que empresas pequeñas pasen a ser grandes corporaciones. En esa característica se ha basado la cultura de las nuevas empresas de Internet, las llamadas start-ups. Google, por ejemplo, pasó de ser un buscador con un buen algoritmo a un gigante informático en pocos años, gracias a que nadie le impidió el acceso a millones de usuarios. Facebook pasó de ser una red social de los estudiantes de Harvard a convertirse en una plataforma de 550 millones de usuarios gracias a que, básicamente, estaba en Internet. Pero la neutralidad de Internet está en el ojo de la tormenta, desde que hace unos meses Google y Verizon (empresa proveedora móvil de Internet en Estados Unidos) anunciaron un acuerdo de mutua conveniencia específicamente aplicada a dispositivos móviles. Es decir, según anunció tiempo atrás el diario The New York Times, presuntamente a cambio de una buena suma de dinero, Verizon les daría prioridad a los servicios de Google. Es decir, si alguien usara un teléfono inteligente para conectarse a Internet a través del proveedor Verizon (símil de Claro, Personal o Movistar, en Argentina) los servicios de Google irían más rápido que los de Yahoo! o Hotmail. Y, es sabido, que la velocidad es el bien más preciado del capitalismo. Google declaró que el acuerdo se iba a aplicar a los accesos móviles (3g), mientras que se comprometía a sostener la neutralidad para las conexiones por tierra.
Durante su campaña, Barack Obama se comprometió a defender la neutralidad de Internet. Después de un año de duro debate, el martes pasado la Federal Communications Commission de Estados Unidos (FCC) compuesta por cinco miembros aprobó un acta para “preservar Internet como una red abierta que les permita a los consumidores elegir, tener libertad de expresión, control de los usuarios, competitividad y la libertad de innovar”. El acta no contentó a casi nadie. Ni a los republicanos defensores del libre mercado, que (salvo cuando se trata de sus Bancos en default) defienden la desregulación a ultranza, ni a los organismos a favor de la “neutralidad” de Internet.
Veamos los argumentos por el lado de los republicanos: el columnista John Fund del diario The Wall Street Journal trató a la votación como un “golpe de la neutralidad de internet” (aunque una mejor traducción sería: golpe de Estado de la neutralidad de Internet) y acusó a los lobbistas “liberales de izquierda” de haberse urgido con la victoria, contra la pérdida de los consumidores que “verán disminuidas la innovación y la inversión, por regulaciones que tratan a Internet como una utilidad pública”. Para Fund no existe evidencia alguna de que “el público esté demandando este tipo de reglas” y el jefe de la FCC Julius Genachowski no es otra cosa que un amigo de la infancia de Obama. En su columna paranoide-antimarxista, Fund desmenuza escandalizado una serie de declaraciones de lobbistas a favor de la neutralidad de Internet como Robert McChesney (de la organización Free Press), que habló para el sitio de SocialistProject en 2009 y en el periódico mensual marxista Monthly Review declaró: “Cualquier esfuerzo serio para reformar el sistema de medios tiene que ser parte de un programa revolucionario que cambie el sistema capitalista”. Los republicanos intentarán tumbar el acta en el nuevo congreso, donde tienen mayoría. Según el acta de la FCC, el éxito de Internet tiene que ver con “la ausencia de un guardián que bloquee usos legales o que permita elegir ganadores y perdedores on line. Los consumidores y los innovadores no tienen que pedir permiso antes usar Internet para lanzar nuevas tecnologías, comenzar negocios, conectarse con sus amigos o compartir sus puntos de vista”.
Sin embargo, desde la vereda ideológica opuesta, los organismos que bregan por la libertad de información en Internet han advertido sobre el “caballo de Troya” que puede ser el acta. Antes de la votación, Corynne McSherry de la Electronic Frontier Foundation, advertía sobre la “vulnerabilidad” de la FCC ante las grandes operadoras como AT&T y Comcast.
Pero bastante más lejos de los organismos militantes, y más cerca del mercado editorial, el periodista MG Siegler de TechCrunch se preguntaba si Google o Verizon se habían salido con la suya o en realidad el propio ente había traicionado a los votantes de Obama. En uno de los últimos párrafos del acta, bajo el subtítulo: “Pasos mesurados para la banda ancha móvil”, la FCC dejó la puerta abierta para que Internet pierda su neutralidad en conexiones por red móvil. El argumento es tan absurdo como inverosímil y se resume así: “No impusimos regulaciones estrictas en las comunicaciones inalámbricas porque Android –el sistema operativo para teléfonos de Google– es un sistema abierto.” El extraño argumento para no defender la neutralidad de Internet en la telefonía móvil es que existe una mayor oferta de proveedores de servicios móviles en el mercado y sistemas operativos como Android que son “abiertos”, es decir que pueden ser modificados “libremente”.
