----- Mensaje reenviado -----
De: nestor jose lafleur <nestorlafleur@hotmail.com>
Un debate necesario al interior del Movimiento popular.
Transcribo el artículo, y comento/opino al final.
Regalarle títulos a la prensa hegemónica, intentar esmerilar la relación entre la presidenta y los trabajadores a menos de un mes de las elecciones no parece una política madura por parte de algunos dirigentes obreros.
Un debate necesario al interior del Movimiento popular.
Dice Hernán Brienza : "...en la Argentina de hoy, profundizar el modelo es ser leal a la conducción del movimiento, es decir, a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner."Me pregunto ¿es solo eso? ¿no será mucho identificar lealtad con mero seguidismo?.
Transcribo el artículo, y comento/opino al final.
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El verticalismo es un fantasma insepulto.
Lealtad o pirotecnia discursiva
HERNÁN BRIENZA / TIEMPO ARGENTINORegalarle títulos a la prensa hegemónica, intentar esmerilar la relación entre la presidenta y los trabajadores a menos de un mes de las elecciones no parece una política madura por parte de algunos dirigentes obreros.
Quizás el peor error de los tantos que cometió la izquierda peronista en el '73, tras el regreso de Juan Domingo Perón, es el de haber caracterizado mal la etapa que se avecinaba en el mundo, en Latinoamérica y se cernía sobre la Argentina. Convencidos de que soplaban vientos revolucionarios y de que era posible la creación del Hombre Nuevo, se lanzó a generar las condiciones subjetivas de la revolución, sin importar lo que ocurriera con los resultados. Tensar la cuerda la llevó a perder la comunicación con el conductor, y finalmente, al desencuentro y al debilitamiento de todo el proceso de liberación nacional iniciado el 11 de marzo de ese tremebundo año.
Más allá de las caracterizaciones ideológicas que puedan hacerse teórica o abstractamente sobre el Perón del regreso –sin dudas ya era un hombre del orden más que de la Revolución–, pero era justamente él quien sabía en qué medida y con armonía se iba a llevar adelante la concreción del proyecto nacional en función de los tiempos que corrían en el globo. Fue Perón el que supo que Richard Nixon y el inefable Henry Kissinger iban a sembrar el continente de dictaduras militares. Fue Perón el que se dio cuenta y lo escribió en una carta al general chileno Carlos Prats –asesinado después por la dictadura militar– de que Estados Unidos no iba a permitir otro enclave nacional y popular: "Reconozcamos que una de las causas principales de los duros reveses sufridos por las fuerzas democráticas de América Latina reside en no apreciar debidamente el rol de los Estados Unidos, responsables de la mayoría de los golpes de Estado. Sus manos están manchadas con la sangre de miles y miles de latinoamericanos caídos en la lucha por la libertad y la independencia. No hay un solo país latinoamericano que no haya sufrido la intromisión descarada de los monopolios estadounidenses, verdaderos ejecutores de la política exterior de su país. Se equivocan los que afirman que respecto de los Estados Unidos estamos viviendo un período de calma. Y qué calma es esta cuando están realizando toda clase de actividades secretas, soborno de políticos y funcionarios gubernamentales, asesinatos políticos, actos de sabotaje, fomento del mercado negro y penetración en todas las esferas de la vida política, económica y social. Sobre nuestros países vuelan los aviones militares estadounidenses, mientras nuestro suelo permanece en poder de sus monopolios, con bases militares. Y a esto se añaden centenas de establecimientos menores, como estaciones meteorológicas, o sismológicas, capaces de convertirse en centros de terrorismo y agresión."
Fue Perón el que comprendió el mensaje de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973, y el que comprendió las incidencias de la crisis del petróleo en las economías emergentes. La izquierda, tanto peronista como perreteísta, claro, estaban convencidos de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Hasta Fidel Castro se daba cuenta de que eran tiempos más proclives a las "lealtades" que a las "profundizaciones". En una carta a Mario Santucho, el líder cubano le contestó unos meses más tarde, cuando Robi le pidió ayuda económica y militar: "¿Cómo es eso, chico, de una guerrilla rural en pleno gobierno democrático?". Fue el conductor, en síntesis, quien tenía la estrategia acertada para el momento histórico que se avecinaba. La premisa era mantener el Pacto Social –el plan económico más progresista entre 1955 y 2003– y evitar un último golpe militar. ¿Por qué? Porque como él mismo respondió: "Si alguna vez llegase a haber otro golpe, el pueblo quedará tan derrotado que la vuelta constitucional servirá solamente para garantizar, con el voto popular, los intereses del imperialismo y de sus cipayos nativos."
