domingo 31 de julio de 2011

Barcelona, año 2001, "indignats" y descamisados

Me escribe Montse, una amiga catalana desde Barcelona. Después de ella, una nota del historiador catalán Xavier Domenech, traducida al castellano por él mismo para Sin Permiso, dónde, entre otras cosas, cuenta que la derecha catalana compara a los "indignados" de España con los descamisados peronistas. Esto bastó para que la mande sin haberla terminado de leer. Y es que Montse, que en Catalunya y España es roja, en Argentina simpatiza con el left peronism... Toma ya.

Dice Montse: "... no quiero ni pensar lo que va a ser aquí si gana el PP, en las generales, además Aznar amenaza volver a la política activa y su plan es privatizar la sanidad pública que aquí es una prestación universal. Las mentiras que dice la derecha son un insulto a la inteligencia. Pero antes, con Aznar, en Cataluña estábamos protegidos porque la gente había votado un "gobierno de resistencia", que fue el famoso "tripartito" (socialistas, independentistas y ecocomunistas) que hizo muchas cosas buenas pero soportó un ataque de los medios incesante. Ahora la derecha burguesa catalana ha recuperado el poder ayudada por el PP y están derogando todas las leyes progresistas del tripartito. Las derogan en bloque, crearon una ley  llamada "omnibus" por la cual se derogan todas las leyes que promulgó el gobierno anterior. Las empresas podrán instalarse antes de que se estudien los protocolos de contaminación, los animales protegidos dejan de estarlo y podrán volver a ser cazados para deporte o para venderlos. Al día siguiente de asumir, quitaron el impuesto de sucesión que gravaba las grandes herencias, quitaron el impuesto de patrimonio, y bajaron los impuestos para los ricos. Es de terror, hasta están pidiendo a la gente que devuelvan las ayudas sociales que cobraron la anterior legislatura. Han puesto para eso un impuesto especial que grava las ayudas sociales. Es de locos.

Dos lógicas de un movimiento: una lectura del 15-M y sus libros
Xavier Domènech · · · · ·
01/08/11


En su libro sobre el 15-M, Carlos Taibo nos anuncia que “Nada será como antes”, mientras que otra voz, la de Pilar Velasco en No nos representan, afirma sin asomo de duda: “desde España se ha exportado el único modelo de movilización posible (…) el movimiento de los indignados ha entrado en la Historia”. Y ciertamente, siguiendo a Taibo, el movimiento que irrumpió hace apenas dos meses en nuestras vidas ha tenido un elemento emocional innegable y, en este sentido, ha marcado una cisura. Uno se descubre de golpe, inesperadamente, llorando en una plaza mientras escucha una canción. En una plaza donde nunca antes le ha brotado una lágrima y con una canción que tampoco le ha obligado a esforzarse a contenerlas. Por lo que se ve, según nos relata Amador Fernández-Savater en otro texto que se encuentra en Las voces del 15-M, lo mismo le sucedía a una militante del Partido Popular en otra plaza del Estado. Probablemente ello nos habla de una impotencia contenida y aislada durante demasiado tiempo, compartida por demasiadas personas que un día se descubren a sí mismas no siendo una, sino miles, no siendo pocas, sino muchas. Pero si todo se reduce al componente emocional -que podemos acabar por compartir con gente que, como la muchacha que nos describe Fernández-Savater, nos es ajena cuando salimos del mundo de la plaza- o a la autoexaltación, poco avanzaremos más allá de aquel momento. Después de todo, la gente no hace lo que hace –esperamos– sólo para entrar en la “Historia”, así, en mayúsculas, a pesar de que viendo las librerías uno podría pensar que el movimiento efectivamente lo ha hecho. Lo podría pensar. Nunca un movimiento había dado lugar a la publicación de tantos libros -una decena como mínimo ya- en tan poco tiempo. Parafraseando a Churchill parece, de nuevo, que nunca tantos debieron tanto a tan pocos (es broma, aunque hay autores que se prodigan hasta en tres libros diferentes para decir casi lo mismo casi con las mismas palabras).

A Enric Juliana, el comentarista de derechas con más categoría de este país –que sin duda juega en una liga mayor entre los opinólogos, incluyendo desafortunadamente a los de izquierdas–, le gusta sugerir al referirse al movimiento del 15-M que éste no es sino una forma moderna y de andar por casa de peronismo: los “descamisados” patrios y modernos se habrían lanzado a las plazas a bailar un apasionado tango con Evita y poco más. A pesar de la mala leche gastada en esta afirmación, no se puede negar que hay un punto de populismo en el 15-M. Esta es una de sus principales virtudes, la de integrar todo tipo de discursos y malestares. Pero corre el riesgo de ser su propia tumba. Tal como explica el interesante texto de Íñigo Errejón, en este caso en el libro Las raons dels indignats, “si sus interpelaciones se amplían sin fin, serán tan atractivas como vacías”. Y es que el 15-M, más que producir –como parece sugerir el propio Errejón- una recomposición de la hegemonía social, cultural y política a su favor, nace y se desarrolla en una crisis de hegemonía sin parangón en las últimas décadas. Interactuar y crear, en este sentido, no son exactamente lo mismo. En un caso sabes que formas parte de una realidad, en el otro puedes pensar fácilmente que eres la realidad.  

En la medida en que obedece descarnada y públicamente a los dictados de los mercados, en el marco de una crisis que es sistémica, el capitalismo liberal democrático se muestra a ojos de una parte creciente de la población como poco o nada democrático, hundiéndose en el proceso gran parte de su legitimidad social y política. Tan sólo en este contexto se entiende que, cuando las acciones protagonizadas por el movimiento frente al Parlament de Catalunya produjeron la reacción de todos los resortes de creación de opinión del establishment, el resultado más inmediato fuese la gran manifestación del 19 de junio vivida en Barcelona. Cuando la democracia establecida llamó a defender su legitimidad última, en un discurso por otro lado absolutamente hinchado, se encontró con que una parte importante de la población, reflejada también en las encuestas de esos días, tenía dudas sobre quien la representaba: si el movimiento o las instituciones. Esto no habría sido posible sin la crisis, sin su gestión reaccionaria y sin la defensa de una agenda definida por el capital tanto por parte de la derecha como de la izquierda gobernante. En este sentido, y en la medida en que cuestiona que las instituciones sean representativas de la población y señala los causantes de la crisis, el movimiento del M-15 se sitúa en el centro, y prácticamente como portavoz único, del descontento social. Ningún otro movimiento que haya cuestionado el funcionamiento de la democracia ha alcanzado los niveles de apoyo -en algunos momentos cercanos al 70% y al 80% de la población- que ha tenido el 15-M. Esto nos habla del movimiento, ciertamente. Pero nos habla más aún de la situación de la democracia establecida, ya que la existencia “de un enemigo que define su unidad, según nos explica el mismo autor de antes, no garantiza por sí sola la conversión de la protesta en un sujeto social y político, ni tampoco que el movimiento esté protagonizando una recomposición de la hegemonía alrededor suyo. Ciertamente, su aparición ha permitido cambiar las agendas públicas y ha sido el detonante de nuevas actitudes y acciones de resistencia marcadas por unos valores que nadie había previsto. En este sentido, ha sido agua de mayo en medio de una sequía que parecía ya invivible. Pero hará falta algo más. Y es que el contexto, la lógica del movimiento y su capacidad de propuesta, también determinarán su suerte.

De enjambres, manadas de lobos y otras fábulas: la genealogía de un movimiento

En la construcción de la narrativa del movimiento que emerge de los libros dedicados a él, hay algo de batalla por su memoria, de pasión, como no podría ser de otra manera, por impulsarlo hacia adelante, y de elementos que ayuden a su articulación y comprensión. En este sentido, más allá de los textos que sitúan su origen en la CIA y sus objetivos en la activación de una revolución naranja dirigida a reforzar el propio sistema, reunidos en el libro Indignados, es posible encontrar unos primeros intentos más serios para establecer su genealogía. Prólogo que en algunos casos deviene epílogo de la mirada que atraviesa el movimiento, cubriéndolo más que descubriéndolo.

