Apenas salió de la cárcel, me encontré con el occiso. Estaba tomado un buen vino tinto en una de las terrazas del complejo "La Plaza". Iba yo con Nahuel Coca, y tras preguntarle si de verdad era quien parecía ser, nos invitó a sentarnos a charlar. No sé que recordará Nahuel de aquella charla, pero sus modos eran encatadores. Arancibia provenía de la alta sociedad chilena y si mal no recuerdo su padre había sido almirante. Era ostensiblemente homosexual y decía tener muchos secretos que contar. Me dio su celular pero perdí la libreta en la que lo había anotado, lo que mucho lamenté. Desde entonces, me pregunté varias veces que había sido de su vida.
Me enteré de su muerte leyendo Página/12. La crónica es muy mala, lo que me amargó, comos iempre sucede. Y es que en mi infancia sin TV antes que periodista fui lector obsesivo de diarios, periódicos y revistas. Terminé siendo periodista con una mentalidad quijotesca de desfacer tantos entuertos como veía se cometían.
El título de la crónica (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-167284-2011-04-29.html) es "Muerto de dos puñaladas", lo cual, ya de movida, es una mentira total. Dada por la policía, claro. Agrega la crónica que según ésta, Arancibia había sido encontrado muerto en su escritorio con una puñalada en la espalda por lo que "los investigadores evaluaban las posibilidades de que haya sido asesinado", por lo que quedaba tácitamente claro que sugerían que se había suicidado dándose una puñalada en la espalda", un absurdo.
Molesto como estaba, me puse a ver como habían dado la noticia otros, y me encontré con el horror. Por suerte, vi despues vi que Tiempo Argentino la había dado bien (http://tiempo.elargentino.com/notas/aparecio-muerto-ex-agente-secreto-chileno-enrique-arancibia-clavel) y dejaba claro que ahora la policía decía que había sido un crimen pasional. No es de extrañar, ya que firma la nota Claudio Mardones, un periodista al que el el tema le interesa mucho, entre otras muchas razones porque es hijo de chilenos rojos, que llegaron a Mendoza escapando de Pinochet.
Y en la madrugada, un buen cable de DyN puso las cosas en su lugar (http://www.lavoz.com.ar/noticias/politica/hallan-muerto-ex-agente-inteligencia-chileno-enrique-arancibia-clavel) lo que permitió que Clarín mejorara notablemente la punteria respecto a lo publicado en su edición impresa (http://www.clarin.com/politica/Hallaron-asesinado-punaladas-Arancibia-Clavel_0_471552918.html).
En cambio, la ministra de Seguridad, Nilda Garré pescó al vuelo la gravedad de la noticia, y envio nada menos que a su segunda, la muy competente Cristina Caamaño, que comprobó in situ que el cuerpo se encontraba en el suelo, acribillado a puñaladas. Y, por lo tanto, que tal como sucede muy a menudo en estos casos, ayer hubo (y quizá siga habiéndolos hoy) policias dedicados a sembrar pistas falsas.
Tengo entendido que era inminente que Arancibia volviera a prisión. Y supongo que, al igual que sucedió con otro personaje de su misma banda siniestra, el bioquímico Eugenio Berríos, asesinado en Uruguay en 1992 por orden directa de Pinochet (que viajó a Montevideo para pedir su muerte al segmento uruguayo del "Plan Cóndor", que mantenía a Berríos secuestrado en una casa junto a una playa). Arancibia ha de haber amenazado con abrir el pico si sus viejos compañeros de la DINA no le echaban una mano.
........
Escribí estas líneas por la mañana en casa, pero las subo de noche en el trabajo. Acabo de ver a Ricardo Canaletti en Telenoche y ha hecho su trabajo muy bien. Finalizó diciendo que en Chile dicen que Arancibia estaba por desembuchar.
Téngase en cuenta que si Arancibia fgue el que hizo la "inteligencia" previa al asesinato del general Carlos Prats y de su esposa, el que puso la bomba fue el agente de la CIA Michael Townley (más allá de si el que apretó el botón o su entonnces esposa, Mariana Callejas), y Townley jamás fue preso y vive en su país bajo falsa identidad, es decir, protegido por el Estado.
Sí, Arancibia tenía muchas cosas para contar.
viernes 29 de abril de 2011
Se le viene la noche al Potro Romero Victorica ¡Qué alegría!
Una gran alegría es que parece que al Potro Romero Victorica se le viene la noche. Le salí al cruce en el 87 poniendo en evidencia que utilizaba escritos de un desaparecido en la Esma para acusar a Alberto Girondo, un compañero de la dirección de los Descas que cayó herido de bala en una pierna e integró el staff dirigido por Chacho Grass escribiendo cosas para los marinos, acaso también para la "Escuela Piloto" de París, gracias a su excelente dominio del francés.
Servicios éstos por los cuales los marinos lo dejaron irse, precisamente a París, desde donde su madre, la escritora Odile Baron Superville /(http://es.wikipedia.org/wiki/Odile_Baron_Supervielle).
Servicios éstos por los cuales los marinos lo dejaron irse, precisamente a París, desde donde su madre, la escritora Odile Baron Superville /(http://es.wikipedia.org/wiki/Odile_Baron_Supervielle).
En represalia, Romero Victorica y Alfredo Bisordi pretendieron involucrarme en el secuestro de los Born, del que me enteré por los diarios, e incluso de haber vuelto en la contraofensiva con las T.E.I. (Tropas Especiales de Infantería) de la alucinada conducción montonera.
Mi abogada (de la Utpba) Alicia Oliveira me dijo que no les contestara nada, pero entonces era joven y animoso y me crucé con ellos, y entre otras cosas, cuando me preguntaron si tenía un hermano desaparecido les respondí que su ignorancia acerca de que mi hermano había estado preso y sobrevivido era una prueba cabal de que ellos, la dictadura, habían destruído el Estado. Incluyendo sus servicios de inteligencia.
Me vengué el día en que Graciela Daleo, perseguida por él, salió en libertad. Ese día hicimos una pequeña manifestación en ka avenida Corrientes y me conseguí su teléfono y lo llamé desde el público que había en el Banchero y con Marta Dillon y otros y lo despertamos en plena noche cantándole el "Qué alegría / que alegría / oeeeeeeeeeé / oeeeeeeeeé / ooooooaaaa".
Después, Galimberti se hizo amigo suyo para sacarle plata al Estado. Qué perverso.
Dos notas publicadas en Página el martes (lo de Victoria Montenegro es abolutamente extraordinario, y más que un post, merece todo un libro)::
Notorio antisemita, "procesista", probable admirador de Maurras y del integrismo católico, El Potro Juan Martín Romero Victorica es una de las muestras más evidentes de cuánto falta avanzar en un Poder Judicial que responde a los intereses del poder tradicional.
Estuvo implicado en el caso del homicidio de María Marta García Belsunce. El padre de María Marta, y su hermano mediático, el del pituto, fueron funcionarios de la dictadura (en el ministerio de Economía en ese entonces a cargo de Martínez de Hoz) y directivos de bancos multinacionales. En 1985, los testigos citados por la comisión de la Cámara de Diputados que investigaba la estatización fraudulenta de la Cía Ítalo de Electricidad. mencionaron en varias oportunidades a García Belsunce, responsable del archivo ministerial, donde debían desaparecer o aparecer constancias del carácter extranjero de la empresa. Por esa controversia, fue asesinado otro funcionario, Juan Carlos Casariego de Bel.
Cuando la familia Graiver recibió del gobierno de Alfonsín una indemnización por los bienes que le quitara la dictadura cívico-militar, Romerito logró trabar parte de la transferencia con el argumento de que los Graiver habían usufructuado el dinero proveniente de los hermanos Born y era, en consecuencia, mal habido. Eso disparó otra alianza espeluznante: la de los dueños de la cerealera hoy con sede en Bruselas con Rodolfo Galimberti, el perverso.
Ayer, Página 12 publicó dos notas sobre El Potro:
"El fiscal llamaba a casa y le daba información"
Por Alejandra Dandan
Entró en la sala de audiencias sin pañuelo, convencida de que no le iba a hacer falta. Su apropiador se lo había dicho muchas veces: que no llorara, que ésa era una forma de mostrarse débil ante el enemigo. Victoria Montenegro ayer lloró, lloró mucho, acompañada por buena parte de la sala. Contó escenas de sus años de hija de desaparecidos apropiada por un coronel de Inteligencia del Ejército. Por primera vez en su vida declaró contra él y, de alguna manera, a favor de la recuperación de la historia de sus padres biológicos. En medio de ese relato denunció al fiscal de Casación Juan Martín Romero Victorica porque, mientras la Justicia investigaba a su apropiador, el fiscal filtraba información hasta veinte días antes. Al terminar la audiencia, en la causa sobre el plan sistemático para apropiar hijos de desaparecidos, el fiscal Martín Niklison pidió al Tribunal Oral Federal 6 que impulse una denuncia penal a Romero Victorica y envíe los datos al procurador general.
"Yo de Romero Victorica nunca dije nada y, pese a que tuve charlas en Abuelas, siempre me contuve –dijo Victoria–. Nunca dije nada porque estaba convencida de que soy una persona sumamente leal y que yo le debía lealtad a él, porque había ayudado a mi papá. Cuando hace poco me llamaron para declarar en una causa, me di cuenta de que a este señor no le debo nada, que en realidad no ayudó nunca. Que mi papá está desaparecido. Y que él hizo todo lo contrario: ayudó a que yo apareciera más tarde, y ahora tengo a mis abuelos muertos, a mi tía también muerta... Recién entonces pude darme cuenta de quién es esta persona."
