martes, 8 de noviembre de 2011

Reforma constitucional y reelección

Se me había pasado este texto de La Paco Urondo con el que coincido. Juzgo imprescindible una reforma constitucional que devuelva las riquezas del subsuelo a la Nación, o que consiga que sea la Nación y no las provincias quien negocie con corporaciones mineras y petroleras que en ocasiones son mucho más grandes econbómicamente que la propia Argentina. Y estoy de acuerdo con la reelección indefinida de un buen presidente o de una buena presidenta siempre que sea a través de comicios limpios. Nada tienen que enseñarnos quienes no tienen empacho en elegir presidente en elecciones fraudulentas. JS
En América Latina, el liderazgo ordena al campo popular. Es sobre la organización que se construyen las victorias populares. Pero la Ley Fundamental, pergeñada en Argentina por los liberales de 1853 y perfeccionada por los neoliberales de 1994, impide la reelección presidencial.

Es decir, sometido a las reglas de los juristas de la oligarquía de ayer y hoy, el Pueblo debe someterse a un enfrentamiento intestino por establecer una nueva sucesión, con enormes posibilidades de perder el control del Estado, esa gran herramienta colectiva de transformación, y eventualmente, aceptar la asunción de un liderazgo complaciente al capital concentrado.

Otra opción, siguiendo las pautas de esa misma Constitución, es modificarla. Claro que para eso habría que enfrentar las presiones de los medios oligopólicos, el sentido común de cierta fracción de clase media pacata que vota por igual a Duhalde como a Binner y dos tercios de ambas Cámaras.

La crisis que abre sobre el liderazgo popular no es la única razón. Se trata de recuperar muchas discusiones abiertas por la reforma constitucional de 1949 (¡abolida por decreto militar!) y otras propias del siglo XXI.

Hay que recuperar el concepto de función social de la propiedad. Pensar en ese marco la potestad legal sobre los recursos naturales, no solo los energéticos sino frenar el saqueo de oro y cobre sobre la cordillera. Avanzar sobre los flujos financieros, adaptar el programa de 1973 sobre la facultad estatal de dirigir el crédito, los tipos de cambios diferenciados, los impuestos a la tierra improductiva y los límites al latifundio. Hay que proteger al pequeño campesinado. Los delitos económicos (evasión tributaria, lavado) deben tener una dimensión penal, en el sentido que lo señalaba la ley de 2002 que el FMI desaprobó. La deuda adquirida por gobiernos no democráticos es ilegítima. Los trabajadores tienen que tener voz y voto en la facturación y ganancias de las empresas.

En cuanto a la protección de la vida, los avances en materia de Derechos Humanos deben ser reconocidos. ¿No es más lógico que el Estado financie a los organismos de DD.HH. antes que a un culto religioso? El aparato represivo policial, "gatillo fácil", siendo una responsabilidad estatal ¿no podría pensarse como delito de lesa humanidad? ("que todo elemento del estado en su función represiva que atente contra la población debe juzgarse más extensamente"). La cantidad de vida de mujeres humildes que se cobran los abortos clandestinos exige una protección en cuanto a su despenalización (la Constitución actual considera vida desde el mismo momento de la concepción).  En cuanto al aspecto sanitario, la infraestructura sanitaria y habitacional debería pensarse como una prioridad constitucional.

El matrimonio entre los géneros que fuere no puede ser retrotraído (en el sentido que la genitalidad no es fuente de diferencias frente a los derechos civiles). Hay que romper la corporación judicial, el menos democrático de los tres poderes. Una verdadera democracia no se sostiene con patovicas comunicacionales. Hay que incorporar el horizonte de Nación Sudamericana a la Constitución.


Y por sobre todo, hay que abrir este debate al conjunto social. Si no cambiamos las reglas de la oligarquía, regresará con el afán vengativo de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Una nueva Constitución debe cristalizar en términos jurídicos la contraofensiva popular desde 2001-2003 se  viene desarrollando en nuestra patria. Nada que otros países hermanos no hayan avanzado.

6 comentarios:

  1. con reeleccion indefinida todavia lo teniamos a Menem de presi

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  2. no le veo venjatas a la re eleccion indefinida

    si el presidente(a) anda bien se crea dependencia del idividuo
    si anda mal y pero logra zafa rlas elecciones con aparato territorial y otras manganetas estamos en problemas

    Por seguridad mejor que despues de un tiempo se acabó, al menos por una gestion

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  3. Lo principal es volver a los artículos 38, 39 y 40 de la Constitución del '49, lo demás es accesorio a mi juicio.
    De paso creo que seguir hablando de "aparatos territoriales" a esta altura y despues de comprobar en la práctica que no le sirvieron para nada a Duhalde, De Narvaez y cia. es perder el tiempo.

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  4. ALGUNOS TAL VEZ SE ASOMBREN PERO HASTA 1953 LA CONSTITUCION DE EEUU PERMITIA LA REELECCION INDEFINIDA (F.D.ROOSEVELT FUE ELEGIDO CUATRO (4) VECES CONSECUTIVAS -1932/36/40 Y 44- Y ESO NO AFECTO SU SISTEMA DEMOCRATICO...CONCIDO CON LA IDEA DE ELIMINAR LA RESTRICCION DE LOS DOS PERIODOS...!

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  5. Creo que se debe permitir la relección indefinida, total si se presenta el mismo/misma lo tiene que votar la gente. Si no lo votan, chau.
    Los aparatos territoriales pueden servir si el candidato/a anda bien, sino se lo puedem guardar en la alcancía de Papillón, hay que recordar que en la soledad del cuarto oscuro nadie te vé que boleta ponés dentro del sobre.

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  6. ¿como no va a funcionar el aparato?

    preguntelen a Filmus o a Macri/Ritondo
    pregunten a Critstina como NEstor ganó la gobernación por primera vez.

    funciona, aunque a veces no alcanza.

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