Para algunos, los antecedentes de lo acontecido deberían rastrearse en el movimiento antiglobalización, nacido a finales de la década de los noventa y desaparecido a principios del cambio de milenio (convirtiéndose así en uno de los movimientos más cortos de toda la historia de los movimientos sociales, a pesar de los ríos de tinta, libros, tesis y paradigmas que se establecieron en torno a él). Para otros, sus referentes inmediatos serían el 11-M de 2004 y el movimiento anti-Bolonia. Sin embargo, de entre todos destacan los que afirman su novedad radical, en abierta ruptura respecto de todos los movimientos sociales del pasado (tal y como ya se hizo, por otra parte, con el movimiento antiglobalización). Para dar cuenta de esta ruptura, vuelven a usarse incluso viejas metáforas animales. Metáforas que, a la espera de la maduración de un tercer animal que haga justicia a la novísima novedad actual, se centran en la diferencia entre el modelo de la manada de lobos –propia del pasado-, y el del enjambre, propia de un presente que se inicia en los noventa. La primera imagen, la de la manada de lobos, evocaría la forma de acción política de los partidos de vanguardia disciplinados y jerárquicos que, como reflejo directo de la sociedad-fábrica fordista, actuarían como una jauría de lobos hambrientos. La imagen del enjambre nos hablaría en cambio de formas de acción política dinámicas, creativas y sin centro-ordenador, reflejo de la sociedad precaria donde el trabajador no sólo usa su cuerpo, sino que trabaja básicamente con la mente. Estas formas actuarían de manera dispersa pero terriblemente efectiva como un imparable ataque de abejas.

Podría decirse que estas metáforas son, en verdad, animales, ya que ni los partidos de vanguardia fueron dominantes entre las clases populares del siglo XX, ni la acción política ha sido nunca el mero reflejo de un tipo de organización de la producción. De hecho, las vanguardias surgieron allí donde no existía el fordismo (en la Rusia de principios de siglo en sus diversas variantes o en la China de los años 20 y 30) pero sí las dictaduras. El modelo del partido dominante que adoptaron los movimientos emancipatorios del siglo XX en las sociedades industriales fue el del partido de masas, como el SPD alemán, y no el de vanguardia. Estos últimos se formularon no en sociedades industriales, sino en y para sociedades dictatoriales (tal y como era la Rusia zarista), donde realmente dominaron como tales (en Rusia, China, Vietnam o, con diferencias, Cuba). Es por eso que en occidente, los partidos comunistas de vanguardia sólo devinieron dominantes en el marco de la resistencia, ya que eran los más preparados para afrontar la situación bajo una dictadura (en Italia o Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, y en España bajo el franquismo). Por eso mismo, estos partidos comunistas surgidos de la resistencia, una vez acabada la dominación fascista, adoptaron significativamente la forma de partidos de masa y no el modelo leninista. En este mismo sentido, tampoco se puede afirmar que la creatividad, la organización en red, o incluso, las organizaciones supranacionales, sean únicamente patrimonio de los movimientos sociales de la década de los noventa y de la primera de nuestro siglo. En esta línea, los restos de Negri y sus epígonos de poco sirven para pensar nuestro presente.

Es cierto, sin embargo, que ha habido cambios importantes en la acción de los movimientos sociales desde los años sesenta hasta hoy. Y también es cierto que estos cambios están relacionados con la transformación de la sociedad y de las relaciones de producción. Abordarlos todos aquí nos apartaría del camino que señalan los libros sobre el 15-M. Pero hay uno que ha caracterizado de manera específica este movimiento, que emerge de la lectura de sus libros y cuyo interés es innegable. Se trata de un elemento abordado de una forma menos globalizadora que los intentos antes mencionados de establecer genealogías, en los textos de Gala Pin e Hibai Arbide en Les Raons dels Indignats y también en Les veus de les Places, en el capítulo de Klaudia Álvarez en Nosotros los indignados, y en el magnífico texto de Alba Muñoz, precedido por una extraordinaria crónica del movimiento que debemos a la mano de Ana Requena, en Las Voces del 15-M (probablemente el libro en conjunto más completo, sugerente y menos ideológico de los que han salido). Por primera vez, con pocos precedentes más allá del de V de Vivienda, un movimiento sale de la red, y no sólo la utiliza, para ir hacia la calle. La aproximación a este aspecto del fenómeno deviene indispensable. Lo interesante de estos textos, de hecho, es que no se limitan al componente organizativo del proceso. Nos dan elementos para comprender la red como un elemento que diluye la potencia del control de los medios de comunicación tradicionales, que teje voces y crea nuevas identidades, que resulta básica para liberarse de los espacios del poder y reaprender fuera de ellos que no somos uno sino muchos. Nuevas redes que dan libertad y en las que, a pesar de todas las rupturas producidas, lo que fluyen son paradójicamente imaginarios que parecían ya olvidados.

En efecto, a pesar del mantra que se despliega en alguno de los textos al nombrar la novedad radical del movimiento –y que a veces se vuelve anatema contra los militantes provenientes de la izquierda radical, conminados a cohibir su discurso que de nada serviría en el nuevo contexto- lo cierto es que lo que ha retornado es la palabra pueblo, y no “multitud”, los sujetos fuertes y no los débiles (“el pueblo unido jamás será vencido”), la “democracia real” o la “revolución”. Es decir, todas aquellas palabras que ni la misma izquierda radical se atrevía ya a mentar, y menos aún aquella que se pretende (post)moderna o hija de todas las rupturas. Tal como nos explica Juan Carlos Monedero en su texto en La rebelión de los indignados, el único himno que se sabe que se ha escuchado en las plazas no ha sido otro que la Marsellesa. Tiene más de doscientos años: no está mal. Un himno que para muchos es sistémico –el oficioso del Estado francés– y que sin embargo no ha perdido su carga revolucionaria. Por eso, de hecho, durante el bicentenario de la revolución francesa, en 1989, las autoridades se plantearon su eliminación, cosa que no consiguieron. Como tampoco pudo evitar CiU que Els Segadors fuera el himno de Cataluña. En ocasiones, una parte de los activistas, en su intento de renegar de aquello que se considera pasado, pensando que así se llegará a una gente que cuando irrumpe en el espacio de la protesta no puede ser más clásica, olvida que la tradición es algo vivo. Algo que puede activar su carga de cambio en cada nuevo presente cada vez que siente que está siendo violentada. En este caso, lo que se percibe como violentado no es otra cosa que la democracia. Y lo que se levanta no es otra cosa que su proclamación en toda su amplitud y significados.

El qué, el cómo y el porqué 

Si hay un debate que mueve a la sonrisa en los diferentes libros, ya que en algún momento adquiere tintes metafísicos y esconde muchos problemas de fondo no afrontados abiertamente, es el del “cómo” y el “qué”. Seguramente quienes lo plantean más claramente son los textos de Hibai Arbide, cuando afirma en Les raons dels indignats que “aquello que une al movimiento no es tanto el qué, sino el cómo”, y de nuevo, de Íñigo Errejón, cuando dice que “Los procedimientos están bien, pero no dejan de ser el ‘cómo’. Será en el ‘qué’ donde el movimiento articulará más simpatías y alianzas –se hará más pueblo– y agudizará la crisis de autoridad”. En muchos textos, este debate se cierra con el acuerdo común de que, en todo caso, “nadie nos representa”. Este acuerdo establecería una unidad superadora del “qué” y el “cómo”, con alguna sentencia definitiva como la de Ramón Cotarelo en el libro Indignados: “Jamás había estado tan claro que la oposición entre Rosa Luxemburg (el fin lo es todo; el movimiento nada) y Eduard Bernstein (el fin es nada; el movimiento, todo) era absurda, porque el fin y el movimiento son lo mismo.” Pero si es dudoso atribuir a Rosa Luxemburg una afirmación como esta, más allá de una de sus primeras polémicas, también lo es que este debate esté realmente cerrado. De hecho, se sitúa problemáticamente en el corazón de las dos lógicas que pueden atribuirse al movimiento.