Romero Victorica era amigo de Herman Tetzlaff, el apropiador de Victoria. Ella ubicó esa relación desde antes de 1992. En ese momento, la Justicia reabrió una causa contra Tetzlaff y ordenó detenerlo. Romero Victorica, que en la familia era mencionado con un apodo, le puso tres abogados y en tres meses lo sacaron de la cárcel. Victoria dijo que eran abogados que ellos no estaban en condiciones de pagar. Y que luego le adelantó a su apropiador todos los avances de la causa: "El llamaba a casa y le daba información", explicó. En una ocasión, para el momento de la primera detención de su apropiador, fue Victoria la que le atendió el teléfono. Ella lloraba: "El me dice que me quede tranquila y me pega dos gritos: me dice que llorando no se soluciona nada, que mi padre estaba orgulloso de mí, que yo debía contenerlo, que iba a salir, que él iba a poner a unos amigos para que lo sacaran... Ahí me entero de quién era esta persona".
La historia
Victoria nació el 31 de enero de 1976. Sus padres eran Hilda Ramona Torres y Roque Orlando Montenegro, dos militantes de la JP primero y luego del ERP, salteños, una familia que escapaba del Operativo Independencia. Trece días después del nacimiento, un grupo de tareas entró en la casa donde vivían, en Boulogne. Tetzlaff era el jefe del operativo, un hombre que había sido jefe de los grupos de tareas de El Vesubio, jefe de Inteligencia y en algún momento encargado del arma de Comunicaciones en Campo de Mayo. Se apropió de Victoria seis meses después del operativo en el que –como le confesó más adelante– él mismo asesinó a su padre. ¿Usted vivió con otra identidad durante muchos años? –preguntó Niklison al comenzar la audiencia.
"Me llamaron María Sol Tetzlaff Eduartes, nacida el 28 de mayo del '76 en Boulogne, San Isidro, como hija del coronel Herman Antonio Tetzlaff y de su esposa, María del Carmen Eduartes. Yo nunca tuve dudas de que no era María Sol, me decían que era hija de ellos", explicó. ¿Qué versión le dieron? "Yo siempre tuve dudas, pero sobre el horario en el que había nacido. Lo que le preguntaba a mi apropiadora era la hora: sabía que el 29 de mayo era el Día del Ejército. Me decían que el 28 Herman tuvo un desfile militar en San Isidro, ella se descompone y yo nací en la Clínica del Sol." ¿Cuándo aparecieron las dudas de que no sería hija de ellos? "Cuando tenía nueve años, calculo, llaman a Herman a un juzgado de Morón. Un día yo lo acompaño. Entro con él al despacho del juez y el juez pregunta si no era mejor que yo esperara afuera. El dijo que no. El juez saca del cajón una causa y le dice que las 'viejas' ya estaban empezando a molestar. Que se quedara tranquilo, que el encargado de todo esto era otro colega, pero que tomara conocimiento de que estaba pasando esto."
Eso sucedió alrededor de 1989. Victoria no se acuerda del nombre del juez, pero sabe que en ese momento empezó la causa a Tetzlaff. "Hasta entonces, yo lo que sabía era que en Argentina hubo una guerra, en ese momento yo consideraba a Herman como mi papá, para mí la subversión se estaba vengando de ellos que habían sido soldados; que los desaparecidos eran mentira. Pensaba que no eran personas físicas, sino un invento de las Abuelas."
Cada vez que aparecía en TV algo que no cerraba con ese relato, Tetzlaff la sentaba a adoctrinarla. Le dijo que lo primero que hacía la subversión era dañar a la familia, núcleo vital de una sociedad sana. Que las Abuelas instaban las dudas para crear miedo. "Por eso para mí eran todas unas mentiras: yo era hija de él y estaba convencida de que todo era un invento."
Tetzlaff era enorme: medía dos metros y pesaba 145 kilos. Era rubio como su mujer, descendientes de alemanes. Vivían rodeados de policías y de militares en los monoblocks de Villa Lugano, que recién se habían construido, dijo Victoria. El departamento solía estar lleno de banderas. Tetzlaff hablaba de la causa: "La causa no sé qué era exactamente, pero era una bandera celeste y blanca; ellos eran los buenos, había una causa nacional; era el olor a cuero, las botas, la familia cristiana, la misa, cenar afuera porque Mary no cocinaba, para mí ésa era la familia: los restaurantes llenos y Herman que terminaba las conversaciones con la 45 arriba de la mesa diciendo: 'Yo siempre tengo razón, y más cuando no la tengo'".
Entre los amigos de Tetzlaff estaban Leopoldo Galtieri, Guillermo Suárez Mason y Omar Riveros. Con la democracia, a Tetzlaff lo ascendieron de teniente coronel a coronel, lo mandaron a Paraná como juez de instrucción militar para alejarlo por las causas que empezaban a ventilarse en Buenos Aires. Cuando Victoria cumplió 15 años, lo detuvieron por primera vez: entonces apareció Romero Victorica.
"Herman estaba muy nervioso. Un día me llama y me plantea que ya había una causa que había tomado (Roberto) Marquevich, que era un juez montonero, que estaban las Abuelas de por medio, que lo más probable era que me sacaran sangre para compararla con el Banco Genético que en realidad lo manejaban las Abuelas." En ese momento, también le dijo que seguro iban a decirle que era "hija de la subversión, así es que seguramente después vengan y te saquen de casa. Yo decía mientras tanto que no: que diera lo que diera, me iba a quedar con él; él me lo agradeció y que me dijo que no esperaba otra cosa de mí".
Para entonces, Tetzlaff tenía a su "amigo en Comodoro Py" que le pasaba todos los datos, dijo ella. Cuando Marquevich, que era juez de San Isidro, la llamó para sacarse sangre, Tetzlaff la acompañó al Banco Genético. Poco después, le anunciaron la primera parte de lo esperado: que no era hija de quienes hasta ese momento suponía sus padres. "Me dijeron que en un 99 por ciento yo no era hija de ellos, pero yo dije que me quedaba con ese uno por ciento, porque sí era hija de ellos. Les decía que eran todos unos subversivos, porque pensaba que era hija de ellos."
En el camino, Tetzlaff quedó detenido. Romero Victorica puso a sus amigos abogados que, según el relato, le debían un favor. Uno de ellos era un sobrino suyo de apellido Romero Victorica y otro Martín Anzoátegui, juez federal durante la dictadura, que ordenó en 1981 allanamientos a los organismos de derechos humanos. "Lo sacaron a Herman a los tres meses de Caseros, entró en diciembre y salió en abril para la Pascua", recordó ella.
Mientras tanto, Marquevich seguía buscando la identidad. Un día le pidió más sangre para compararla con otras muestras, pero ella se negó para frenar la causa. Un mes y medio después, su apropiador, que ya sabía lo que estaba pasando, le avisó que la iban a llamar de la Cámara de Casación de San Martín. Ella entró a entrevistarse con los jueces sabiendo que había tres, "uno subversivo y montonero y dos de los nuestros", dijo. Después de entrevistarla, la Cámara sacó un fallo aceptando que no se sacara sangre, un fallo que nutrió más adelante la resolución de Evelyn Vásquez, que terminó confirmada por la Corte Suprema de Nación.
Victoria le avisó Tetzlaff: "Me acuerdo que Herman me esperaba en una parrilla cerca –dijo–, y yo fui y le llevé el fallo. Me felicitó: 'Muy bien, m'hija', me dijo. Se lo di y me acuerdo que cuando me senté creo que fue el comienzo del momento de empezar a hacerme cargo de la otra historia. Pensé: ahora soné si alguna vez quiero saber algo".
Finalmente, no hizo falta una nueva muestra. Con los nuevos métodos, el juzgado hizo el cruce. Marquevich la llamó un día para decirle cuál era su familia: "Me agarró terror –dijo ella–, porque era hija de la subversión, ése fue el primer miedo". Cuando su apropiador estaba enfermo o ya había fallecido, ella entró al despacho de Romero Victorica en Comodoro Py. Iba a preguntarle cómo hacer con su nuevo documento porque no lo quería. "¡Si lo habré tenido al gordo acá sentado horas!", contó que le dijo el fiscal.
El complot contra el juez
Un día, Martín Anzoátegui y otro de los abogados que le había asignado Juan Martín Romero Victorica llamaron a Victoria para proponerle un complot contra el juez Roberto Marquevich. "Para destruir al joven Marquevich", le dijeron, según contó ella.
"Creo que fue cuando el juez ordenó la detención de la señora (Ernestina Herrera) de Noble –dijo Victoria–: decían que había pasado todos los límites." La propuesta consistía en denunciar al magistrado. Tiempo antes, Marquevich se había enojado con ella porque se negaba a leer el expediente con la historia de sus padres. Le preguntó si sabía leer y le gritó que leyera. Victoria salió del despacho diciendo le habían gritado. Y los abogados ahora pretendían montarse a esa situación:
"Querían que yo saliera a los medios a decir que había sido víctima de malos tratos de parte del juez y ellos me iban a ayudar para agrandar esa situación", dijo. "El tema era que si corríamos a Marquevich de la causa se paraba el expediente y papá además zafaba de ir preso." En ese contexto, Victoria agregó un detalle: ella aceptó hacer la denuncia para la que los abogados aseguraban contar con todos los medios, pero finalmente no avanzaron porque, al parecer, la vieron muy temerosa. Marquevich fue destituido, pero Victoria recordó que entre las causales de la destitución se mencionaba a su apropiadora: al juez lo acusaron de darle a ella prisión domiciliaria y a la dueña de Clarín, no.
Golpes, gritos y amenazas
Después de nacer, Victoria estuvo de enero a mayo del '76 en la comisaría de San Martín, al cuidado de unas monjas. Con ella había otros seis bebés, supo por su apropiador. Las monjas los tenían al parecer durante un plazo perentorio: si no los entregaban en los primeros meses, eran enviados a Casa Cuna. Tetzlaff convenció a su mujer de recoger a la niña cuando se acercaba ese límite. Se llevó otro bebé para Lina, su empleada doméstica. Y él mismo decía que los otros se los llevaron hombres de Lugano. Cuando tenía unos cinco o seis años, ella rompió una taza de porcelana de la apropiadora: "Mary me empieza a pegar, y me dice que me devolvía a las monjas. Cuando llega Herman, él le dijo que ya no podían hacerlo, así que después yo le pido perdón, ella me perdona y me dice que por esta vez me quedo en casa".