No era la primera vez que Perón debía poner freno a los apresurados. El otro momento fue durante el polémico Congreso de la Productividad que en 1954 y 1955 lo enfrentó al Movimiento Obrero Organizado que exigía no perder posiciones en sus ganancias sectoriales.
Nadie puede negar que los reclamos de la CGT no fueran justos ni tuvieran un componente social con el que cualquiera se sintiera identificado. Sin embargo, hizo patente el debilitamiento del poder del propio Perón, que intentó firmar un Pacto Social para impedir que los poderes concentrados de la Argentina no avanzaran como lo hicieron finalmente en junio-septiembre de 1955 y tras el golpe. Otra vez, el conductor miraba todas las fichas del tablero, mientras otros actores –industriales y sindicalistas– sólo defendían sus propios intereses sectoriales.
Nadie pretende que la política no sea confrontación y conflicto. Nadie en su sano juicio puede creer que sólo se trate de un dechado de buenas intenciones. Tampoco se cree que los intereses nacionales estén representados por un sector como el empresariado, que cuando tuvo oportunidades enajenó su patrimonio y se travistió en importadores o ahorró en dólares en el exterior, o aumentó brutalmente sus ganancias aprovechando el ejército de reservas que significó la desocupación en los años noventa. Seguramente, no estarán nunca a la altura histórica de liderar un proceso de integración social y nacional que lleve a la Argentina al lugar donde muchos –no sin exagerada fe y optimismo- creemos que puede llegar a estar. Pero si la conductora del movimiento nacional y popular Cristina Fernández de Kirchner considera que es tiempo de no apresurar, debería tener el voto de confianza, no sólo de ese más del 50% de la población que está dispuesto a votarla, sino también de las organizaciones sindicales. Regalarle títulos a la prensa hegemónica, intentar esmerilar la relación entre la presidenta y los trabajadores a menos de un mes de las elecciones no parece una política madura por parte de algunos dirigentes obreros.
Perón escribió en Conducción política: "En el arte de la conducción hay sólo una cosa cierta. Las empresas se juzgan por los éxitos, por sus resultados. Podríamos decir nosotros: ¡Qué maravillosa conducción!, pero si fracasó, ¿de qué sirve? La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde. Y no hay otra cosa que hacer. La suprema elocuencia de la conducción está en que si es buena, resulta, y si es mala, no resulta. Y es mala porque no resulta y es buena porque resulta. Juzgamos todo empíricamente por sus resultados. Todas las demás consideraciones son inútiles."
¿Hay algún sector del peronismo –territorial, sindical, partidario– capaz de obtener en las próximas elecciones más del 50% de los votos y llevar a una indiscutible victoria al movimiento nacional y popular con esa legitimidad? No, ¿verdad? Bueno, entonces habrá que admitir que la estrategia utilizada por la conductora es la acertada. ¿Existe el miedo de que la presidenta vire a la "derecha"? O sea, ¿la sospecha es que la presidenta que quiso instalar la 125, que nacionalizó Aerolíneas Argentinas y las AFJP, que decretó la Asignación Universal por Hijo, que profundizó el programa de paritarias, que creó el plan Conectar Igualdad, que mejoró todos los índices sociales pueda intentar frenar la profundización del modelo nacional y popular? No sé por qué, pero me recuerda al gordo que en la platea de Boca, comiéndose una choripán colesteroloso, le grita a Riquelme "Corré, fracasado".
Sabrán disculpar la poca elegancia que tiene este final categórico; pero en la Argentina de hoy, profundizar el modelo es ser leal a la conducción del movimiento, es decir, a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Lo demás, las apelaciones a la abstracción del "modelo nacional y popular" o al recuerdo lúcido de Néstor Kirchner, no es otra cosa que poco más que pirotecnia discursiva.