La argumentación es tan absurda que para los sitios TechCrunch, Engadget y Daring Fireball la inclusión de la palabra “Android” y “AT&T” en el acta suena más a lobby furibundo de las corporaciones que a un intento de mesura en función del cambiante mercado estadounidense. Es como decir que una computadora andará más rápido en Internet si usa un sistema operativo en vez de otro, independientemente del tipo de conexión que se tenga. Así las cosas, el caballo de Troya de la extraña regulación está empezando a desembarcar.
Twitter: @blejman
Un buen chiste de abogados
En Inglaterra un reo estaba siendo juzgado por asesinato. Había evidencias indiscutibles sobre la culpa del reo, pero el cadáver no aparecía. Casi al final de su alegato, el abogado, temeroso de que su cliente fuese condenado, recurrió a un truco:
-Señoras y señores del jurado, señor Juez, tengo una sorpresa para todos",dijo el abogado, mirando hacia su reloj.
Dentro de dos minutos, la persona que aquí se presume asesinada, entrará en la sala de este Tribunal. Y miró hacia la puerta.
Los jueces, sorprendidos, también ansiosos, se quedaron mirando a la puerta. Transcurrieron dos largos minutos y nada sucedió.
El abogado, entonces, finalizó diciendo:
-Realmente, dije eso y todos ustedes miraron hacia la puerta con la expectativa de ver a la supuesta víctima.
Por lo tanto, quedó claro que todos tienen dudas en este caso, de que alguien realmente haya sido asesinado. Por eso insisto para que ustedes consideren a mi cliente inocente". (In dubio pro reo).
Los jurados, visiblemente sorprendidos, se retiraron para la decisión final.
Algunos minutos después, el jurado volvió y pronunció su veredicto: - ¡Culpable!
-¿Pero cómo? -preguntó el abogado- yo vi a todos ustedes mirar fijamente hacia la puerta ¡Es para concluir que estaban con dudas! ¿Cómo condenan con duda?
Y el juez aclaró:
-Sí, todos nosotros miramos hacia la puerta, menos su cliente.
MORALEJA:
NO SIRVE DE NADA SER UN BUEN ABOGADO SI EL CLIENTE ES TONTO.
Gracias, Osvaldo.
-Señoras y señores del jurado, señor Juez, tengo una sorpresa para todos",dijo el abogado, mirando hacia su reloj.
Dentro de dos minutos, la persona que aquí se presume asesinada, entrará en la sala de este Tribunal. Y miró hacia la puerta.
Los jueces, sorprendidos, también ansiosos, se quedaron mirando a la puerta. Transcurrieron dos largos minutos y nada sucedió.
El abogado, entonces, finalizó diciendo:
-Realmente, dije eso y todos ustedes miraron hacia la puerta con la expectativa de ver a la supuesta víctima.
Por lo tanto, quedó claro que todos tienen dudas en este caso, de que alguien realmente haya sido asesinado. Por eso insisto para que ustedes consideren a mi cliente inocente". (In dubio pro reo).
Los jurados, visiblemente sorprendidos, se retiraron para la decisión final.
Algunos minutos después, el jurado volvió y pronunció su veredicto: - ¡Culpable!
-¿Pero cómo? -preguntó el abogado- yo vi a todos ustedes mirar fijamente hacia la puerta ¡Es para concluir que estaban con dudas! ¿Cómo condenan con duda?
Y el juez aclaró:
-Sí, todos nosotros miramos hacia la puerta, menos su cliente.
MORALEJA:
NO SIRVE DE NADA SER UN BUEN ABOGADO SI EL CLIENTE ES TONTO.
Gracias, Osvaldo.
Hay tanto para festejar
Lo manda Ana Lorenzo. Me siento totalmente identificado por lo que lo distribuyo como propio. JS
Queridos compañeros:
Y, sí, esta Navidad es más feliz que la anterior. Hagamos votos para que sea menos que la próxima.
Como el tango: "hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana"...
Cariños
Ana
Di Nizo, un cana distinto
Tal como lo recibí.
Por Ricardo Moura
(...)
Fue en el ’84, cuando pisé suelo argentino por primera vez en doce años, fui a sacar un nuevo pasaporte, y me encontré con que tenía una citación de Interpol. Subí a ver de qué se trataba ─en esos tiempos funcionaba en el mismo edificio del Departamento Central de Policía donde se hacían los pasaportes─: Me atendió un oficial joven, de apellido Di Nizo, que de entrada me pareció atípico por lo amable y nada autoritario, quien me explicó ─agárrensén─ que tenía un pedido de extradición a España, por un delito grave del que se me acusaba. No alcancé a leer el expediente, pero ahí estaba, sobre su escritorio, notoriamente con MI foto, la que reconocí como la misma del pasaporte que había obtenido en los ‘70 en el Consulado Argentino en Barcelona.