Cuando creció, no podía escuchar música porque era subversiva. Su hermana más grande –hija biológica del matrimonio– solía hacerlo pero sin que supiera el padre. "Una vez puso la 'Marcha de la Bronca', la apagó y cuando salimos todos en el auto yo me pongo a cantar, porque era pegadiza... No llegué a decir uno, dos y me comí un cachetazo de Herman, que me cimbró la nuca", contó. "Mary puso música en la radio, Luis Miguel o algo así y me dijo: 'Vos tenés que escuchar esta música y no música subversiva'." Otra vez, cuando la película La historia oficial ganó el Oscar, su apropiadora sacó la bandera por la ventana para festejar. ¡Vamos Argentina!, decía. "Cuando llegó Herman –dijo Victoria– va al dormitorio y le dice: ¿qué hacés? Ella le responde que habíamos ganado el Oscar y él le dice: ¿pero no entendés nada?"
Un potro de dinosaurio
Por Adriana Meyer
Cuando se habla de las rémoras del pasado que impiden la renovación del Poder Judicial y bloquean el avance de los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura surge su nombre como uno de los protagonistas de tales enclaves detenidos en el tiempo. El fiscal de Casación Juan Martín Romero Victorica, a quien apodan "el Potro", pertenece a la rama más conservadora de la corporativa familia judicial, por eso se junta con defensores de represores como el ex camarista Alfredo Bisordi a rumiar su bronca por los vientos progresistas que soplan en estos días, y se filtran, de a ratos, por los pasillos de Tribunales. Cuando los aires llegan al quinto piso de Comodoro Py provocan la alergia del ocupante de la fiscalía de Cámara 1.
Un cruce de palabras en un estudio de televisión, que derivó en un juicio por calumnias, resume con precisión al personaje. Había pasado un mes de la desaparición de Jorge Julio López, en octubre de 2006, cuando Romero Victorica fue mencionado por el legislador Marcelo Parrilli (MST-Nueva Izquierda) como "partícipe necesario de los secuestros, torturas y desapariciones" de la dictadura. El propio Parrilli recuerda cuáles fueron sus palabras en el blog de Cadhu (Centro de Abogados por los Derechos Humanos): "Dije que muy poco protegidos podían sentirse los testigos que declaran en las causas por violaciones a los derechos humanos si, por ejemplo, tenemos en cuenta que en la Cámara de Casación hay gente directamente vinculada al aparato judicial y a las fiscalías de la dictadura, y aclaré que los casos eran los de Romero Victorica, el ex juez de la dictadura; Pedro Narvaiz, también fiscal de Casación, y del ex juez Alfredo Bisordi". Según Parrilli, "todos ellos desde la función que cumplían resultaron partícipes necesarios" de los delitos de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado.
Romero Victorica lo querelló y pidió que el letrado cumpliera cuatro años de prisión. Lejos de retractarse, Parrilli consideró que el proceso era una buena oportunidad de poner de manifiesto el rol de "la pata judicial" del gobierno militar. En sentido contrario a lo expresado por la Corte y los tribunales del país sobre la imprescriptibilidad de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura, el Potro Victorica sigue sosteniendo que esos delitos que cometieron los militares y demás sicarios del Estado están prescriptos, es decir, que no deben ser juzgados. Por eso pidió que se anulara una condena al represor Miguel Etchecolatz y al médico policial Jorge Bergés en la causa de una joven uruguaya secuestrada y dada en adopción a represores. Parrilli también recordó que Romero Victorica es amigo de Gustavo Adolfo Eklund, alias "el Alemán", ex miembro de la Triple A, probable integrante de la patota que asesinó a Ortega Peña y detenido por violaciones a los derechos humanos. Eklund lo visitaba en su despacho en los años 1979 y 1980, cuando Romero Victorica era secretario de un juzgado de instrucción y "la máquina de secuestrar, torturar y matar funcionaba día y noche".
"No puedo creer que a Jimmy le imputen esos hechos, no sé qué hace esta causa acá, si yo estoy de acuerdo con la excarcelación", bramó el fiscal de Casación en junio de 2009, cuando ese tribunal trataba los recursos presentados por el ex ministro de gobierno de facto Jaime Lamont Smart. "Esos hechos" son 60 privaciones ilegítimas de la libertad y tormentos que sufrieron, entre otros, el periodista Jacobo Timerman en el marco del circuito Camps. La Secretaría de Derechos Humanos denunció a Romero Victorica por tal demostración de familiaridad con el imputado y porque consideró que "si el elenco estable de funcionarios judiciales que defiende a civiles y militares procesados por crímenes de lesa humanidad representara los intereses de la sociedad, la democracia estaría en problemas". La secretaría lo denunció ante su jefe, el procurador Esteban Righi, quien le aplicó un llamado de atención. Ese año el fiscal habría celebrado el triunfo de Unión PRO con la esperanza de que "oxigene la Justicia".
En 1992, Romero Victorica ya ostentaba una meritoria trayectoria como abogado, a la que sumó el respaldo del ex presidente Carlos Menem para postularse como juez de Casación. Pero el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) lo impugnó, junto a otros siete postulantes, ante la Comisión de Acuerdos del Senado, y lo describió como "un hombre de convicciones autoritarias, nunca ocultadas". Romero Victorica había llamado "subversivo" al abogado asesinado Guillermo Díaz Lestrem, con lo cual el CELS consideró que era un aval implícito al terrorismo de Estado. Otra de sus frases célebres fue la que pronunció sobre el copamiento al cuartel de La Tablada, en enero de 1989. "En 1970 se libró una guerra que hoy se reinicia en la batalla de La Tablada", dijo ante políticos y legisladores de la incipiente democracia. Respecto de los indultos dijo: "Menem sabe que entendí el mensaje de conciliación, pese a que me tuve que tragar el sapo del indulto a (Mario) Firmenich, claro que con el indulto liberaron a muchos amigos míos, del bando contrario al de Firmenich".
Sin embargo, de quien llegó a ser amigo fue de otro ex jefe montonero, Rodolfo Galimberti, a quien investigó por el secuestro del empresario Jorge Born. Romero Victorica intervino en la causa y con Galimberti consiguieron que la familia Graiver se desprendiera de unos cuantos millones en concepto de "devolución" a Born, de quien Galimba luego terminaría como socio. Quedaron todos íntimos.
Romero Victorica no fue juez de Casación, pero llegó igual al quinto piso de los tribunales federales de Retiro, donde ocupa la Fiscalía de Cámara 1. Para ello no necesitaba los votos de los senadores. Una de sus primeras iniciativas fue denunciar por corrupción al ex ministro de Economía de Raúl Alfonsín, Bernardo Grinspun. No la pudo probar pero la difundió, y los familiares del ex funcionario lo querellaron a él por calumnias e injurias.
Tampoco fue feliz su participación en el caso García Belsunce. En su condición de integrante del entorno familiar terminó diciendo que los parientes de la asesinada María Martha mintieron. No acudió a declarar cuando lo convocaron y calificó al fiscal Diego Molina Pico de "mocoso imberbe".
El extrovertido Romero Victorica es un notorio representante de esa rancia estirpe conservadora que resiste en Tribunales. No es el único, pero es uno de los más notorios.
Fidel: "Libia arde en un fuego que puede quemar a todos"
por Fidel Castro Ruz
Se puede estar o no de acuerdo con las ideas políticas de Gaddafi, pero la existencia de Libia como Estado independiente y miembro de las Naciones Unidas nadie tiene derecho a cuestionarlo.
Todavía el mundo no ha llegado a lo que, desde mi punto de vista, constituye hoy una cuestión elemental para la supervivencia de nuestra especie: el acceso de todos los pueblos a los recursos materiales de este planeta. No existe otro en el Sistema Solar que posea las más elementales condiciones de la vida que conocemos.
Los propios Estados Unidos trataron siempre de ser un crisol de todas las razas, todos los credos y todas las naciones: blancas, negras, amarillas, indias y mestizas, sin otras diferencias que no fuesen las de amos y esclavos, ricos y pobres; pero todo dentro de los límites de la frontera: al norte, Canadá; al sur, México; al este, el Atlántico y al oeste, el Pacífico. Alaska, Puerto Rico y Hawai eran simples accidentes históricos.
Lo complicado del asunto es que no se trata de un noble deseo de los que luchan por un mundo mejor, lo cual es tan digno de respeto como las creencias religiosas de los pueblos.
Bastarían unos cuantos tipos de isótopos radiactivos que emanaran del uranio enriquecido consumido por las plantas electronucleares en cantidades relativamente pequeñas ─ya que no existen en la naturaleza─ para poner fin a la frágil existencia de nuestra especie. Mantener esos residuos en volúmenes crecientes, bajo sarcófagos de hormigón y acero, es uno de los mayores desafíos de la tecnología.
Hechos como el accidente de Chernóbil o el terremoto de Japón han puesto en evidencia esos mortales riesgos.
El tema que deseo abordar hoy no es ese, sino el asombro con que observé ayer, a través del programa Dossier de Walter Martínez, en la televisión venezolana, las imágenes fílmicas de la reunión entre el jefe del Departamento de Defensa, Robert Gates, y el Ministro de Defensa del Reino Unido, Liam Fox, que visitó Estados Unidos para discutir la criminal guerra desatada por la OTAN contra Libia.
Era algo difícil de creer, el Ministro inglés ganó el “Oscar”; era un manojo de nervios, estaba tenso, hablaba como un loco, daba la impresión de que escupía las palabras.