Carlos Taibo, en un libro que es de los más humildes y en este sentido de los más veraces que se han publicado, capta muy rápidamente lo que él denomina las dos almas del movimiento: la rupturista y la reformista. Es más, capta también una posible evolución de las mismas para el caso de Madrid. Si allí los activistas más radicales habrían sido inicialmente los predominantes, poco a poco la hegemonía habría pasado a quienes buscan un cambio “en” el sistema y no “de” sistema. Una evolución probablemente inversa a la vivida en Barcelona. Si aquí inicialmente los activistas más radicales no habrían visto como propio el 15-M, un vez éste ya había producido su primer impacto, progresivamente habrían teñido con más fuerza su decurso. Esto es así, probablemente, porque, se diga lo que se diga, en Barcelona la eclosión de las plazas se inscribe en un ciclo que ya había comenzado como mínimo en septiembre, con la movilización de los barrios y la acción del Banco okupado en el marco de la huelga general, y que tuvo continuidad hasta llagar a mayo. No en vano el 1 de mayo alternativo, con un contenido propio de la izquierda radical, había mostrado, ya antes de la irrupción del 15-M, una apreciable capacidad de movilización. Tampoco el marco político en el que se mueve el movimiento en Barcelona y en Madrid es exactamente el mismo: aquí eclosiona en medio de las movilizaciones contra los recortes sociales. De todas formas, ahora que el movimiento se ha replegado a los barrios y a la red, es probable, tanto en Madrid como en Barcelona, que el activismo más radicalizado, en medio de una realidad también cada vez más radical, sea de nuevo el predominante. En este sentido, la diferencia entre la militancia anterior y posterior a la irrupción del movimiento reside, más que en su proclamada desaparición, en el hecho de que en el proceso ésta ha aprendido a encarar un lenguaje y unas formas de acción de mayorías. Pero más allá de esto, el problema sigue latente. Tal como dice Raimundo Viejo, en Les raons dels indignats, “Además de querer operar un cambio ‘en’ el sistema, en las plazas se aspira a cambiar ‘de’ sistema ¿Hasta dónde llegará esta ruptura constituyente? El final está todavía abierto.”

La percepción compartida por las dos almas del movimiento se basa en la idea de que el sistema representativo, en tanto y en cuanto no obedece a sus representados, sino a aquellos a quien nadie puede controlar democráticamente, se ha convertido más en un problema que en una solución. De ahí el shock con el que las direcciones de los partidos de la izquierda parlamentaria no gubernamental han afrontado el 15-M. Desde su punto de vista, gran parte de les demandas concretas del movimiento figuran desde hace años en sus programas. Y ciertamente es así, lo cual explica su incomprensión frente al hecho de que el movimiento se haya negado a reconocerlos como su voz en las instituciones (lo cual no significa que a la larga no encuentren mecanismos para capitalizarlo electoralmente en parte). Lo que ocurre es que el problema reside en el sistema globalmente considerado. Éste, en efecto, ha mostrado que no es aquello que dice ser -una delegación del poder del pueblo-. Y en la medida en que esta izquierda tiene su centro de actuación en el aparato institucional de este mismo sistema, y no ha desarrollado un discurso de crítica global a sus mecanismos, no es percibida como una parte de la solución, sino como una parte del problema. Y de aquí la unidad que despierta el lema “nadie nos representa”.

Dicho esto, hay una cuestión que a veces no se quiere afrontar. En este lema caben dos significados: que el sistema tiene una crisis de representación o que el sistema no nos puede representar. La primera acepción del lema es muy clara, no tanto entre aquellos reticentes a afrontar este debate más allá de la oposición entre el “cómo” y el “qué”, sino entre quienes han optado por abrirse a pequeñas y diversas entrevistas. En un par de ellas, recogidas en el libro Las voces del 15-M, queda bastante claro: “Primero queremos que el sistema sea efectivo” –es decir que sea lo que dice que es–; “Y lo que pretendemos desde el principio es que los gobernantes dejen de gobernar para los poderes financieros y empiecen a gobernar para los ciudadanos”. Este alma reformista puede alcanzar extremos singulares. Así, uno de sus portavoces, Pablo Gallego, llega a plantear en Nosotros los Indignados que el paro se debe a la existencia del seguro de desempleo que desincentiva la búsqueda de trabajo o que la parálisis social actual tiene sus orígenes en la falta de iniciativa de una mayoría que solo aspira al funcionariado, para acabar pidiendo un mercado completamente libre de trabas. Sin embargo, se trata de un caso extremo, que nos habla de la pluralidad que puede llegar a expresar este apoyo del 70-80% de la población. El centro de las demandas, en todo caso, pasa por la exigencia de una nueva ley electoral, de una más clara división de poderes, del fin de la corrupción, o de la implementación de nuevas técnicas, explicadas en el texto de Iván Giménez en La rebelión de los indignados, de Open Government. Todas estas demandas plantean una solución progresista de la crisis, ya que pretenden estrechar los vínculos entre el sistema representativo y la población, intentando imposibilitar así la influencia de los intereses económicos en la dirección de nuestras vidas. Sin embargo, frente a estas propuestas que animan el movimiento, surge de nuevo la pregunta clave planteada en el genial texto de David Fernández en Les veus de les places: “¿cuánta democracia aguanta el capitalismo?”. Es decir, en la situación actual, ¿el reformismo es posibilismo?

Más allá de toda la propagandística generada por los aparatos policiales, los políticos y los medios de comunicación sobre los antisistema, lo cierto es que, con frecuencia y  más allá de las retóricas, éstos lo son más por su diagnosis que por las soluciones que proponen. Es decir, se parte de una consideración general sobre el hecho de que el sistema no es sostenible social, ecológica, energética, económica o éticamente, y a partir de aquí se actúa. Pero en esta actuación se acaba por demandar medidas reformistas a falta de un modelo alternativo claro que oponer al sistema. En este camino, que ofrece ciertas virtudes de cara a los intentos de criminalización hechos desde el sistema, los “radicales” lo son en tanto intentan defender una sanidad pública, una escuela pública, un modelo alimentario o los derechos laborales. A pesar de ello, la irrupción del movimiento en el marco de una crisis tan clara de hegemonía del sistema ha puesto en primer término, de nuevo, la necesidad de su transformación radical: “aquí empieza la revolución” ha sido uno de los gritos increíblemente más coreados. La emoción de muchos militantes al escucharlo probablemente provenía más de no haber visto nunca cómo tanta gente junta gritaba su necesidad que del hecho de que la situación fuera revolucionaria en sí. Pero esto no quita que, a partir de una percepción creciente, la de la necesidad de un cambio radical, haya resurgido también el problema de la alternativa. Un problema, no obstante, demasiado serio y complejo para los movimientos emancipatorios actuales, que no admite una solución rápida. En los textos recogidos en los libros, unos, los que provienen de la izquierda anticapitalista organizada a través de la forma partido, han optado sencillamente por no mentarlo. Seguramente, su análisis es demasiado deudor del ciclo de luchas de la antiglobalización como para no ver en el presente una reedición de un pasado reciente. Desde esta óptica, lo que se estaría viviendo sería un nuevo ciclo de acumulación de luchas y fuerzas, pero no mucho más. Ciertamente es difícil pensar, a pesar de todo lo que se haya gritado y proclamado, que se esté viviendo una revolución. No obstante, mimetizar esta situación con la de los noventa parte de un análisis que, en mi opinión, sigue siendo deudor de un movimiento y de una idea de acumulación política muy singulares. La situación, en verdad, es radicalmente diferente, y de la misma manera que ésta no es una crisis usual, tampoco se puede seguir pensando con viejos esquemas.