Conmocionado como es de imaginar, alcancé apreguntar en qué fechas se había cometido el supuesto delito, y empecé a pensar en dónde andaría yo por esos tiempos…
─No lo puedo asegurar de memoria ─le dije─, pero, teniendo en cuenta que mi hija nació en Londres en Abril de ese mismo año, es posible que para entonces yo ya estuviera en Inglaterra, donde viví cinco años.
─¿Y eso lo puede comprobar? ─preguntó.
─Puedo buscar mi anterior pasaporte ─pensé─, y ahí debe estar el sello de entrada con la fecha, ¿no?
─Bueno, búsquelo, me lo trae, y yo haré lo necesario para comprobarlo ─contestó en su tono siempre amable.
Lo hice ─efectivamente, la fecha en el sello era anterior al hecho, por ende yo ya no estaba en España al momento del delito─, se lo llevé, fotocopió, y explicó que él debía pedir confirmación a la autoridad británica, y que eso podía “demorar un tiempo”. Como yo necesitaba el nuevo pasaporte para viajar pronto al Perú, me dio el teléfono directo al que lo podía llamar para enterarme en cuanto llegaran los informes: Tantas veces lo llamé —a diario, creo— que ya me reconocía la voz y en cuanto descolgaba saludaba “Qué tal Moura”. Hasta que un día me dijo que había novedades y “me diera una vuelta” a verlo.
─los ingleses dicen que no guardan archivos migratorios más de diez años, por lo que no pueden confirmar ni desmentir la autenticidad del sello ─explicó, agregando─: “Por lo tanto, yo le tengo que dar el beneficio de la duda. Puede ser una homonimia, que las hay más a menudo de lo que se cree”.
Pero entonces fue cuando me sorprendió —por esto lo de doblemente excepcional— preguntando si yo tenía acceso a abogados en España, que pudieran ocuparse para evitar que yo fuera a tener problemas el día que quisiera viajar para allá ─importante, considerando que mi hija entonces residía, justamente, en Barcelona─.
─¿Abogados en España? ─debo haber exclamado─, eso debe ser carísimo… imposible.
─Bueno, entonces ─dijo─, no se preocupe: “Yo no seré tan rápido y eficiente como un abogado caro allá, pero usted confíe en mí, que aunque tarde un tiempo, se lo arreglo”.
¡Y lo debe haber hecho! porque cuando al fin, tiempo después, fui a España, lo primero que hice fue solicitar un certificado de antecedentes y ahí estaba, limpiecito.
¿Se dan cuenta por qué me sorprendió tanto? Otra vez, pido una pausa para hacer memoria y pensar a cuántos “canas” han conocido que, además de hacer bien su trabajo, vayan más allá, pre-y ocupándose de problemas ajenos que no tienen absolutamente ninguna obligación de resolver, más aún, que lo hagan sin que siquiera se lo hayan pedido expresamente. Yo, que por haber hecho la colimba como “Agente del Decreto” en una comisaría, conocí de cerca bastantes policías, digo que ninguno era así como éste.
Pues bien, —y ésta es la muy BUENA NUEVA—: Este mismo oficial, este “BUEN CANA”, que años más tarde llegara a Jefe de una Interpol que condujo con no pocos éxitos resonantes, acaba de ser nombrado nada menos que Subjefe de la Federal, acompañando a otro Comisario, Enrique Capdevila, a quien no conozco pero cuyos antecedentes lo colocan, como a Di Nizo, entre los seguramente pocos canas solidarios que tenemos.
¿No es para alegrarse ─y mucho─, que la Ministra Garré haya comenzado la tan necesaria como difícil reforma de nuestra Policía, nombrando al frente a esta dupla que, esperemos, sea el ejemplo que cunda entre sus filas y haya muchos más como ellos?
Pensando en, saludando y agradeciendo a estos hombres de buena voluntad, Carlos y Di Nizo, es que alzo mi copa en estas Fiestas.
¡FELICES FIESTAS PARA TODOS! ─menos racistas y xenófobos, para Hadad sólo desprecio─.
Ricardo Moura.
Por Ricardo Moura
(...)