Desde luego, primero llegó a la entrada de El Pentágono donde Gates lo esperaba sonriente. Las banderas de ambos países, la del antiguo imperio colonial británico y la de su hijastro, el imperio de Estados Unidos, flameaban en lo alto de ambos lados mientras se entonaban los himnos. La mano derecha sobre el pecho, el saludo militar riguroso y solemne de la ceremonia del país huésped. Fue el acto inicial. Penetraron después los dos ministros en el edificio norteamericano de la Defensa. Se supone que hablaron largamente por las imágenes que vi cuando regresaban cada uno con un discurso en sus manos, sin dudas, previamente elaborado.
El marco de todo el escenario lo constituía el personal uniformado. Desde el ángulo izquierdo se veía un joven militar alto, flaco, al parecer pelirrojo, cabeza rapada, gorra con visera negra embutida casi hasta el cuello, presentando fusil con bayoneta, que no parpadeaba ni se le veía respirar, como estampa de un soldado dispuesto a disparar una bala del fusil o un cohete nuclear con la capacidad destructiva de 100 mil toneladas de TNT. Gates habló con la sonrisa y naturalidad de un dueño. El inglés, en cambio, lo hizo de la forma que expliqué.
Pocas veces vi algo más horrible; exhibía odio, frustración, furia y un lenguaje amenazante contra el líder libio, exigiendo su rendición incondicional. Se le veía indignado porque los aviones de la poderosa OTAN no habían podido doblegar en 72 horas la resistencia libia.
Nada más le faltaba exclamar: “lágrimas, sudor y sangre”, como Winston Churchill cuando calculaba el precio a pagar por su país en la lucha contra los aviones nazis. En este caso el papel nazifascista lo está haciendo la OTAN con sus miles de misiones de bombardeo con los aviones más modernos que ha conocido el mundo.
El colmo ha sido la decisión del Gobierno de Estados Unidos autorizando el empleo de los aviones sin piloto para matar hombres, mujeres y niños libios, como en Afganistán, a miles de kilómetros de Europa Occidental, pero esta vez contra un pueblo árabe y africano, ante los ojos de cientos de millones de europeos y nada menos que en nombre de la Organización de Naciones Unidas.
El Primer Ministro de Rusia, Vladimir Putin, declaró ayer que esos actos de guerra eran ilegales y rebasaban el marco de los acuerdos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Los groseros ataques contra el pueblo libio que adquieren un carácter nazifascista pueden ser utilizados contra cualquier pueblo del Tercer Mundo.
Realmente me asombra la resistencia que Libia ha ofrecido.
Ahora esa belicosa organización depende de Gaddafi. Si resiste y no acata sus exigencias, pasará a la historia como uno de los grandes personajes de los países árabes.
¡La OTAN atiza un fuego que puede quemar a todos!
Fidel Castro Ruz
Abril 27 de 2011
7 y 34 p.m.
Se puede estar o no de acuerdo con las ideas políticas de Gaddafi, pero la existencia de Libia como Estado independiente y miembro de las Naciones Unidas nadie tiene derecho a cuestionarlo.
Todavía el mundo no ha llegado a lo que, desde mi punto de vista, constituye hoy una cuestión elemental para la supervivencia de nuestra especie: el acceso de todos los pueblos a los recursos materiales de este planeta. No existe otro en el Sistema Solar que posea las más elementales condiciones de la vida que conocemos.
Los propios Estados Unidos trataron siempre de ser un crisol de todas las razas, todos los credos y todas las naciones: blancas, negras, amarillas, indias y mestizas, sin otras diferencias que no fuesen las de amos y esclavos, ricos y pobres; pero todo dentro de los límites de la frontera: al norte, Canadá; al sur, México; al este, el Atlántico y al oeste, el Pacífico. Alaska, Puerto Rico y Hawai eran simples accidentes históricos.
Lo complicado del asunto es que no se trata de un noble deseo de los que luchan por un mundo mejor, lo cual es tan digno de respeto como las creencias religiosas de los pueblos.
Bastarían unos cuantos tipos de isótopos radiactivos que emanaran del uranio enriquecido consumido por las plantas electronucleares en cantidades relativamente pequeñas ─ya que no existen en la naturaleza─ para poner fin a la frágil existencia de nuestra especie. Mantener esos residuos en volúmenes crecientes, bajo sarcófagos de hormigón y acero, es uno de los mayores desafíos de la tecnología.
Hechos como el accidente de Chernóbil o el terremoto de Japón han puesto en evidencia esos mortales riesgos.
El tema que deseo abordar hoy no es ese, sino el asombro con que observé ayer, a través del programa Dossier de Walter Martínez, en la televisión venezolana, las imágenes fílmicas de la reunión entre el jefe del Departamento de Defensa, Robert Gates, y el Ministro de Defensa del Reino Unido, Liam Fox, que visitó Estados Unidos para discutir la criminal guerra desatada por la OTAN contra Libia.
Era algo difícil de creer, el Ministro inglés ganó el “Oscar”; era un manojo de nervios, estaba tenso, hablaba como un loco, daba la impresión de que escupía las palabras.
Desde luego, primero llegó a la entrada de El Pentágono donde Gates lo esperaba sonriente. Las banderas de ambos países, la del antiguo imperio colonial británico y la de su hijastro, el imperio de Estados Unidos, flameaban en lo alto de ambos lados mientras se entonaban los himnos. La mano derecha sobre el pecho, el saludo militar riguroso y solemne de la ceremonia del país huésped. Fue el acto inicial. Penetraron después los dos ministros en el edificio norteamericano de la Defensa. Se supone que hablaron largamente por las imágenes que vi cuando regresaban cada uno con un discurso en sus manos, sin dudas, previamente elaborado.
El marco de todo el escenario lo constituía el personal uniformado. Desde el ángulo izquierdo se veía un joven militar alto, flaco, al parecer pelirrojo, cabeza rapada, gorra con visera negra embutida casi hasta el cuello, presentando fusil con bayoneta, que no parpadeaba ni se le veía respirar, como estampa de un soldado dispuesto a disparar una bala del fusil o un cohete nuclear con la capacidad destructiva de 100 mil toneladas de TNT. Gates habló con la sonrisa y naturalidad de un dueño. El inglés, en cambio, lo hizo de la forma que expliqué.
Pocas veces vi algo más horrible; exhibía odio, frustración, furia y un lenguaje amenazante contra el líder libio, exigiendo su rendición incondicional. Se le veía indignado porque los aviones de la poderosa OTAN no habían podido doblegar en 72 horas la resistencia libia.
Nada más le faltaba exclamar: “lágrimas, sudor y sangre”, como Winston Churchill cuando calculaba el precio a pagar por su país en la lucha contra los aviones nazis. En este caso el papel nazifascista lo está haciendo la OTAN con sus miles de misiones de bombardeo con los aviones más modernos que ha conocido el mundo.
El colmo ha sido la decisión del Gobierno de Estados Unidos autorizando el empleo de los aviones sin piloto para matar hombres, mujeres y niños libios, como en Afganistán, a miles de kilómetros de Europa Occidental, pero esta vez contra un pueblo árabe y africano, ante los ojos de cientos de millones de europeos y nada menos que en nombre de la Organización de Naciones Unidas.
El Primer Ministro de Rusia, Vladimir Putin, declaró ayer que esos actos de guerra eran ilegales y rebasaban el marco de los acuerdos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Los groseros ataques contra el pueblo libio que adquieren un carácter nazifascista pueden ser utilizados contra cualquier pueblo del Tercer Mundo.
Realmente me asombra la resistencia que Libia ha ofrecido.
Ahora esa belicosa organización depende de Gaddafi. Si resiste y no acata sus exigencias, pasará a la historia como uno de los grandes personajes de los países árabes.
¡La OTAN atiza un fuego que puede quemar a todos!
Fidel Castro Ruz
Abril 27 de 2011
7 y 34 p.m.
The Wall Street Journal acusó a Kirchner ¡de copiar a Perón!
Pobrísmo análisis político de Anastasia O´Grady que puede servir para la campaña electoral.
Publicado en el Wall Street Journal Américas (en español: online. wsj.com) el 25/04/2011
Kirchner copia el modelo de Perón
Por Mary Anastasia O'GradyLa presidenta argentina Cristina Kirchner aún no ha anunciado su candidatura a las elecciones presidenciales de octubre, pero su gobierno y su partido —la rama kirchnerista del peronismo— ya están en plena campaña.
AFP/Getty Images
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se saludan durante una ceremonia el 30 de marzo en la Casa Rosada de Buenos Aires.
En las últimas semanas, la presidenta dio otro enérgico paso hacia la consolidación de su poder económico al intentar obligar a empresas que cotizan en bolsa a darle al gobierno asientos en sus directorios. Además, el Estado abrió la billetera a pesar de los alarmantes datos sobre la inflación. La prensa sigue estando, como desde hace un tiempo, bajo la presión del gobierno y de sus aliados sindicales organizados para autocensurarse.
Se trata, entonces, de otro momento de preocupación para esta otrora próspera república. De algún modo, la sociedad civil y parte de las instituciones gubernamentales cruciales para la democracia han sobrevivido a ocho años de demagogia de los Kirchner y su progresivo autoritarismo. Pero pocos observadores aquí confían en que el vapuleado pluralismo político del país, que ahora pende de un hilo, pueda soportar otros cuatro años de kirchnerismo.
Una escuela de pensamiento sostiene que puesto que los Kirchner (la presidenta y su fallecido esposo, Néstor, quien fue presidente antes que ella) han convertido a Argentina en una bomba de tiempo económica, ella debería seguir al frente durante los próximos cuatro años. Sus políticas generan una tasa anual de inflación que los economistas privados estiman en alrededor de entre 25% y 30%. El sesgo antiempresarial del gobierno y la inseguridad judicial han dañado los flujos de inversión, y la escasez de energía está en aumento. Cuando todo esto estalle, si hay justicia, la culpa de los problemas debería caer sobre la presidenta.