Fuera de este marco, otros agentes han optado, como ya se ha dicho, en insistir en la novedad del “cómo”, proponiendo un análisis en el que el movimiento en sí mismo, más que en su interacción con el poder, aparece como vehículo de transformación radical. Esta segunda vía interpretativa soluciona muchos problemas en términos discursivos, pero pocos, desde mi punto de vista, en términos reales.  La postura más aparentemente radical frente el problema de las alternativas es, sin duda, la que adopta Santiago López Petit. En sus dos textos que abren y cierran Les veus de les places, es contradictoriamente claro. En el primero, utilizando como nadie un “nosotros” mayestático que pretende convertir su voz en la Voz y que niega toda la complejidad que se desprende del movimiento, nos anuncia que “Jamás sabrán quienes somos. Por eso tiemblan (…) No sabrán quiénes somos pero tampoco sabrán qué queremos. Nosotros no hemos de dar alternativas (…) Las alternativas son siempre trampas porque se dan dentro de lo que hay, y en cambio nosotros rechazamos lo que hay”. De este modo pretende romper cualquier nudo gordiano que se plantee: no hay “qué”, el “qué” es sistémico. No obstante, si no hay ha “qué” y sólo reificación constante de un “yo” que pretende ser “nosotros”, finalmente se plantea un problema que puede acabar disolviendo el movimiento. Si no hay objetivos, en efecto, ¿para qué el movimiento? Como discurso poético puede funcionar, como discurso de movimiento no sirve de nada y es por eso que él mismo cierra el libro con una propuesta de objetivos para pasar “de indignados a revolucionarios”. Una propuesta que, paradójicamente, acaba por ser extremadamente “reformista”: renta básica, no a los desahucios, no a la Ley Sinde, etcétera. Y si eso es pasar de indignados a revolucionarios…. Se salva, finalmente, la contradicción, afirmando que en realidad “la estrategia de objetivos se inscribe y tiene sentido sólo en el interior del movimiento que deslegitima el Estado de los Partidos”. Con lo cual seguimos estando en el principio, ya que la propuesta deviene de nuevo retórica o, si se quiere, poesía.

Otras voces, que reconocen en el anterior autor a uno de sus principales referentes, amplían sin embargo la solución de una forma más congruente, también a partir de la insistencia en el “cómo”. En este caso, tal como afirman Ivan Miró y Flavia Ruggieri, en su texto de Les veus de les places, el grito “no nos representan” constituiría una ruptura radical, ya “es la asunción del fin de la delegación, la grieta por donde emerge la capacidad de autoorganización. La fuerza de la cooperación social”. En este contexto, “la alternativa son las propias plazas” y “la plaza es la metáfora de la nueva sociedad”. Algo similar es lo que viene a decir Amador Fernández-Savater: “La democracia que queremos es ya la misma organización de la plaza”. De ese modo, el “cómo”, y no el “qué”, se convierte en principio y final, en medio y objetivo. Un “cómo” que, al centrarse tan sólo en uno de los medios del movimiento y en la apelación a una autoorganización social todavía no suficientemente explicada y confrontada en todas sus posibilidades, puede quedar pequeño fuera de un mundo, el de una plaza, que por grande que pueda llegar a ser es también efímero.

Seguramente, pensar alternativas al sistema fuera de las metáforas o la poesía es todavía un recorrido difícil. Pero es un recorrido que no se puede obviar, o solucionar rápidamente, si se cree realmente que el sistema es insostenible. A veces, es mejor decir que aún no tenemos un “qué” claro que afirmar que éste no existe, que es una trampa, o bien que todo se soluciona disolviéndolo en un “cómo” extremadamente débil como alternativa. La parte reformista del movimiento puede pensar que este problema no le atañe, y la rupturista pretender solucionarlo rápidamente, pero afecta por igual a las dos almas del movimiento. De hecho, más allá de la idea de que este movimiento en sólo dos meses ha traído un cambio radical con todo lo anterior, o que ha superado todas las tensiones entre proceso y objetivos, ya que el proceso es el objetivo y el objetivo es el proceso, lo cierto es que históricamente el reformismo fuerte solamente ha tenido éxito cuando la existencia de una alternativa también fuerte al sistema impelía a éste a negociar.   

¿La revolución fue una fiesta?

Decía Makinavaja, después de matar a un torturador de la policía, que lo había hecho porque en un mundo sin ética a las almas sensibles tan sólo les quedaba la estética. De todas formas, cabe recordar que, tal como escribía en la pizarra el profesor de estética Valverde justo antes de abandonar la universidad franquista en protesta por la expulsión del catedrático de ética Aranguren, no hay estética sin ética. El movimiento del 15-M ha supuesto una irrupción de una intensidad proporcional a la de las varias decepciones y frustraciones anteriores a su génesis. Y cuando se han buscado palabras para describirlo parecía que pocas lo podían contener: “revolución”, “entrar en la historia”, “escribir la historia” o, según nos explica una de sus portavoces, Aída Sánchez, en No nos representan, no otra cosa que  “la mayor movilización ciudadana que jamás haya tenido este país…”. No pondremos ejemplos de otras movilizaciones, como tampoco de lo que es una revolución. Después de todo la fuerza del movimiento también vive de su confianza y optimismo, que se transmuta en coraje. Pero sin perder esto de vista, es imprescindible mantener un cierto sentido de la realidad, si no se quiere que esta fuerza acabe derivando en frustración cuando no se vean claras las salidas. Y la realidad es que estamos viviendo, no una revolución, sino el contexto de la más grande reacción, esta sí, de la historia reciente de nuestro país, y que si hay alguna esperanza vendrá solamente del tipo de movimientos que hemos vivido hasta ahora. Hace falta cuidar la esperanza y no tan sólo extasiarla. El propio movimiento tiene que poder no quedar atrapado en sus metáforas, ni en codificaciones y principios establecidos en demasiado poco tiempo. Su principal aportación ha sido saber, de nuevo, que nada está escrito. Por eso, no se puede permitir que el afán de escribir ahora demasiado rápidamente nos impida de nuevo saber que nada está escrito. No sabíamos si pasaría o no, lo deseábamos pero no lo sabíamos, y cuando pasó no pasó como nadie había imaginado y nos gustó precisamente por esto. Pensar sobre ello nos da herramientas, pero establecer legitimidades o principios inmutables no parece que nos puede ayudar mucho a andar. Las formas de acción actuales pueden ser radicalmente diferentes dentro de unos meses. Los medios que se han establecido como símbolos pueden ser sustituidos por otros nuevos o la crisis de hegemonía del sistema cambiar radicalmente las formas de acción y discurso. Cabe pensar, más allá de la autoconfianza, que no es imposible una capitalización política del movimiento por parte de discursos populistas generados dentro del mismo sistema. Ya ha ocurrido con movimientos similares, cuando éstos no han afrontado ciertos problemas. Cabe ver también, más allá de la autoglorificación, la gravedad radical de la situación. Cuando el movimiento de la generaçao a rasca de Portugal, que ha sido el precedente más inmediato del 15-M tanto por sus formas de organización como por su sorprendente capacidad de convocatoria inicial, acabó su primer y espectacular ciclo de irrupción, quiso encaminarse, a falta de salidas más claras, hacia una gran campaña por una ILP. En medio del proceso, el país fue intervenido por el FMI y dejó al movimiento absolutamente descolocado. No hay medios únicos, ni formulas unívocas. Todo es válido y todo lo puede dejar de ser. Personalmente, creo que es lo único que he aprendido, pero también puede ser que no haya entendido nada. En todo caso, más que leer, seguiré al lado de aquellas personas que, en un momento de peligro, nos han retornado la confianza en los otros, en todos los otros, porque es cierto que –no sé si en el movimiento– en nuestro mundo, ya nada será igual.

Xavier Domènech es historiador y profesor de la Universitat Autónoma de Barcelona. Su último libro es Clase obrera, antifranquismo y cambio político, La Catarata, Madrid, 2008. Este artículo fue publicado originalmente en catalán en el blog http://inicis.blogspot.com/ el pasado 22 de julio de 2011 y ha sido traducido para su publicación en SinPermiso por el propio autor.