Más allá de las caracterizaciones ideológicas que puedan hacerse teórica o abstractamente sobre el Perón del regreso –sin dudas ya era un hombre del orden más que de la Revolución–, pero era justamente él quien sabía en qué medida y con armonía se iba a llevar adelante la concreción del proyecto nacional en función de los tiempos que corrían en el globo. Fue Perón el que supo que Richard Nixon y el inefable Henry Kissinger iban a sembrar el continente de dictaduras militares. Fue Perón el que se dio cuenta y lo escribió en una carta al general chileno Carlos Prats –asesinado después por la dictadura militar– de que Estados Unidos no iba a permitir otro enclave nacional y popular: "Reconozcamos que una de las causas principales de los duros reveses sufridos por las fuerzas democráticas de América Latina reside en no apreciar debidamente el rol de los Estados Unidos, responsables de la mayoría de los golpes de Estado. Sus manos están manchadas con la sangre de miles y miles de latinoamericanos caídos en la lucha por la libertad y la independencia. No hay un solo país latinoamericano que no haya sufrido la intromisión descarada de los monopolios estadounidenses, verdaderos ejecutores de la política exterior de su país. Se equivocan los que afirman que respecto de los Estados Unidos estamos viviendo un período de calma. Y qué calma es esta cuando están realizando toda clase de actividades secretas, soborno de políticos y funcionarios gubernamentales, asesinatos políticos, actos de sabotaje, fomento del mercado negro y penetración en todas las esferas de la vida política, económica y social. Sobre nuestros países vuelan los aviones militares estadounidenses, mientras nuestro suelo permanece en poder de sus monopolios, con bases militares. Y a esto se añaden centenas de establecimientos menores, como estaciones meteorológicas, o sismológicas, capaces de convertirse en centros de terrorismo y agresión."
Fue Perón el que comprendió el mensaje de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973, y el que comprendió las incidencias de la crisis del petróleo en las economías emergentes. La izquierda, tanto peronista como perreteísta, claro, estaban convencidos de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Hasta Fidel Castro se daba cuenta de que eran tiempos más proclives a las "lealtades" que a las "profundizaciones". En una carta a Mario Santucho, el líder cubano le contestó unos meses más tarde, cuando Robi le pidió ayuda económica y militar: "¿Cómo es eso, chico, de una guerrilla rural en pleno gobierno democrático?". Fue el conductor, en síntesis, quien tenía la estrategia acertada para el momento histórico que se avecinaba. La premisa era mantener el Pacto Social –el plan económico más progresista entre 1955 y 2003– y evitar un último golpe militar. ¿Por qué? Porque como él mismo respondió: "Si alguna vez llegase a haber otro golpe, el pueblo quedará tan derrotado que la vuelta constitucional servirá solamente para garantizar, con el voto popular, los intereses del imperialismo y de sus cipayos nativos."
No era la primera vez que Perón debía poner freno a los apresurados. El otro momento fue durante el polémico Congreso de la Productividad que en 1954 y 1955 lo enfrentó al Movimiento Obrero Organizado que exigía no perder posiciones en sus ganancias sectoriales.
Nadie puede negar que los reclamos de la CGT no fueran justos ni tuvieran un componente social con el que cualquiera se sintiera identificado. Sin embargo, hizo patente el debilitamiento del poder del propio Perón, que intentó firmar un Pacto Social para impedir que los poderes concentrados de la Argentina no avanzaran como lo hicieron finalmente en junio-septiembre de 1955 y tras el golpe. Otra vez, el conductor miraba todas las fichas del tablero, mientras otros actores –industriales y sindicalistas– sólo defendían sus propios intereses sectoriales.
Nadie pretende que la política no sea confrontación y conflicto. Nadie en su sano juicio puede creer que sólo se trate de un dechado de buenas intenciones. Tampoco se cree que los intereses nacionales estén representados por un sector como el empresariado, que cuando tuvo oportunidades enajenó su patrimonio y se travistió en importadores o ahorró en dólares en el exterior, o aumentó brutalmente sus ganancias aprovechando el ejército de reservas que significó la desocupación en los años noventa. Seguramente, no estarán nunca a la altura histórica de liderar un proceso de integración social y nacional que lleve a la Argentina al lugar donde muchos –no sin exagerada fe y optimismo- creemos que puede llegar a estar. Pero si la conductora del movimiento nacional y popular Cristina Fernández de Kirchner considera que es tiempo de no apresurar, debería tener el voto de confianza, no sólo de ese más del 50% de la población que está dispuesto a votarla, sino también de las organizaciones sindicales. Regalarle títulos a la prensa hegemónica, intentar esmerilar la relación entre la presidenta y los trabajadores a menos de un mes de las elecciones no parece una política madura por parte de algunos dirigentes obreros.