Sin embargo, darle otro mandato a Kirchner conlleva grandes peligros. Considerando su codicia por el poder, es probable que continúe copiando a su mentor venezolano Hugo Chávez, quien durante 12 años ha demolido con gran constancia los mecanismos económicos, políticos y legales que habitualmente funcionan como los pesos y contrapesos del poder ejecutivo. Para 2015, Kirchner podría tener al país prisionero.
Considere el más reciente asalto a la libre empresa, que comenzó en 2008, cuando anunció la confiscación y nacionalización de cuentas de pensiones privadas. Esto convirtió al gobierno en accionista de 42 empresas que cotizan en bolsa en las que habían invertido los administradores de pensiones. El 14 de abril de este año, Kirchner emitió un decreto que le daba al gobierno mayor poder para nombrar a los miembros de la junta directiva en estas empresas.
La siderúrgica Siderar, donde el gobierno ahora posee un 26%, se está resistiendo. Durante una reciente reunión de accionistas la junta directiva anunció un dividendo y rechazó el pedido de un cupo en el directorio por parte del gobierno. El regulador de valores, una entidad estatal, anuló la reunión. Siderar acudió a los tribunales para desafiar la decisión del regulador y el gobierno presentó una contra demanda.
Aquí no hay ningún misterio. Kirchner sigue las teorías económicas no sólo de Chávez sino también de Juan Perón, el fascista argentino del siglo XX que le dio su nombre al partido. La presidenta quiere que el control estatal sobre la industria apuntale su poder.
Eso encajaría bien con su dominio de lo que en su momento fue un banco central independiente. Desde el año pasado, la entidad ha transferido más de US$16.000 millones a las arcas presidenciales a cambio de bonos gubernamentales. Sin embargo, el gobierno generó de todos modos un déficit fiscal de US$1.300 millones en marzo, lo que implica que sin importar cuánto dinero cae en sus manos, nunca es suficiente.
Es más, a fines de febrero la oferta de dinero argentina registró un alza de 28,6% frente a igual mes del año anterior. Y en los últimos meses analistas independientes que publican cifras de inflación que no concuerdan con la estimación oficial (que bordea el 10%) han sido multados.
Este cuadro de inflación, represión y control estatal de la economía es muy familiar para los estudiosos del pasado de Argentina. Y es el motivo por el que la oposición, a pesar de sus numerosas diferencias, está volcada a un esfuerzo por unirse. La reelección de Kirchner, si decide presentarse, es probable pero no está en ningún caso garantizada si hay sólo un candidato opositor.
Sin embargo, cualquier acuerdo de ese tipo aún parece muy lejano. Las esperanzas de una alianza entre los peronistas federales (que se oponen a los peronistas kirchneristas) y el alcalde de centro-derecha de Buenos Aires, Mauricio Macri, se desvanecieron la semana pasada luego de que una primaria de los peronistas federales tuviera una convocatoria muy baja y fuera empañada por acusaciones de fraude.
Ahora crece la especulación de que Macri podría, en cambio, optar por un segundo mandato como alcalde este año y conservar sus posibilidades para las elecciones presidenciales de 2015. Eso dejaría a Ricardo Alfonsín, del Partido Radical de centro-izquierda, e hijo de un ex presidente, como el contendiente más probable de Kirchner.
La mayoría de la centro-derecha tendría que hacer un gran esfuerzo para votar por Alfonsín. Sin embargo si se posiciona levemente a la derecha, y consigue el respaldo de Francisco de Narváez, un popular representante del peronismo federal, obligaría a Kirchner a ir a una segunda vuelta. En ese caso, sus probabilidades de seguir al mando del país serían mucho más bajas. Para muchos argentinos eso sería un arreglo que bien valdría la pena.
lunes 25 de abril de 2011
Los asesinos de Alberte. Una historia alucinante
Me resulta alucinante la historia por la cual Ballester se apropió de papeles de 0'Higgins entre los cuales habría cartas de Perón a Alberte, lo que probaría su involucramiento del mayor. Aunque sólo vi a Alberte una vez y jamás crucé una palabra con él, mi primera actividad militante, en 1967 cuando sólo tenía 14 años, fue distribuir unos pocos ejemplares del "Con todo" periódico del que me impresionaba el puño obrero dibujado por Carpani dentro del cual aparecía el nombre.
También me impresiona la referencia al balazo que le perforó los intestinos a Javier Casciaro (no Casciero, como decía el original) sociólogo con quien compartí exilio en Barcelona, dónde él sigue viviendo. JS
Si el juez Rafecas lo dispone, podría agilizarse la investigación por el asesinato del edecán y delegado personal de Perón
Jorge O'Higgins y Oscar Guerrero: los asesinos de Alberte que nadie conoce
Por Daniel Enzetti / Tiempo Argentino
El mayor Alberte fue arrojado al vacío en la madrugada del 24 de marzo de 1976. Esta nota detalla los legajos de los principales acusados por el crimen, los generales retirados hoy en libertad. Hay nuevos nombres para investigar, pero la causa sigue estancada.
Después de 35 años, por primera vez se publican imágenes y legajos completos de los dos generales acusados por asesinar al mayor Bernardo Alberte en la madrugada del 24 de marzo de 1976, cuatro horas antes de la declaración oficial del golpe de Estado.
El "yorma", le decían los resistentes. De joven militar
prusiano a la admiración por el Che.
En el crimen, considerado como el primero de los cometidos por la dictadura y recordado por su sadismo, están implicados dos efectivos actualmente en libertad, y que en esa época eran generales de brigada: Jorge Eugenio O´Higgins y Oscar Enrique Guerrero.
Tiempo Argentino accedió al material que en estos días ampliará la denuncia contra los militares presentada por la familia de Alberte, y que se encuentra estancada en el Juzgado Nº 3 del doctor Daniel Rafecas.
El mayor Alberte fue el edecán más importante que tuvo Juan Domingo Perón, y a partir del derrocamiento de 1955 se convirtió en delegado personal del ex mandatario hasta finales de los '60. Pieza clave de la resistencia peronista, Alberte actuó de nexo entre Perón y la juventud, participó en la gestación de la CGT de los Argentinos, enfrentó a las bandas de la Triple A, colaboró en los intentos para que el Movimiento recuperara el poder, denunció a sus traidores de derecha, y mantuvo con el líder uno de los intercambios epistolares más voluminosos durante ese período.
Diez días antes de su asesinato, Alberte envió un comunicado a los matones de José López Rega (N. del E. López Rega hacia medio año que había tenido que irse del país, las Tres A no era para entonces más que un mero sello de las Fuerzas Armas, particularmente del Ejército, como acaba de demostrar el juicio al subcomisario Patti) ofreciéndose él mismo como trofeo, a cambio de que la Triple A liberara al militante juvenil Máximo Augusto Altieri. Pero cuando Bernardo reconoció el cadáver masacrado de Altieri en la morgue del cementerio de Avellaneda, no soportó más y actuó de la misma manera que Rodolfo Walsh lo haría con su Carta Abierta a la Junta Militar, pero un año antes.
El 23 de marzo a la noche se encerró en su departamento de Libertador 1160, 6º piso, y escribió un texto que encabezó: "Al Sr. Teniente General D. Jorge Rafael Videla, Comandante General del Ejército" (ver recuadro). Lo responsabilizó por su propia seguridad, acusó al Ejército por secuestros, atentados y cuerpos acribillados de dirigentes y trabajadores, y lo alertó del tremendo error que significaría un golpe. Terminó de tipear a las 0:30 y ordenó las copias que les llegarían a las Fuerzas Armadas y a los medios de comunicación.
Pero a las 2:30 de la mañana del 24 se despertó sobresaltado: 14 vehículos civiles y militares cortaron la esquina, un grupo obligó al portero a guiarlo hasta la puerta de servicio de la casa, y cuatro efectivos, entre los que según un testigo habría estado Guerrero, tiró a Alberte por la ventana a un patio de la planta baja.
En cuanto a O´Higgins, está sindicado como el jefe del operativo, después de que por casualidad se encontraran en su poder cartas originales de la correspondencia entre Perón y su edecán robadas en la madrugada del crimen.
La causa tiene otros nombres, que a partir de ahora podrían derivar en investigaciones más detalladas. Por ejemplo, un médico de apellido Piccioni, que estaba en el lugar como profesional; el teniente Federico Guañabens (Cédula Nacional de Identidad 7.016.526), encargado de transportar el cuerpo sin vida del mayor en una ambulancia al Hospital Militar; y un teniente primero apellidado Figueroa, jefe de guardia del HM, que informó el tema a la Seccional 31 de la Policía Federal.
PRONTUARIO DE DOS GENERALES VIEJITOS. Oscar Guerrero egresó del Colegio Militar en 1949, y fue ascendido a coronel en 1975. Un año antes, en la época de mayores asesinatos cometidos por la Triple A, se desempeñó en el EMGE, Jefatura III del Comando General, Departamento Doctrina, y como jefe de la División de Redacción y Control. En diciembre del '75 pasó a cumplir funciones como elemento permanente del Centro de Operaciones del Ejército (Subjefatura B de la Jefatura III). Tras el golpe de Estado revistó en el Departamento CENOPE. Trabajó como jefe en el Departamento de Planes, fue enviado en misión especial a Venezuela y la Unión Soviética, y asesoró al ejército boliviano en tareas represivas.
PRONTUARIO DE DOS GENERALES VIEJITOS. Oscar Guerrero egresó del Colegio Militar en 1949, y fue ascendido a coronel en 1975. Un año antes, en la época de mayores asesinatos cometidos por la Triple A, se desempeñó en el EMGE, Jefatura III del Comando General, Departamento Doctrina, y como jefe de la División de Redacción y Control. En diciembre del '75 pasó a cumplir funciones como elemento permanente del Centro de Operaciones del Ejército (Subjefatura B de la Jefatura III). Tras el golpe de Estado revistó en el Departamento CENOPE. Trabajó como jefe en el Departamento de Planes, fue enviado en misión especial a Venezuela y la Unión Soviética, y asesoró al ejército boliviano en tareas represivas.