La OTAN bombardea la TV libia y mata a tres periodistas

Declaración de Empleados Departamento de Radiodifusión de Libia (distribuido por Rolando Segura, corresponsal de Telesur en Trípoli)

Conferencia de Prensa Empleados Radiodifusión de Libia. Trípoli, 30/07/2011
En un acto de terrorismo internacional y en violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, la OTAN atacó las instalaciones del Departamento de Radiodifusión de Libia durante las primeras horas de esta mañana. Tres de nuestros técnicos fueron asesinados y 15 heridos  mientras desempeñaban  su deber profesional como periodistas libios.

La OTAN admite la comisión de su delito para  ¨ silenciar la máquina de propaganda de Gaddafi ¨, como una justificación para actuar como asesinos.

Nosotros somos los empleados de la televisión oficial libia. No somos un objetivo militar, no somos jefes en el ejército y no suponemos una amenaza para los civiles. Estamos realizando nuestro trabajo como periodistas en representación de lo que de todo corazón creemos que  es la realidad de la agresión de la OTAN y de la violencia en Libia.

Tenemos el derecho a trabajar en un entorno seguro protegido por las leyes nacionales e internacionales. El hecho de que trabajemos para el gobierno de Libia, o que  representemos puntos de vista  contrarios a  la OTAN y a  las bandas armadas no nos hace un blanco legítimo para los cohetes de la OTAN.

Como periodistas, demandamos tener la plena protección de la comunidad internacional y solicitamos a nuestros hermanos en la profesión de todas partes del mundo, que se levanten contra tales ataques dirigidos contra el personal de los medios.

Periodistas extranjeros en Trípoli, Reporteros sin Fronteras y organizaciones de derechos humanos: hacemos un llamamiento a ustedes a expresar su clara  postura moral y profesional  sobre esta cuestión.

Tenemos la esperanza de que sus medios de comunicación nos ayuden a poner de relieve esta importante cuestión y pronunciarse en apoyo de nuestra justa causa.

Gracias,
Empleados Departamento Radiodifusión de Libia.

Pino y Macri, dos a quererse



De El Fusilado
 

Acaba de salir Pino de votar. Encara las cámaras cual estrella de rock and roll, gorrita progre de coté y todo. Ante la pregunta sobre qué pensaba de la campaña sucia denunciada por Filmus de parte de Macri, el otrora exitoso co-director de Cine sólo atinó a responder que si de campaña sucia hablamos, el Gobierno Nacional es el principal promotor desde la TV Pública que él paga y de 678.

Discusión vieja si las hay, todavía es argumento de muchos antikirchneristas e incluso de muchos "ni", el uso de la pantalla de la TV. Y cuando se refieren a la TV pública se refieren a toda la programación, no a la hora y media que dura el programa en cuestión. Pero como no tienen ni idea de lo que es la Tv Pública hoy, la asumen como mejor les conviene.

¿Es que no es justo acaso que parte de ese 45% que le dio (y que no también) el mandato a Cristina no pueda tener una hora y media por día de un programa con contenido que no puede ver en otro lado?

¿No es plural eso? ¿Cómo es que ahora se preocupan tanto por un canal que nunca miraron? Es evidente la censura. Acá no se pretenden programas antikirchneristas en Canal 7, se pretende la anulación de los que defienden explícitamente el proyecto de manera efectiva.

Pino termina su argumentación, como bien eurocéntrico que es (uno supone que siempre lo ha sido y que Getino no le ha permitido expresarlo) diciendo esto de que en los países serios las televisoras públicas son críticas y plurales. Sanata para la tribuna. Habrá que ver cuánto aportan a la democracia esas televisoras "plurales". Bueno, capaz que habría más racismo en Europa. Racismo reglamentado por leyes, digo, por si a alguien se le pasa eso. Pino es incapaz de pensar la construcción de un proyecto de país de visión latinoamericana, independiente de los poderes económicos. La TV Pública es una herramienta legítima que se usa de manera legítima, incluso uno podría reclamarle más defensa. Pero a Pino le molesta esa hora y media. No la utilización de su plata (también) para operetas telefónicas y de difamación.

Y le dice amigo a Luis Novaresio al terminar la nota. Un tierno.

Papel prensa: se cierra el círculo sobre Magnetto

Sólo dos breves comentarios a esta interesantísima nota de Verbitsky. La presunta interpretación de Mochkofsky acerca de que "Magnetto habría rehusado el apoyo al gobierno en el conflicto con las patronales agropecuarias (a cambio del lobby oficial para que Clarín se quedara con Telecom), porque 'había perdido toda esperanza en el futuro de los Kirchner'" no sólo no se sostiene sino que parece digna de Heidi, como sabe todo el que recuerde la cobertura de TN el 25 de marzo de 2008, cuando estalló en toda su magnitud el conflicto. Ahora bien, no parece que la biógrafa de Jacobo Timerman sea Heidi, y Verbitsky no la cita suficientemente en este punto como para entender su posición, por lo que no queda más remedio que consultar su libro, Pecado original. Otra cosa: no entiendo por qué en lugar de escribir que Guadalupe Noble es "la única hija" de Roberto Noble, que es una verdad rotunda, escribe que es "la única hija biológica" de Noble, lo que es incierto. Y que, además, abona la fantasía de que Noble pudo tener hijos muchos años después de muerto.




                                  La autora de "Pecado Original". No parece Heidi

REVELACIONES DEL GENERAL VILLARREAL Y DE PERALTA RAMOS

Voces de ultratumba

El gobierno militar y no los Graiver ofreció a La Nación, Clarín y La Razón asociarse con el Estado en Papel Prensa. Así lo revela una cinta grabada antes de morir por quien condujo la negociación, el ex secretario general de la presidencia, general Villarreal. Su declaración fue confirmada por Patricio Peralta Ramos. Esas voces de ultratumba podrían completar el rompecabezas del delito de lesa humanidad. 

Por Horacio Verbitsky / Página 12

Tres cintas grabadas podrían dar un vuelco de campana a la causa que instruye el juez federal Daniel Rafecas por la presunta comisión de crímenes de lesa humanidad en la adquisición de la empresa Papel Prensa. Según el testimonio del más próximo colaborador del ex dictador Jorge Videla en la presidencia, el general José Rogelio Villarreal, la Junta Militar propuso a La Nación, Clarín y La Razón que se hicieran cargo de la fábrica de papel porque sabía que el banquero David Graiver administraba fondos de Montoneros. De acuerdo con Villarreal, la Junta se enteró de esta relación pocos días antes o después de la toma del poder por las Fuerzas Armadas, el 24 de marzo de 1976, es decir cuatro meses y una semana antes de que el avión que conducía a Graiver desde Nueva York estallara en el aire o chocara con un cerro en México, el 7 de agosto de 1976.

Una solución rápida

"No era un rumor, era un dato que se manejaba concretamente. Y éste fue uno de los elementos que llevó a buscar una solución rápida al tema de Papel Prensa", le dijo Villarreal a la periodista Graciela Mochkofsky, autora de Pecado Original. Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder". Esa solución, agrega el militar, consistía en "buscar a quién adjudicárselo". Villarreal afirmó, en dos entrevistas realizadas en abril de 1998 y en mayo de 2002, que él mismo se encargó de plantear la cuestión a los responsables de los tres diarios, Bartolomé Mitre, Héctor Magnetto y Patricio Peralta Ramos. "Primero hablaban conmigo y recién al final hablaron con el presidente, mientras se iba haciendo todo". El dato fue confirmado, también en 2002, por Peralta Ramos, quien dijo que el gobierno militar les planteó a los tres diarios que abandonaran su proyecto propio, Fapel, y se hicieran cargo de Papel Prensa, cuya planta ya estaba en construcción, con créditos oficiales, participación y avales del Estado. Este descubrimiento es seguido por una sobria constatación de Mochkofsky, quien comenzó su carrera profesional en este diario: las palabras de Peralta Ramos y de Villarreal "corrigen la versión, varios años posterior, de Magnetto y de los dueños de La Nación, de que la propuesta de vender Papel Prensa fue una iniciativa de los Graiver, a través de su abogado Miguel de Anchorena, que llevó la idea a Patricio Peralta Ramos". Villarreal y Miguel de Anchorena murieron en 2007 y Peralta Ramos en 2010, pero Mochkofsky conserva en su poder las cintas grabadas de las entrevistas con el militar y el accionista de La Razón. Sería recomendable que las pusiera a buen recaudo y que fuera cuidadosa con sus movimientos personales en estos días siguientes al lanzamiento de su explosivo libro. Desde la secretaría general del Ejército, Villarreal fue uno de los principales colaboradores del comandante en jefe Videla y el jefe de Estado Mayor del Ejército, Roberto Viola, en la conspiración previa al golpe. Luego del 24 de marzo ocupó la secretaría general de la presidencia.