Fue en el ’84, cuando pisé suelo argentino por primera vez en doce años, fui a sacar un nuevo pasaporte, y me encontré con que tenía una citación de Interpol. Subí a ver de qué se trataba ─en esos tiempos funcionaba en el mismo edificio del Departamento Central de Policía donde se hacían los pasaportes─: Me atendió un oficial joven, de apellido Di Nizo, que de entrada me pareció atípico por lo amable y nada autoritario, quien me explicó ─agárrensén─ que tenía un pedido de extradición a España, por un delito grave del que se me acusaba. No alcancé a leer el expediente, pero ahí estaba, sobre su escritorio, notoriamente con MI foto, la que reconocí como la misma del pasaporte que había obtenido en los ‘70 en el Consulado Argentino en Barcelona.
Conmocionado como es de imaginar, alcancé apreguntar en qué fechas se había cometido el supuesto delito, y empecé a pensar en dónde andaría yo por esos tiempos…
─No lo puedo asegurar de memoria ─le dije─, pero, teniendo en cuenta que mi hija nació en Londres en Abril de ese mismo año, es posible que para entonces yo ya estuviera en Inglaterra, donde viví cinco años.
─¿Y eso lo puede comprobar? ─preguntó.
─Puedo buscar mi anterior pasaporte ─pensé─, y ahí debe estar el sello de entrada con la fecha, ¿no?
─Bueno, búsquelo, me lo trae, y yo haré lo necesario para comprobarlo ─contestó en su tono siempre amable.
Lo hice ─efectivamente, la fecha en el sello era anterior al hecho, por ende yo ya no estaba en España al momento del delito─, se lo llevé, fotocopió, y explicó que él debía pedir confirmación a la autoridad británica, y que eso podía “demorar un tiempo”. Como yo necesitaba el nuevo pasaporte para viajar pronto al Perú, me dio el teléfono directo al que lo podía llamar para enterarme en cuanto llegaran los informes: Tantas veces lo llamé —a diario, creo— que ya me reconocía la voz y en cuanto descolgaba saludaba “Qué tal Moura”. Hasta que un día me dijo que había novedades y “me diera una vuelta” a verlo.
─los ingleses dicen que no guardan archivos migratorios más de diez años, por lo que no pueden confirmar ni desmentir la autenticidad del sello ─explicó, agregando─: “Por lo tanto, yo le tengo que dar el beneficio de la duda. Puede ser una homonimia, que las hay más a menudo de lo que se cree”.
Pero entonces fue cuando me sorprendió —por esto lo de doblemente excepcional— preguntando si yo tenía acceso a abogados en España, que pudieran ocuparse para evitar que yo fuera a tener problemas el día que quisiera viajar para allá ─importante, considerando que mi hija entonces residía, justamente, en Barcelona─.
─¿Abogados en España? ─debo haber exclamado─, eso debe ser carísimo… imposible.
─Bueno, entonces ─dijo─, no se preocupe: “Yo no seré tan rápido y eficiente como un abogado caro allá, pero usted confíe en mí, que aunque tarde un tiempo, se lo arreglo”.
¡Y lo debe haber hecho! porque cuando al fin, tiempo después, fui a España, lo primero que hice fue solicitar un certificado de antecedentes y ahí estaba, limpiecito.
¿Se dan cuenta por qué me sorprendió tanto? Otra vez, pido una pausa para hacer memoria y pensar a cuántos “canas” han conocido que, además de hacer bien su trabajo, vayan más allá, pre-y ocupándose de problemas ajenos que no tienen absolutamente ninguna obligación de resolver, más aún, que lo hagan sin que siquiera se lo hayan pedido expresamente. Yo, que por haber hecho la colimba como “Agente del Decreto” en una comisaría, conocí de cerca bastantes policías, digo que ninguno era así como éste.
Pues bien, —y ésta es la muy BUENA NUEVA—: Este mismo oficial, este “BUEN CANA”, que años más tarde llegara a Jefe de una Interpol que condujo con no pocos éxitos resonantes, acaba de ser nombrado nada menos que Subjefe de la Federal, acompañando a otro Comisario, Enrique Capdevila, a quien no conozco pero cuyos antecedentes lo colocan, como a Di Nizo, entre los seguramente pocos canas solidarios que tenemos.
¿No es para alegrarse ─y mucho─, que la Ministra Garré haya comenzado la tan necesaria como difícil reforma de nuestra Policía, nombrando al frente a esta dupla que, esperemos, sea el ejemplo que cunda entre sus filas y haya muchos más como ellos?
Pensando en, saludando y agradeciendo a estos hombres de buena voluntad, Carlos y Di Nizo, es que alzo mi copa en estas Fiestas.
¡FELICES FIESTAS PARA TODOS! ─menos racistas y xenófobos, para Hadad sólo desprecio─.
Ricardo Moura.
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