Guerrero. Comandó la partida asesina
La misma inquietud lo llevó a viajar a los Estados Unidos en 1962, donde se perfeccionó en acciones para el "control social" en varias escuelas militares estadounidenses. También en plena dictadura, en 1980, aportó esfuerzo en la policía brava de la provincia de Buenos Aires.
Egresado del Colegio Militar en 1954, Jorge Eugenio O´Higgins fue capitán en 1966, jefe de la Sección Central en 1967, y luego pieza clave del temible Batallón de Inteligencia 601.
Fue parte de la Escuela Superior de Guerra, y desde 1975 personal del servicio estable de la Escuela Superior Luis María Campos. Con el ascenso a teniente coronel en la mano, revistó en el Comando General del Ejército (JEMGE), Jefatura II de Inteligencia, donde permaneció hasta el 14 de noviembre de 1977, cuando lo designaron jefe del Regimiento 26 de Junín de los Andes.
A partir de ahí lo destinaron a Córdoba, volvió al Estado Mayor Conjunto, viajó como observador militar en Medio Oriente y se destacó en varios cursos de Estrategia.
Su ascenso a coronel llegó en 1980, y un año después lo destacaron como agregado militar en Honduras, que en aquella época también tenía jurisdicción sobre Nicaragua. Estuvo en ese lugar hasta 1984.
Según un testigo de la noche del asesinato, Guerrero fue uno de los que integró la patota que arrojó al mayor por la ventana.
Lo de O´Higgins, en cambio, saltó por azar. Horacio Ballester (foto), amigo de Alberte y principal impulsor del Centro de Militares para la Democracia (CEMIDA), recibió en una oportunidad la visita de una persona que le contó una historia. En los '80, su vecino de piso era un general bastante parco pero que solía recibir gente y organizar encuentros. Un día espió por la mirilla y vio que alguien de limpieza de la casa contigua sacaba al pasillo dos bolsas con papeles. La curiosidad le ganó y se llevó las bolsas a su departamento.
El parco general, su vecino, era O´Higgins, pero los bultos no tenían sólo efectos personales, también había documentos políticos que Alberte guardaba celosamente en su vivienda, y cuatro cartas originales enviadas por Perón, robadas en la noche del crimen. O el represor subió esa madrugada al 6º piso, o alguien le "regaló" parte del botín secuestrado, que con la vuelta de la democracia tiró por temor. Cualquiera de las dos hipótesis eran suficientes como para involucrarlo en la causa.
Si en los próximos días el pedido de agilizar la investigación por parte de la familia de Alberte prospera, Rafecas podría llamar por primera vez a declarar a los dos generales y cerrar de esta manera un círculo que arrancó en abril de 1976 con la primera querella a Videla, y que alternó a 14 jueces autodeclarados incompetentes.
“Nadie nos quería representar –recuerda hoy Bernardo Alberte (h) a Tiempo Argentino–, hasta que se animó Jorge Garber, un abogado amigo de mi viejo, cuadrapléjico, que se la jugó. Lo primero que me pidió fue: ‘Bernardito, conseguite un par de fierros porque nos van a matar’.
Como edecán de Perón, lo custodió celosamente durante los bombardeos a la Plaza de Mayo en junio del ’55 y fue uno de los últimos de quien se despidió el ex presidente en la residencia de la calle Austria, antes de marchar a su exilio en Paraguay, cuando Aramburu y Rojas lo derrocaron en septiembre: “Hijos, que tengan mucha suerte. Si nosotros vamos por el camino de la verdad, volveremos. Si no, no vamos a figurar en la Historia”, dicen que dijo antes de partir.
Si el general era el primer trabajador, Alberte llegaba todos los días a la Casa de Gobierno antes, unos 15 minutos, en un viejo Chevrolet modelo ’51. “Mayor, ¿por qué no usa el coche oficial?”, solía preguntarle Perón a 6 de la mañana en la explanada.
Lo detuvo el coronel Carlos De Moori Koenig, después jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército, y en sus horas libres profanador del cadáver de Eva Perón. “Dígame, ¿usted adhiere realmente al peronismo?”, le preguntó Koenig.
Gran amigo del general Juan José Valle y de Julio Troxler, Alberte formó parte del levantamiento de 1956, e instaló para esa operación la que pudo ser la primera radio clandestina del país, en Avellaneda. Pero con los fusilamientos tuvo que asilarse en la Embajada de Brasil. A los pocos días lo echaron del Ejército y del Círculo Militar.
Después de arreglárselas vendiendo bombachas y corpiños en las calles de Río, en los años ’60 puso una “limpiería” con su hijo, donde hacían tareas de lavado y planchado. Una suerte de “jabonería de Vieytes” donde buena parte de la resistencia peronista vivía en estado de reunión permanente.
Madrid, 29 de noviembre de 1966, de Perón a Alberte: “Mi querido amigo: hemos conversado con el compañero Mayor Don Pablo Vicente y frecuentemente lo hemos mencionado a Usted, a quien por efectos de la tarea abrumadora que se cierne sobre mí, no he agradecido aún las infinitas amabilidades que ha tenido con Isabelita durante su estadía en la Patria, lo que hago hoy gustosamente con el agregado de hacerlo también por las actividades que sé que realiza allí en nuestras cosas. Muchas gracias por todo.
Trabajó para que Augusto Vandor no hiciera el “peronismo sin Perón”, y no dudó en ponerse del lado de Raimundo Ongaro en la gestación de la CGT de los Argentinos. Para sostener ese discurso fue uno de los impulsores del periódico Con Todo, donde estuvieron Gurucharri, Rearte, Tomás Saraví, Alfredo Ferraresi, el ex sacerdote Miguel Mascialino, García Elorrio y Alicia Eguren, compañera de Cooke.
La represión feroz y arbitraria siguió, pero el mayor nunca aceptó el consejo de sus amigos: pasaje a Uruguay, casa y comida por un tiempo, contactos para un trabajo y esperar hasta que aclare.
“Era una época muy convulsionada –dice Bernardo hijo–; mi viejo se daba cuenta de que estaban todos en peligro, así como se dio cuenta que se venía el golpe de Estado, y por eso escribió su famosa carta. Hay un mensaje que le manda a Perón en el ’72, aconsejándole no volver porque no estaban dadas las condiciones. Perón estaba rodeado de traidores, era evidente que la cosa terminaría mal”.
En declaraciones a la revista Cristianismo y Revolución de marzo de ese año, Alberte sostuvo que correspondía “a todo peronista revolucionario y también a todo argentino sincero, no colocarse en la repugnante situación de obsecuentes de las Fuerzas Armadas (…) Además, no las considero poseedoras de virtudes inmutables (…) Tampoco creemos que exista alguna relación entre el ejército de la Independencia y el de la Vuelta de Obligado, con el de la época de la Organización que ganó sus trofeos asesinando gauchos o con el actual, que con el concepto de la guerra de fronteras ideológicas encuentra enemigos dentro del mismo pueblo y amigos entre los que lo explotan ignominiosamente”.
2.- La observación personal de los hechos me permite asegurar a Ud. que se trataban de efectivos de seguridad.
4.- En las citadas oficinas desarrollo actividades políticas vinculadas al Movimiento Peronista, formando parte de la Corriente Peronista “26 de Julio”, cuyo ideario surge de la documentación que adjunto (…) Estos son los hechos que informo al Sr. Comandante General, pero que como información sintética y descripción objetiva, no tiene mucha importancia dentro de todo el contexto de violencia que caracteriza la situación política argentina, si no va acompañada de una apreciación que me siento con el derecho de hacer y con la obligación de señalar, por mi condición de Jefe retirado de las FFAA, cuya trayectoria dentro de la Institución el Sr. Comandante General conoce bien; por mi actuación política dentro del Movimiento Peronista, donde ocupé la más alta jerarquía dentro del país durante parte del exilio del General Perón y por la militancia política que continúo realizando dentro del movimiento mayoritario.
Solamente y como corolario de todo esto corresponde hacer una última reflexión. Frente al concepto ya asentado de la inhabilidad de las FFAA para el ejercicio del poder político, experimentado en tres desgraciadas oportunidades en lo que va de este siglo, comienza ya a extenderse en la opinión publica el mismo concepto, pero en funciones que parecieran más específicas de esas fuerzas: la del mantenimiento del orden y de la seguridad de las personas, a cuyo servicio han puesto ya oficiales en actividad.
(…) Por último hago saber al Sr. Comandante General que denuncias similares sobre el hecho a que da lugar esta, han sido formuladas ante instituciones políticas, de la Iglesia, empresarias, obreras y profesionales, donde a cada una se le hace conocer nuestro pensamiento sobre las responsabilidades de cada una.
Si en los próximos días el pedido de agilizar la investigación por parte de la familia de Alberte prospera, Rafecas podría llamar por primera vez a declarar a los dos generales y cerrar de esta manera un círculo que arrancó en abril de 1976 con la primera querella a Videla, y que alternó a 14 jueces autodeclarados incompetentes.
“Nadie nos quería representar –recuerda hoy Bernardo Alberte (h) a Tiempo Argentino–, hasta que se animó Jorge Garber, un abogado amigo de mi viejo, cuadrapléjico, que se la jugó. Lo primero que me pidió fue: ‘Bernardito, conseguite un par de fierros porque nos van a matar’.
El primer juez declarado incompetente fue Rafael Sarmiento, en su despacho nos dijo que si veníamos por Alberte perdíamos el tiempo, ya que ‘a todos los peronistas había que tirarlos por la ventana’. Después fueron pasando, uno a uno, 14 magistrados, como Segián, Eduardo Marquardt, o Martín Anzoátegui”.