Perón escribió en Conducción política: "En el arte de la conducción hay sólo una cosa cierta. Las empresas se juzgan por los éxitos, por sus resultados. Podríamos decir nosotros: ¡Qué maravillosa conducción!, pero si fracasó, ¿de qué sirve? La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde. Y no hay otra cosa que hacer. La suprema elocuencia de la conducción está en que si es buena, resulta, y si es mala, no resulta. Y es mala porque no resulta y es buena porque resulta. Juzgamos todo empíricamente por sus resultados. Todas las demás consideraciones son inútiles."
¿Hay algún sector del peronismo –territorial, sindical, partidario– capaz de obtener en las próximas elecciones más del 50% de los votos y llevar a una indiscutible victoria al movimiento nacional y popular con esa legitimidad? No, ¿verdad? Bueno, entonces habrá que admitir que la estrategia utilizada por la conductora es la acertada. ¿Existe el miedo de que la presidenta vire a la "derecha"? O sea, ¿la sospecha es que la presidenta que quiso instalar la 125, que nacionalizó Aerolíneas Argentinas y las AFJP, que decretó la Asignación Universal por Hijo, que profundizó el programa de paritarias, que creó el plan Conectar Igualdad, que mejoró todos los índices sociales pueda intentar frenar la profundización del modelo nacional y popular? No sé por qué, pero me recuerda al gordo que en la platea de Boca, comiéndose una choripán colesteroloso, le grita a Riquelme "Corré, fracasado".
Sabrán disculpar la poca elegancia que tiene este final categórico; pero en la Argentina de hoy, profundizar el modelo es ser leal a la conducción del movimiento, es decir, a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Lo demás, las apelaciones a la abstracción del "modelo nacional y popular" o al recuerdo lúcido de Néstor Kirchner, no es otra cosa que poco más que pirotecnia discursiva.
Opinión:
Dice Brienza : "...en la Argentina de hoy, profundizar el modelo es ser leal a la conducción del movimiento, es decir, a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner." Me pregunto ¿es solo eso? ¿no será mucho identificar lealtad con mero seguidismo?.
La verdad es que este tema de las interpretaciones, y los autoasumidos "voceros" de un extraño ¡¡¿¿"fundamentalismo cristinista"??!!, es preocupante por la amplisima difusión y rebote que tienen en algunos de "nuestros medios oficialistas", lo cual impacta, en mi opinión negativamente, en la militancia, en general, pero en especial en los jóvenes.
"Juzgamos todo empíricamente por sus resultados. Todas las demás consideraciones son inútiles" (Perón dixit). En este tipo de citas se apoyó la fundamentación política del menemismo (sin ir mas lejos),... con los resultados a la vista, por todos conocidos.
"Juzgamos todo empíricamente por sus resultados. Todas las demás consideraciones son inútiles" (Perón dixit). En este tipo de citas se apoyó la fundamentación política del menemismo (sin ir mas lejos),... con los resultados a la vista, por todos conocidos.
Mas aún es preocupante, la superficialidad, y el reduccionismo en el análisis histórico y político, ... ni hablar de apoyar los argumentos del pragmatismo a ultranza, en algunos párrafos ¡¡del Perón de 1953!!. Pero es otra discusión.
Este tipo de doctrina basada en el pragmatismo salvaje, el mero "resultadismo", la negación de la reflexión que implica decir "el que gana siempre tiene razón", es uno de los problemas a dilucidar dentro de nuestro Movimiento Nacional y Popular, ... ya que ahora, y por ahora, la oposición política está inerme, derrotada; y todavía no estamos hablando de las relaciones de poder "contante y sonante", es decir, del poder de la clase dominante, como decía Sampay (que decía Aristóteles), "es la Constitución real".
CRISTINA CONDUCE!! ¿quién, dentro de sus cabales, puede ponerlo en duda?. Y no sólo eso, CRISTINA CONDUCE, y muchísimos de las/los militantes estamos orgullosos de eso. Pero tenemos responsabilidades. Tenemos (todas/os) que estar a la altura, al nivel de esa LUCIDA Y LEGITIMA CONDUCCION.
Nunca Cristina nos convocó a "ser mas papistas que el Papa", a sobreactuar algunas de sus afirmaciones y/o decisiones, en determinadas circunstancias tácticas; y mucho menos a antagonizar porque sí, por prejuicio, con el movimiento sindical, mas allá de que se pueda discutir el contenido y la oportunidad de las opiniones de algunos de sus dirigentes. Ella hizo todo lo contrario; nos convocó a movilizarnos, a la militancia, a discutir las diferencias, a fortalecer los acuerdos, es decir, a construir organizacion popular, por la positiva, juntos.