Duros y puros hechos

En su exhaustiva investigación la autora tuvo acceso a las más altas fuentes del diario Clarín, que no identifica, aunque deja entender por indicios que se tratan del propio Magnetto y/o su operador político Jorge Rendo, pero la obra no parece identificada con esa versión del conflicto. Tampoco con la del gobierno nacional, aunque la seca descripción de los hechos lo deja mejor parado que a la empresa de medios, por más que el pecado original del título se refiera a la relación promiscua del poder político con los medios. La última frase del libro, referida a la causa judicial por la identidad de Marcela y Felipe Noble Herrera es un juicio lapidario sobre la conducción del Grupo Clarín: "Sólo sabiendo el resultado, Ernestina y Magnetto se atrevieron a hacer lo que deberían haber hecho desde el comienzo. Sólo por no saber y no atreverse, se sometieron a tres décadas de extorsiones y reclamos; por no saber y no atreverse, afrontaron una causa judicial que llevó a Ernestina a prisión y atormentó larga, y públicamente, a sus hijos adoptivos; por no saber y no atreverse, desataron un debate nacional que involucró a los movimientos de derechos humanos, la Justicia, el poder económico y a los medios, y por el que Clarín, ya involucrado en un enfrentamiento crucial, pagó un alto costo que amenazó seriamente su existencia. Sólo por no saber, sólo por no atreverse. ¿Pero cómo rendir cuentas sobre el propio pasado cuando se tiene una conciencia culpable?". Tanto el informe "Papel Prensa La Verdad", elaborado por la Secretaría de Comercio Interior, como el discurso en que la presidente CFK lo presentó y la querella firmada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación sostienen que la adquisición de Papel Prensa a los herederos del banquero muerto, quienes luego de firmar los documentos de venta fueron secuestrados y torturados, es parte de los crímenes de lesa humanidad contra los miembros del denominado Grupo Graiver, uno de los cuales murió en la mesa de torturas, por los que ya se investigaba a diversos jefes militares y policiales. Los dichos de Peralta Ramos y Villarreal, pueden proveer la pieza que falta para armar el rompecabezas y debilitar la defensa de Mitre y Magnetto, basada en la secuencia cronológica y en la presunta oferta de Anchorena, porque demuestran que el gobierno militar había propuesto a los diarios asociarse con el Estado en Papel Prensa, como parte de los preparativos del secuestro.

Notas al pie

Que estos datos fundamentales consten en tres notas al pie de las páginas 73 a 75 de la obra, inducen a preguntarse si la autora no advirtió su importancia o si se trata de una técnica de suma originalidad para la presentación de su material. Esta última hipótesis se afirma cuando se detecta que el mismo método se aplica en otro de los temas de fondo en la relación de Clarín con el gobierno nacional: la última nota del libro, en la página 390, revela que cuando Marcela y Felipe dejaron atrás una década de negativas al análisis de su sangre y su cotejo con todas las muestras almacenadas en esa institución creada por ley nacional ya sabían que sus perfiles de ADN no coincidían con ninguno depositado en el Banco Nacional de Datos Genéticos. Llegaron a la decisión de someterse a la ley dos meses después de que "una fuente del Banco" le revelara a "un importante editor de Clarín" ese dato que ya conocían los peritos, según le contó a la autora "un ejecutivo del Grupo". Mochkofsky, quien es nuera del estimado ex secretario de redacción de Página/12, José María Pasquini Durán, lamenta que su anterior trabajo, "Timerman, el periodista que quiso ser parte del poder", no suscitara el debate sobre el oficio periodístico que merecía. Es probable que otro tanto ocurra con "Pecado original", porque al tratar temas de alto voltaje político, sobre los que además aporta datos hasta ahora desconocidos que con alta probabilidad tendrán consecuencias judiciales, esos aspectos que ella considera de fondo pueden resultar opacados. Resultaría así víctima de la propia calidad de su producto.

Conflictos y armonías

La investigadora obtuvo acceso a documentos que le permitieron reconstruir con minucia la relación de Roberto J. Noble con sus varias mujeres, el trasfondo económico de cada episodio, las razones políticas y societarias detrás de la adopción de los dos niños, en 1976, y la compleja relación de Ernestina con Guadalupe Noble, la única hija biológica del fundador, concebida con otra mujer. También contiene una referencia demasiado sucinta a las relaciones de Clarín con los gobiernos previos al golpe de 1976, lo cual excluye los acuerdos con el primer peronismo que le permitieron crecer mientras languidecían sin bastante papel ni publicidad los medios tradicionales como La Nación y La Prensa y los favores crediticios y aduaneros recibidos por Noble de su cuñado, Eduardo Busso, el ministro de Interior y Justicia de Pedro Eugenio Aramburu, uno de los firmantes del decreto 4161 que penalizó hasta el nombrar a Juan D. Perón y cualquiera de sus derivados o colaterales. Las referencias al desarrollismo son esquemáticas y tampoco incluyen las transacciones realizadas cuando Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio condujeron el gobierno. Pero es ilustrativa la descripción de los conflictos y armonías de Clarín con los gobiernos posteriores a 1983, encabezados por Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, porque muestra que la crisis que se desarrolló a partir de 2007 es sólo un episodio más de un choque objetivo de intereses entre el sistema político y un grupo económico que transmuta su poder mediático en poder político y usa ese poder político para acrecentar su poderío económico. Si algo distingue en esa lista a Néstor Kirchner y Cristina Fernández es haber llevado a las últimas consecuencias lo que sus predecesores sólo amagaron hacer, y haber involucrado en el debate a la sociedad. Los seguimientos a Magnetto y la intercepción de sus comunicaciones telefónicas, la inspección de las cuentas del diario por la DGI que duró tres años, todo durante la presidencia de Alfonsín, quien en un discurso calificó a Clarín como un "opositor acérrimo", la negativa del presidente radical a modificar el artículo 45 de la ley de radiodifusión de Videla que impedía a los editores de diarios operar también estaciones de radio y televisión, su tolerancia a la infracción de Clarín que, pese a esa prohibición, se hizo cargo de la radio Mitre y su claudicación de último momento, cuando envió al Congreso el proyecto de ley que removía el obstáculo del artículo 45 dos semanas después de perder las elecciones de 1989, valen la pena recordarse ahora. Ese capítulo concluye con una frase memorable, exacto reverso de la consigna de Charles Wilson: "Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos". Aquí, en cambio, escribe Mochkofsky "con la moneda en caída libre, estado de sitio y un nivel récord de pobreza, el presidente comunicó al país su dramática renuncia. Era el peor momento de la joven democracia, y el comienzo de una era dorada para Clarín".