DELEGADO DE PERÓN. Alberte fue no sólo uno de los dirigentes más lúcidos de la resistencia peronista, sino una figura que saltó la barrera del discurso –era un excelente orador y escribía muy bien–, y trató de colaborar durante 20 años en la reconstrucción de un movimiento descabezado por la Libertadora en 1955, maniatado por la derecha sindical en los ’60, prohibido por la casta militar y sus partidos políticos aliados –con la UCR a la cabeza–, y cuyos mejores cuadros fueron siendo eliminados por los grupos parapoliciales de la Triple A a partir de 1974, y por un Estado asesino desde el golpe del 24 de marzo.
DELEGADO DE PERÓN. Alberte fue no sólo uno de los dirigentes más lúcidos de la resistencia peronista, sino una figura que saltó la barrera del discurso –era un excelente orador y escribía muy bien–, y trató de colaborar durante 20 años en la reconstrucción de un movimiento descabezado por la Libertadora en 1955, maniatado por la derecha sindical en los ’60, prohibido por la casta militar y sus partidos políticos aliados –con la UCR a la cabeza–, y cuyos mejores cuadros fueron siendo eliminados por los grupos parapoliciales de la Triple A a partir de 1974, y por un Estado asesino desde el golpe del 24 de marzo.
Como edecán de Perón, lo custodió celosamente durante los bombardeos a la Plaza de Mayo en junio del ’55 y fue uno de los últimos de quien se despidió el ex presidente en la residencia de la calle Austria, antes de marchar a su exilio en Paraguay, cuando Aramburu y Rojas lo derrocaron en septiembre: “Hijos, que tengan mucha suerte. Si nosotros vamos por el camino de la verdad, volveremos. Si no, no vamos a figurar en la Historia”, dicen que dijo antes de partir.
Si el general era el primer trabajador, Alberte llegaba todos los días a la Casa de Gobierno antes, unos 15 minutos, en un viejo Chevrolet modelo ’51. “Mayor, ¿por qué no usa el coche oficial?”, solía preguntarle Perón a 6 de la mañana en la explanada.
“¿Para qué, presidente, si tengo el mío y anda bien?”
A partir de aquel golpe de Estado, su vida se llenó de exilios, militancia, conspiraciones e ingenio para mantener a una familia con mujer y tres hijos.
Lo detuvo el coronel Carlos De Moori Koenig, después jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército, y en sus horas libres profanador del cadáver de Eva Perón. “Dígame, ¿usted adhiere realmente al peronismo?”, le preguntó Koenig.
Al golpista, el mayor no le gustaba nada: era demasiado honrado, nunca quería quedarse con algún vuelto. Le molestaba que hubiera formado parte del área de Control de Estado en Presidencia, organismo de auditoría encargado de ventilar casos de corrupción que mancharon a senadores, ministros, altos oficiales de las Fuerzas Armadas y al hermano de Evita, Juan Duarte, que terminó suicidándose por la evidencia. O que hubiera sido pieza clave en el caso Gronda, defendiendo la posición argentina en Italia, frente a intentos de importación de una fábrica de aluminio.
Gran amigo del general Juan José Valle y de Julio Troxler, Alberte formó parte del levantamiento de 1956, e instaló para esa operación la que pudo ser la primera radio clandestina del país, en Avellaneda. Pero con los fusilamientos tuvo que asilarse en la Embajada de Brasil. A los pocos días lo echaron del Ejército y del Círculo Militar.
Troxler. Alma de la resistencia peronista.
Después de arreglárselas vendiendo bombachas y corpiños en las calles de Río, en los años ’60 puso una “limpiería” con su hijo, donde hacían tareas de lavado y planchado. Una suerte de “jabonería de Vieytes” donde buena parte de la resistencia peronista vivía en estado de reunión permanente.
En su excelente investigación Un militar entre obreros y guerrilleros, Eduardo Gurucharri cuenta el acercamiento del mayor al capitán Jorge Morganti, a Cooke, a Gustavo Rearte. Y explica que durante esos años se mostró “cercano a las posturas del doctor Julio César Urien, un juez de paz que se hacía llamar Dr. Anael, autor del folleto La Razón del Tercer Mundo.
Gurucharri se refiere a la Logia Anael, creada en el ’54 por Perón y el ex presidente brasileño Getulio Vargas, que aborrecía al imperialismo y basaba la liberación mundial en la fuerza que pudieran hacer tres vértices magnéticos ubicados en la Triple A: Asia, África y América Latina.
Fue en esas reuniones dónde, por casualidad, el mayor conoció a un hombrecito enjuto y con rasgos cadavéricos, que se metía donde nunca lo llamaban, y cuya desesperación por trepar lo convertiría en el hombre más poderoso del país. José López Rega era el administrador de la imprenta donde Urien armaba sus trabajos.
“MANO IZQUIERDA”. En la década del ’60, Alberte fue el verdadero delegado personal de Perón, a pesar de que varios quisieron atribuirse ese papel. Cuando en 1965 Isabel visitó el país, fue el mayor quien debió esconderla en su departamento de la calle Yerbal, por temor a que atentaran contra su vida. En esos años formó la Corriente Peronista 26 de Julio y la Organización de Estudios y Acción Nacional, con militares en situación de retiro, de baja y civiles. Organizó encuentros, publicó documentos, y montó un sistema de correo para enviar informes y recibir instrucciones del líder en el exilio.
“MANO IZQUIERDA”. En la década del ’60, Alberte fue el verdadero delegado personal de Perón, a pesar de que varios quisieron atribuirse ese papel. Cuando en 1965 Isabel visitó el país, fue el mayor quien debió esconderla en su departamento de la calle Yerbal, por temor a que atentaran contra su vida. En esos años formó la Corriente Peronista 26 de Julio y la Organización de Estudios y Acción Nacional, con militares en situación de retiro, de baja y civiles. Organizó encuentros, publicó documentos, y montó un sistema de correo para enviar informes y recibir instrucciones del líder en el exilio.
Alberte empezó a tener protagonismo en la Junta Coordinadora Nacional del Movimiento Peronista, con Horacio Lannes, Roberto García, Mabel Di Leo y Héctor Sampayo, entre otros. Este fue el período más prolífico de sus cartas con el ex presidente.
Madrid, 29 de noviembre de 1966, de Perón a Alberte: “Mi querido amigo: hemos conversado con el compañero Mayor Don Pablo Vicente y frecuentemente lo hemos mencionado a Usted, a quien por efectos de la tarea abrumadora que se cierne sobre mí, no he agradecido aún las infinitas amabilidades que ha tenido con Isabelita durante su estadía en la Patria, lo que hago hoy gustosamente con el agregado de hacerlo también por las actividades que sé que realiza allí en nuestras cosas. Muchas gracias por todo.
“Estoy informado por Vicente también de que Usted preside la organización OEAN de trascendencia en sus fines coincidentes con los del Peronismo, y deseo asimismo felicitarle por tan importante representación de los camaradas que, un día puede llegar a tener la importancia más decisiva en nuestras cosas.”
Buenos Aires, junio de 1967, de Alberte a Perón: “Mi querido General y amigo: contesto sus cartas del 2, 5, 7 y 17 de mayo que me llegaron juntas y a la mano por conducto de Rubén Antonio. Veo por ellas que muchos compañeros le informan de mi actividad hasta en sus menores detalles (mi detención por Coordinación Federal, mis viajes al interior, mi ‘mano izquierda’). De esto yo me he abstenido de informar, por cuanto prefiero ir dándole resultados. Estos cuestan bastante obtenerlos. Sé que Ud. ha sufrido y ha tenido que aguantar muchos en política, pero yo le aseguro que bajo mi ‘piel de rinoceronte’, con la que he debido cubrirme para aguantar mejor las piedras, los dardos envenenados, las falsedades, las hipocresías, etc., siento la necesidad de usar, no sólo mi ‘mano izquierda’, sino también mis uñas, mis pies, mis puños, mis dientes y todo aquello que me permita enfrentar a toda esta manada de lobos, que no aparentan ser otra cosa esta caterva de políticos y dirigentes que se han posado sobre el Movimiento para descarnarlo y transformarlo en un esqueleto muerto, sin vida.”
También se acercó a la juventud, que entre la simpatía y el respeto lo llamaba “el Mayor”, en un juego que aludía a su grado y a la diferencia de edad que le sacaba a los militantes de la JP. Cuando en agosto de 1967 la policía baleó al universitario Javier Casciaro, mientras pintaba la leyenda “Perón Única Solución” frente al Hospital Militar, Alberte responsabilizó por el hecho al general Mario Fonseca (jefe de la Policía Federal) diciéndole que “la psicosis de odios y rencores creada contra el Peronismo por la antipatria ha influenciado poderosamente a los agentes de la represión y los ha transformado en asesinos a sueldo”.
Trabajó para que Augusto Vandor no hiciera el “peronismo sin Perón”, y no dudó en ponerse del lado de Raimundo Ongaro en la gestación de la CGT de los Argentinos. Para sostener ese discurso fue uno de los impulsores del periódico Con Todo, donde estuvieron Gurucharri, Rearte, Tomás Saraví, Alfredo Ferraresi, el ex sacerdote Miguel Mascialino, García Elorrio y Alicia Eguren, compañera de Cooke.
Con Todo fue el que publicó, tras la muerte del Bebe, uno de los párrafos mejor escritos que recuerden a la militancia: “Hay épocas en que la dignidad de pueblos enteros reside en el coraje desesperado de unos pocos, cuyos atormentados sueños de justicia preforman las leyes de una humanidad nueva. Cooke perteneció a esa minoría predestinada y se expuso sin retaceos.”