Este tipo de doctrina basada en el pragmatismo salvaje, el mero "resultadismo", la negación de la reflexión que implica decir "el que gana siempre tiene razón", es uno de los problemas a dilucidar dentro de nuestro Movimiento Nacional y Popular, ... ya que ahora, y por ahora, la oposición política está inerme, derrotada; y todavía no estamos hablando de las relaciones de poder "contante y sonante", es decir, del poder de la clase dominante, como decía Sampay (que decía Aristóteles), "es la Constitución real".
CRISTINA CONDUCE!! ¿quién, dentro de sus cabales, puede ponerlo en duda?. Y no sólo eso, CRISTINA CONDUCE, y muchísimos de las/los militantes estamos orgullosos de eso. Pero tenemos responsabilidades. Tenemos (todas/os) que estar a la altura, al nivel de esa LUCIDA Y LEGITIMA CONDUCCION.
Nunca Cristina nos convocó a "ser mas papistas que el Papa", a sobreactuar algunas de sus afirmaciones y/o decisiones, en determinadas circunstancias tácticas; y mucho menos a antagonizar porque sí, por prejuicio, con el movimiento sindical, mas allá de que se pueda discutir el contenido y la oportunidad de las opiniones de algunos de sus dirigentes. Ella hizo todo lo contrario; nos convocó a movilizarnos, a la militancia, a discutir las diferencias, a fortalecer los acuerdos, es decir, a construir organizacion popular, por la positiva, juntos.
Como nunca, ahora necesitamos promover la Unidad, la Solidaridad y la Organización de nuestra clase trabajadora, de nuestro movimiento sindical y social, del conjunto, de la gran mayoría de nuestro Pueblo (por lo menos de quienes votamos a Cristina, y al FPV).
La conducción de Cristina, y la "fuerza popular organizada" como decía Evita ( que todavia nos falta construir en calidad y cantidad), ¡¡de ambas!!, ¡¡juntas!!, depende que concretemos nuestras banderas históricas la Justicia Social, la Independencia Economica y la Soberania Política; y tambien las nuevas, en palabras recientes de la propia CFK. : Patria, Igualdad y Libertad.
En fin, ésta es solo una opinión, pero pensada históricamente y expresada políticamente. Con honestidad, respeto y lealtad. Con responsabilidad, desde el laburo y el compromiso militante cotidiano.
La conducción de Cristina, y la "fuerza popular organizada" como decía Evita ( que todavia nos falta construir en calidad y cantidad), ¡¡de ambas!!, ¡¡juntas!!, depende que concretemos nuestras banderas históricas la Justicia Social, la Independencia Economica y la Soberania Política; y tambien las nuevas, en palabras recientes de la propia CFK. : Patria, Igualdad y Libertad.
En fin, ésta es solo una opinión, pero pensada históricamente y expresada políticamente. Con honestidad, respeto y lealtad. Con responsabilidad, desde el laburo y el compromiso militante cotidiano.
Un abrazo,
Néstor.
Néstor.

El seguidismo que propone Brienza nos aleja, nos rechaza, a los que no somos del palo K al 100%.
ResponderSuprimirA mi me pasa que vislumbro el kirchnerismo como una cosa ajena a mi, onda "agarrala o dejala".
Como que solo acepta "seguidistas".
No entiendo como los militantes influyen -de abajo hacia arriba- en las politicas K.
A todo esto se suma que si uno critica dispara reacciones maniqueas, tipo estas conmigo o contra mi.
Y sumenle como se eligen ciertos candidatos... sin ir mas atras a Soria el nuevo gobernador de Rio Negro.
Esto de Perón "Las empresas se juzgan por los éxitos, por sus resultados. Podríamos decir nosotros: ¡Qué maravillosa conducción!, pero si fracasó, ¿de qué sirve? La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde. Y no hay otra cosa que hacer. La suprema elocuencia de la conducción está en que si es buena, resulta, y si es mala, no resulta. Y es mala porque no resulta y es buena porque resulta. Juzgamos todo empíricamente por sus resultados. Todas las demás consideraciones son inútiles." es INSOSTENIBLE. De los fracasos se aprende, ¿como se va a tirar todo a la mierda por un fracaso?, en 20 años nos quedamos sin dirigentes de todos los partidos con este criterio.
Asusta la cita a Peron de Brienza, pareciera que esta recreido que el kirchnerismo siempre surcara los cielos con el mejor de los climas y no tendra ningun fracaso que lo haga descartable como Peron aconseja.