Una era dorada

En ese momento, Menem le confirió a Magnetto la privatización de los canales de televisión, mediante una cláusula legal escondida dentro de la ley ómnibus de reforma del Estado. El presidente diría que ése había sido su único error y que había contribuido a monopolizar la prensa, cuando Clarín empezó a investigar hechos de corrupción entre sus más próximos colaboradores, azuzado, según Mochkofsky, por "el crecimiento de Página/12". Para la autora, en la base de su decepción se encerraba un equívoco. Menem creía haber construido una alianza con Clarín que le garantizaría una cobertura favorable. En cambio, Clarín ponía sobre la mesa de negociaciones la velada amenaza "de convertirse en abiertamente opositor". Mientras, Magnetto avanzó en la expansión, diversificación y centralización de sus negocios: la transmisión del fútbol, la televisión por cable y satelital, el canal de noticias, las señales de entretenimientos, la jubilación privada, la telefonía celular, la creación del holding Grupo Clarín, la adquisición conjunta con La Nación de los principales diarios del interior, la televisión, los negocios agropecuarios de sus accionistas. Cuando ese enorme poder acumulado se volcó en contra de la reforma constitucional que debía permitir la reelección presidencial, el gobierno denunció la existencia de un oligopolio periodístico y amenazó con modificar la ley de radiodifusión, aplicar la legislación antimonopólica, licitar nuevos canales de televisión, incrementar la oferta de medios de comunicación, regular las cadenas y redes, crear condiciones igualitarias para el aprovisionamiento de papel de diario y sancionar una ley mordaza que incrementara las penas para los delitos de calumnias e injurias. Menem también dio apoyo oficial a la construcción de un grupo multimediático más poderoso que Clarín, con recursos del Citibank y operado como testaferro argentino por un escribano brotado de las cuevas financieras de la dictadura. El emprendimiento creció durante un lustro pero se disolvió cuando Menem no pudo franquear su propia legalidad para aspirar a un tercer mandato.

Un mensajero en moto

A Fernando de la Rúa, Clarín le envió en moto con un mensajero el proyecto de decreto permitiendo extender el alcance nacional del canal 13. Cuando el senador Duhalde ocupó en forma interina la presidencia, Magnetto consiguió que el Congreso privara a los acreedores extranjeros del poder de quedarse con empresas argentinas en quiebra y cuando el FMI contraatacó con la exigencia de que esa posibilidad volviera a instituirse, elaboró la ley de bienes culturales, que limitaba la participación extranjera en esas empresas al 30 por ciento, que tuvo media sanción con Duhalde y la otra media en el primer mes de la presidencia de Kirchner. Estos son los antecedentes imprescindibles para llegar al cuadro actual, donde tanto el gobierno nacional cuanto el Grupo Clarín han quemado las naves tras el único punto en que ambos coinciden: la batalla es a muerte. Para Mochkofsky, fue exitosa la estrategia de Kirchner: "El conflicto con los medios había quedado planteado en términos ideológicos y políticos, con la prensa ocupando el lugar de oposición y no de institución independiente". Cuando se trata del origen de la ruptura definitiva, la autora se inclina por la versión de Clarín: Magnetto habría rehusado el apoyo al gobierno en el conflicto con las patronales agropecuarias (a cambio del lobby oficial para que Clarín se quedara con Telecom), porque "había perdido toda esperanza en el futuro de los Kirchner". Pero también entiende que ante los ataques del ex presidente, Clarín reaccionó "sin pretensión de neutralidad y abrazó el papel que le asignaban los Kirchner", que ejemplifica con una larga serie de notas que convirtieron al diario y el canal de noticias "en centros opositores: casi sin excepción, las noticias que involucraban al gobierno eran negativas, a veces al punto del absurdo". Pone como muestra el título del primer día de este año: "Dilma asumió en Brasil pero no mencionó a la Argentina".

Definitivamente no

Concluye que el diario perdió credibilidad y pagó el costo de la batalla cultural con la caída de sus ventas y cita una frase de Magnetto sobre el enfrentamiento: "¿Cómo va a terminar? No sé. ¿Es riesgoso? Sí. ¿Tomamos la decisión acertada? En dos o tres años puedo responder. ¿Es una decisión económicamente conveniente? Definitivamente no". La lectura de Pecado Original ayuda a entender la exasperación que en estas semanas previas a las primarias del 14 de agosto emana de todos los productos del Grupo: si Cristina supera airosa esa meta, es probable que no haga falta tanto tiempo para conocer el final de esta historia.

Noruega, la antítesis de EEUU luego del 11-S

No perderemos nuestro paraíso noruego

Hay una forma de claudicar frente a un ataque como este: dejando de confiar los unos en los otros, permitiendo que la sospecha se instale donde antes vivía la confianza.

ÅSNE SEIERSTAD /El País

Hasta el pasado viernes, Utøya tenía un sabor dulce para la mayoría de los noruegos. Pero esta isla de rocas y pinos, en la que crecen flores silvestres entre los caminos, era, en particular, un paisaje fundamental para los políticos que gobiernan Noruega.
En nuestras conversaciones sobre cotilleos políticos es frecuente oír anécdotas sucedidas en Utøya en el pasado. En esa isla recibieron nuestros ministros socialistas sus primeros besos, tuvieron noviazgos adolescentes y debates de los de "quedarse levantados toda la noche salvando el mundo". "Esta isla es el paraíso de mi juventud", dijo el primer ministro, Jens Stoltenberg, en el discurso que dirigió a la nación la noche del ataque. "Ahora se ha convertido en un infierno".
La isla, en la que murieron al menos 68 jóvenes a manos de un loco, fue un regalo de una poderosa confederación de sindicatos a las juventudes del Partido Laborista tras la Segunda Guerra Mundial. Y este año, por 60ª vez, los jóvenes socialistas de la Liga Juvenil de Trabajadores estaba celebrando allí su campamento político de verano.
El ala juvenil del Partido Laborista ha estado siempre enfrentada a la dirección del partido. Los jóvenes militantes son más verdes y más rojos y, sobre todo, defienden el multiculturalismo y una política de inmigración más abierta y liberal en Noruega.
De ahí que Anders Behring Breivik los considerara sus principales enemigos. Quería herir al Partido Laborista y su capacidad de reclutar gente de la peor forma posible, dice su abogado.
Breivik se proclama salvador de la nación y quiere restablecer una Noruega blanca como aquella en la que crecimos él y yo. En los años setenta y ochenta, era muy poco frecuente ver a una persona de piel oscura, tanto para mí, que crecí en una ciudad de provincias, como para él, en un barrio de clase alta de Oslo. Breivik es un cristiano extremista de esos que planean un "martirio de masas" en una iglesia. Pero nos recuerda a los extremistas musulmanes que, con sangre fría y cegados por la religión, escogen la yihad.
En Noruega, como en el resto de Europa, la inmigración es un tema controvertido. En los países del norte, que no suelen ser el primer punto de entrada y que carecen de pasado colonial, las comunidades de inmigrantes tardaron mucho tiempo en aparecer. Pero ahora, a medida que crecen, lo hace también el racismo. En los últimos años han surgido grupos nacionalistas y páginas web extremistas. Breivik intervenía de forma activa en varias de ellas, y veía sus ideas alimentadas y reforzadas por los elogios de personas con las mismas opiniones, si bien la mayoría de sus amigos cibernéticos se sentirán hoy asqueados.
Si su locura asesina ha aportado algo al debate sobre la inmigración, es probablemente que, a partir de ahora, será más difícil expresar opiniones violentas, y más fácil que otros las refuten. Esperemos que quienes viven en esa zona gris entre la pura derecha y el nacionalismo extremista, avergonzados, rechacen esos foros racistas, después de saber adónde conduce el lenguaje desatado.
Breivik afirma que cuenta con seguidores, pero la reacción del pueblo noruego ha sido uniforme. En Twitter, Facebook e innumerables blogs, todos escriben que quieren luchar por los valores que hacen que Noruega sea Noruega. En la gasolinera de mi calle, o cuando hablo con un vecino con quien, hasta ahora, apenas había intercambiado una palabra, el mensaje es el mismo: no dejaremos que el terror nos cambie.
La respuesta de Jens Stoltenberg es típica del estilo de la sociedad noruega. Mientras que George Bush, al referirse a los terroristas del 11-S, dijo que Estados Unidos iba a "perseguirlos y atraparlos", nuestro primer ministro declaró: "Responderemos a este ataque con más democracia y más apertura". Porque no se ha atacado sólo a nuestro Gobierno o nuestro sistema político, sino también a nuestro modo de pensar, nuestra actitud abierta, inocente y confiada. Hay una forma de perder frente a un ataque como este, y es dejando de confiar unos en otros, permitiendo que la sospecha se instale donde antes vivía la confianza.
Mi editorial tiene las oficinas junto a la zona de la explosión, en el corazón de Oslo. Mi editor estaba en la calle esperando a sus hijas cuando estalló la bomba. "Que le den un buen abogado, un juicio largo y justo y un castigo humanitario", escribió esa misma noche en su blog. "Entonces haremos frente a esta situación como una sociedad civilizada. Así venceremos".
Un colega escritor, consciente de que, en ocasiones, le pasaban por la cabeza ideas despectivas sobre sus vecinos inmigrantes, ha dicho que quizás ha llegado el momento de que todos examinemos el virus del racismo que llevamos en nuestro interior, lo saquemos a la luz y los estudiemos desde todos los ángulos.
Los noruegos, a veces, pensamos que nuestro Estado socialista, con su sanidad gratuita y su educación para todos, es más bien aburrido; tal vez nos parece que los impuestos son demasiado altos, pero nos encanta cuando lo necesitamos. Sin embargo, este viernes maldito nos enteramos de que había una persona para quien este Estado y la gente que lo forma no eran aburridos, ni mucho menos; eran, éramos, el enemigo.
Nuestro Gobierno de coalición entre rojos y verdes ha sufrido críticas cada vez más duras de la extrema derecha por ser demasiado blando en materia de seguridad. Noruega es un país en el que hay que buscar mucho para encontrar a un policía armado. Es un país en el que uno puede pasear por los jardines del Rey a todas horas. Hasta el viernes por la tarde, en que saltó por los aires, también se podía entrar sin más hasta la recepción del edificio que alberga las oficinas del primer ministro.
Si el atentado hubiera sido obra de extremistas musulmanes, las críticas a la ingenuidad del Gobierno se habrían disparado. Se habrían oído sonoras exigencias de más vigilancia, más seguridad, más policía, más verjas y puertas, menos acceso a nuestras autoridades e instituciones y más distancia entre los gobernantes y los gobernados. La página web en la que intervenía Anders Behring Breivik se apresuró a acusar a terroristas musulmanes. Dos horas después del primer atentado, el responsable escribió: "Noruega está en guerra. El Gobierno ha fracasado. ¿Por qué no dice nada el primer ministro?".
Su exigencia no tuvo eco. Por el contrario, el líder de la Liga Juvenil dijo ayer, tras la pérdida de tantos de sus amigos: "Nuestras ideas siguen vivas. Volveremos a Utøya".
Utøya, esta isla de rocas y pinos, es un lugar que el asesino nunca volverá a pisar. Aunque la pena máxima en Noruega para cualquier delito es de 21 años, para obtener la libertad, el criminal debe demostrar que ha cambiado verdaderamente y no va a volver a delinquir. Noruega tiene una política liberal en materia de crimen y castigo, pero existe otra pena más que a Breivik le resultará especialmente severa: tendrá que permanecer, probablemente el resto de su vida, en el más multicultural de los lugares: una prisión noruega.
Åsne Seierstad es una periodista residente en Noruega. Es autora de El librero de Kabul y El ángel de Grozni. © 2011, Åsne Seierstad Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.