El mismo día de aquella muerte, algunos miembros de la JP que se entrenaban en Taco Ralo, Tucumán, con Envar “Cacho” El Kadri a la cabeza, fueron detenidos por el Ejército. Era el primer signo de la existencia de guerrillas en el país, y Alberte otra vez salió a defender a sus pibes: “Hace pocos días, un grupo de argentinos levantados en armas y rebeldes fue apresado en los montes de la sufrida Tucumán, cargándose sobre ellos la acusación de comunistas y trotskistas, con lo cual se ha querido confundir a la opinión y minimizarse un problema que tiene la magnitud de todo un pueblo sojuzgado en rebeldía. Los compañeros apresados son peronistas. Las fuerzas de la represión y los servicios de informaciones han calificado arbitrariamente el alzamiento con la finalidad de ocultar la existencia del peronismo revolucionario enfrentado al régimen y para descargar en estos argentinos una represión feroz y también arbitraria”.
La represión feroz y arbitraria siguió, pero el mayor nunca aceptó el consejo de sus amigos: pasaje a Uruguay, casa y comida por un tiempo, contactos para un trabajo y esperar hasta que aclare.
Muerto Perón, la Triple A lo tenía marcado. Como había pasado con Moori Koenig, al Brujo nunca le gustó ese mayorcito que lo miraba con desconfianza desde aquella primera reunión en la imprenta. Y no se olvidaba del papelón que le hizo pasar cuando Alberte, con su amigo Troxler, le avisaron a Perón que él, Lopecito, estaba grabando clandestinamente la conversación mientras Julio le informaba detalles del trabajo de la Juventud.
Entre el ’74 y el golpe, la Triple A asesin{o a varios de los cuadros más cercanos al mayor, como Carlos Mugica y Rodolfo Ortega Peña. Pero la muerte de Troxler es la que más siente, indignado cuando se entera que lo han acribillado en un callejón de Barracas.
Entre el ’74 y el golpe, la Triple A asesin{o a varios de los cuadros más cercanos al mayor, como Carlos Mugica y Rodolfo Ortega Peña. Pero la muerte de Troxler es la que más siente, indignado cuando se entera que lo han acribillado en un callejón de Barracas.
“Era una época muy convulsionada –dice Bernardo hijo–; mi viejo se daba cuenta de que estaban todos en peligro, así como se dio cuenta que se venía el golpe de Estado, y por eso escribió su famosa carta. Hay un mensaje que le manda a Perón en el ’72, aconsejándole no volver porque no estaban dadas las condiciones. Perón estaba rodeado de traidores, era evidente que la cosa terminaría mal”.
Y agrega: “Pero lo que nunca perdió fue su capacidad de organización, incluso en medio del terror y el caos. Al negocio siempre venían amigos y militantes como Gurucharri, Troxler o Marita Foix, y a cada rato me decía: ‘Gordo, la limpiería tiene que dar plata’. La plata la necesitaba para mantener a la familia, pero también para el Movimiento”.
“A los pocos días del asesinato –continúa– me llegó un paquete. Pensé que era una bomba, pero me animé y lo abrí. Era una caja con 140 pasajes de Aero Perú, que el viejo pagaba en cuotas y recibía regularmente. Después supe que se los repartía gratis a los compañeros que estaban amenazados, para que se fueran del país.”
La mentalidad gorila
En 1969, la dictadura de Juan Carlos Onganía decidió devolver los grados a los militares que habían sido dados de baja después del golpe de Estado de 1955. Pero Alberte rechazó el “gesto”. Lo hizo públicamente con un documento que llamó “Participacionismo con uniforme”:
“Un grupo de ex militares que tuvo activa participación en el Peronismo ha recuperado sus grados –comienza el texto–, sus sueldos y sus privilegios como consecuencia de una amnistía que excluye a Perón y a otros. Esta exclusión no invalida el decreto. Por el contrario, reafirma nuevamente que este gobierno configura una cruda dictadura militar y que no se diferencia, en cuanto a su antiperonismo, a ninguno de los gobiernos que sucedieron a Aramburu y Rojas (…) Está concebido con la más completa mentalidad gorila, pues se continúa considerando que ser Perón y ser peronista sigue siendo un delito. Así lo consideran los gobiernos que detentan el poder en nombre del imperialismo y la oligarquía exigiendo desperonizarse previamente para ser considerado ciudadano…”.
En declaraciones a la revista Cristianismo y Revolución de marzo de ese año, Alberte sostuvo que correspondía “a todo peronista revolucionario y también a todo argentino sincero, no colocarse en la repugnante situación de obsecuentes de las Fuerzas Armadas (…) Además, no las considero poseedoras de virtudes inmutables (…) Tampoco creemos que exista alguna relación entre el ejército de la Independencia y el de la Vuelta de Obligado, con el de la época de la Organización que ganó sus trofeos asesinando gauchos o con el actual, que con el concepto de la guerra de fronteras ideológicas encuentra enemigos dentro del mismo pueblo y amigos entre los que lo explotan ignominiosamente”.
(La primera) Carta Abierta a la Junta Militar
Publicado el 24 de Abril de 2011
Buenos Aires, 24 de marzo, 1976.
Al Sr. Teniente General D. Jorge Rafael Videla. Comandante General del Ejército. Me dirijo a Ud. a los efectos de informar lo siguiente:
1.- El día 20-III-76, a las 20 horas, un grupo armado intentó secuestrarme en mis oficinas de la calle Rivadavia 764, 1º, con el aparente propósito de asesinarme. Acababa de retirarme del lugar elegido por esa banda armada unos minutos antes, lo que me permitió observar el operativo desde la calle, así como el gran despliegue de elementos materiales y humanos utilizados.
Al Sr. Teniente General D. Jorge Rafael Videla. Comandante General del Ejército. Me dirijo a Ud. a los efectos de informar lo siguiente:
1.- El día 20-III-76, a las 20 horas, un grupo armado intentó secuestrarme en mis oficinas de la calle Rivadavia 764, 1º, con el aparente propósito de asesinarme. Acababa de retirarme del lugar elegido por esa banda armada unos minutos antes, lo que me permitió observar el operativo desde la calle, así como el gran despliegue de elementos materiales y humanos utilizados.
2.- La observación personal de los hechos me permite asegurar a Ud. que se trataban de efectivos de seguridad.
3.- El día anterior en un operativo vinculado con el ya descripto fue secuestrado y luego asesinado el joven peronista Máximo Augusto Altieri.
4.- En las citadas oficinas desarrollo actividades políticas vinculadas al Movimiento Peronista, formando parte de la Corriente Peronista “26 de Julio”, cuyo ideario surge de la documentación que adjunto (…) Estos son los hechos que informo al Sr. Comandante General, pero que como información sintética y descripción objetiva, no tiene mucha importancia dentro de todo el contexto de violencia que caracteriza la situación política argentina, si no va acompañada de una apreciación que me siento con el derecho de hacer y con la obligación de señalar, por mi condición de Jefe retirado de las FFAA, cuya trayectoria dentro de la Institución el Sr. Comandante General conoce bien; por mi actuación política dentro del Movimiento Peronista, donde ocupé la más alta jerarquía dentro del país durante parte del exilio del General Perón y por la militancia política que continúo realizando dentro del movimiento mayoritario.
(…) Reconozco que el que utiliza un muerto, su muerto, para desahogar su ‘bronca’ por la injusticia de esa muerte, tiene derecho a hacerlo. Pero si siguiéramos en esa puja de exaltar a nuestros muertos, ¿quién tiene más derecho? ¿Aquel que tuvo la oportunidad de asistirlo y por lo menos, tocarlo aún caliente y desangrándose…? ¿O aquel que tiene que recogerlo sucio de un zanjón o de un pastizal, acribillado salvajemente, indefenso y maniatado, torturado y vendado sus ojos, en alto grado de descomposición, como dicen las autopsias, o como decimos nosotros, podrido y en condiciones de ser ya comida de gusanos? Este es el destino de muchos de nuestros militantes y de nuestros obreros. ¿Puede algún Coronel o algún General, asumir alguna vez, con su discurso, una tragedia como esta?
(…) No consideramos a las FFAA como una institución poseedora de valores inmutables, sino como una institución humana que actúa para bien o para mal.(…) Los méritos de San Martín no apañan a Quaranta, ni Fernández Suárez infama a Belgrano, a Dorrego o a Güemes. Podemos admirar al Almte. Brown y negar al mismo tiempo a Rojas y a Benigno Varela.
(…) Es que los argentinos tenemos una ingrata experiencia acumulada en este siglo. Cuando con el argumento siempre esgrimido y ahora repetido de la necesidad de defender “un estilo de vida”, nuestro estilo de vida, el Ejército protagonizó como represor la historia de la “Patagonia Trágica” y los obreros lo hicieron como mártires; cuando desde aviones navales con tripulación también de políticos se bombardeó al Pueblo en la Plaza de Mayo; cuando se fusiló en la Penitenciaría Nacional, en José León Suárez y en Campo de Mayo; cuando se fusiló en Trelew; cuando militares intervinieron en la profanación del cadáver de Evita (…) la preocupación se apodera de los sectores populares, especialmente cuando se anuncia que el Ejército intervendrá en la “subversión en las fábricas
(…) Si a ello agregamos que bandas armadas se desplazan por la Capital de la República y por los centros poblados, sin respuesta alguna de las fuerzas encargadas del orden y sin que las autoridades responsables (en este caso el Jefe de la Policía Federal) tomen conocimiento, el problema es más grave (…)
Solamente y como corolario de todo esto corresponde hacer una última reflexión. Frente al concepto ya asentado de la inhabilidad de las FFAA para el ejercicio del poder político, experimentado en tres desgraciadas oportunidades en lo que va de este siglo, comienza ya a extenderse en la opinión publica el mismo concepto, pero en funciones que parecieran más específicas de esas fuerzas: la del mantenimiento del orden y de la seguridad de las personas, a cuyo servicio han puesto ya oficiales en actividad.
(…) Por último hago saber al Sr. Comandante General que denuncias similares sobre el hecho a que da lugar esta, han sido formuladas ante instituciones políticas, de la Iglesia, empresarias, obreras y profesionales, donde a cada una se le hace conocer nuestro pensamiento sobre las responsabilidades de cada una.
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