Con Perón se hizo, se hace y se puede seguir haciendo lo que los comunistas hicieron con Lenin, que tanto servía para un barrido como para un fregado. En suma, que se puede citar a Perón para hacerle decir cualquier cosa, por eso conviene mirar el contexto de las citas. Por ejemplo, para cualquiera que haya leído conducción política el párrafo que Brienza cita tan descarada como descontextuadamente, es muy simple: el general no habla ni de doctrina ni de ideología, ni de justicia, verdad o razón, sino de una técnica que, como bien dice, es todo ejecución, pura acción. Y en ese sentido, es correcta la conducción que triunfa y errónea la que fracasa. Es como en el futbol, donde fracasó el que no convirtió goles aunque haya hecho lindo jueguito, ya que se trata no de jugar lindo sino de hacer goles.
ResponderSuprimirEso no significa, de ninguna manera, que si nuestro equipo no hace goles tengamos que cambiar la camiseta. De eso se trata el párrafo de Perón y por eso citarlo cuando Brienza habla de lo que está hablando es falaz y engañoso de su parte: Perón no habla de doctrina sino de técnica, mientras Brienza habla o pretende hablar de doctrina.
En cuanto a quién conduce, conduce el que conduce. En latín: el que es culo de conducir, pues no se trata de conducir a soldaditos que al sólo grito del dragoneante Brienza se cuadran y gritan: "Cristina es la conducción y Brienza su profeta", sino que se trata de conducir fuerzas políticas, organizaciones que tienen sus propios objetivos, intereses, reivindicaciones y estrategias. Es legítimo pedir prudencia, pero es estúpido apelar al "verticalismo", que fue casualmente, el recurso al que siempre apelaron los burócratas e intermediarios de siempre, cualquier fuera su ideología o ubicación (creer que la burocracia y la intermediación son de por sí prácticas de la "derecha" es una insólita muestra de ignorancia política e histórica)
En cuanto a la profundización del modelo, la definición de Brienza es digna de un Beria de cotolengo, que niega al pueblo, a los activistas, a los militantes y a los diferentes dirigentes la atribución de construir políticamente, la posibilidad de construir poder y elaborar ideas. Y eso es cualquier cosa, menos peronismo, de manera que para justificar esa aberración Brienza debería citar a Stalin, Rosenberg o santo Domingo, pero jamás a Perón.
Hoy por hoy, más que las medidas globales,que son también necesarias, profundizar el modelo es conseguir que las actuales políticas lleguen al pueblo en su plenitud y no tan desigualmente como sucede debido a una trama obsoleta de diferentes dirigentes, bolicheros e intermediarios, que los hay en todos los planos. También o muy especialmente en los diferentes medios de comunicación oficialistas o ligados al oficialismo, que confunden lealtad con chupamedismo y obsecuencia. Y de esa manera sólo se puede construir una fuerza política de pelotudos.
Teodoro Boot
dejemonos de joder un poco, y pensemos que el articulo esta bien, o piensan que sin cristina se puedes hacer algo con la manga de boludos que hay en los cuadros intermedios del gobierno, lease estado , que para que funcione algo tenes que matarloso inutiles como el secretario de transporte o el del ansses laburemo nada mas que eso , no hace falta mucho mas pongamos un funcionamento el estado en linea con el gobierno y colgemos la metra..
ResponderSuprimirClaro si,si, Lenin es comparable con Perón, claro, claro, Claro y el chavo el ocho era un filosofo.
ResponderSuprimirMaterialismo Dialéctico, o retorica burguesa materialista vulgar, ponete a estudiar abuelo. Que para eso defendimos la Universidad publica de los peronistas patriotas como Menen que estuvieron a punto de arancelarla
"si si, Lenin es comparable con Peron"
ResponderSuprimirJajaja, eso es lo único que te shockeó, ¿no, trosco? ¡Claro que es comparable con Perón! Además, el comentario de Boot sólo los compara en la medida en que ambos fueron utilizados para justificar las más diversas corrientes y las más diversas acciones. Boot no los compara ni ideológica, ni moral, ni cualitativa, ni cuantitativamente. Solamente la chatura trosca es incapaz de discernir esa diferencia, y en seguida saltan indignados sólo por el hecho de que hayan "mencionado" el nombre de Lenin al lado del de Perón, como si ello conllevara alguna especie de consencuencia mágica negativa en la pureza dogmática sagrada del líder ruso.