María Pía López: “Ningún candidato opositor puede captar el discurso antipolítico que expresó el PRO”

Publicado en la Revista Debate el 29/07/2011

Por Manuel Barrientos

La ensayista María Pía López analiza el voto en la Capital Federal y en Santa Fe y relativiza su impacto en las primarias del 14 de agosto

El triunfo de Mauricio Macri en la primera vuelta de las elecciones a jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la performance de Miguel Del Sel en la provincia de Santa Fe subieron las acciones a nivel nacional del PRO, una fuerza que, sin embargo, no cuenta con una fórmula presidencial para las primarias que se realizarán el próximo 14 de agosto. Socióloga y ensayista, María Pía López examina las características de las campañas electorales del macrismo y señala que el PRO ingresó en una nueva etapa discursiva, que tiene como pilares las ideas de festividad y la elusión del conflicto como motor de la vida política. Investigadora en la Universidad de Buenos Aires e integrante de Carta Abierta, también indaga en las posibilidades de los candidatos opositores de captar ese voto expresado en Santa Fe y Capital Federal y analiza las alianzas territoriales entre el kirchnerismo y el Partido Justicialista.

¿Cómo interpreta las buenas elecciones del PRO en la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Santa Fe?

El PRO recolecta la vieja crisis de la política, que no se termina de remontar nunca en la Argentina. Es decir, a la crítica del sistema partidario, que se vio en 2001 con mucha fuerza. Desde el primer gobierno de Néstor Kirchner se reconstruyó, en cierto modo, una lógica de representación política, pero siempre sobre el fondo de esa crisis, más o menos sorda. Durante la lucha por las retenciones, en 2008, se vivió un nuevo episodio de ese combate, que tuvo su rostro más fuerte en la Mesa de Enlace manifestando que los políticos, el Estado y el sistema público son parasitarios frente a los reales productores de riqueza. Ese discurso antipolítico tuvo sus efectos en las elecciones de 2009. Es un discurso hecho por políticos que dicen que no son políticos, porque provienen del sector empresario. Y el macrismo expresa eso.

¿Por eso define al PRO como una "derecha no ideológica"?

Es ideológica en su funcionamiento, pero no en el sentido tradicional de las ideologías, porque no les importa expedirse sobre los temas tradicionales de la derecha. Entonces, aparece como una puesta en tensión de las lógicas mismas de la política y como una ruptura de la idea de lo público, en nombre de la primacía de la eficacia de lo privado. En ese esquema, la política aparece siempre como parasitaria. El gran acto de cierre de campaña de Miguel Del Sel, en el programa de Susana Giménez, giró sobre ese argumento: "Nosotros sabemos cómo ganaste vos el dinero". Es decir, no es un político ni alguien que deba depender de los recursos estatales, sino alguien exitoso en la actividad privada. Por tanto, si se dedica a lo público es una suerte de misión, algo que se hace por los otros. El PRO es la fuerza que expresa con más claridad esa nueva situación de la política que tiende a borrar sus fondos políticos.
En ese modelo discursivo, ¿lo privado surge para rescatar a lo público de la propia clase política?
 


Hay una ilusión de que se podría gestionar las instituciones estatales de un modo no político. Esa ilusión estuvo detrás de los golpes de Estado en la Argentina; una elite profesional -militar, en ese caso- venía a conducir los asuntos de Estado sin demagogia, sin clientelismo, sin conflictos y sin presiones. Después de la última dictadura, esa salida es inviable en la Argentina. A nadie se le ocurriría decir que tiene que ser una casta militar la que "nos salve" de la clase política. Entonces, aparece este nuevo discurso, que señala que vengan los que no son políticos a sustituir a la clase política. Así, se arma esta especie de escuadra de los recién llegados, y de los que no son tan recién llegados pero aparecen bajo las galas de los que no hablan de política cuando hacen política.

Pero el caso de Del Sel es distinto al de Macri, porque no se asume como representante de una tecnocracia.

Es cierto, no se atribuye un saber gestionario, como sí lo hacía Macri, que venía a hablar en nombre de los empresarios. En su primera etapa, el macrismo se define como un "equipo de gestión", que se atribuye méritos en ese plano y que, por eso, puede gerenciar una ciudad. Pero ese argumento se vuelve muy discutible, porque el tipo de gestión que realiza el macrismo no es un "gerenciamiento exitoso" de la ciudad. Tiene niveles muy precarios de gestión de las instituciones públicas y arrastra muchas de las formas de la anterior política que viene a discutir. Por eso, ahora estamos en otro momento del macrismo.

¿Cómo definiría este nuevo período?

El discurso del empresariado "gestor" se sustituye por otro tipo de discurso, que está sustentado, fundamentalmente, en la idea de una reconciliación posible de los argentinos. Ahí aparece esa idea banalizada de felicidad o de fiesta familiar. Esa nueva imagen se ve aun en los funcionarios más duros del macrismo, que hoy hablan como si se pudiera prescindir del conflicto y acusan a quienes pertenecemos al kirchnerismo de ser autoritarios, violentos, conflictivistas. En esa estrategia, fue muy adecuada la figura de Del Sel, como un cómico que viene a alegrar nuestras vidas. Es alguien que adquiere su prestigio no ya en la idea de una meritocracia que está por encima del votante, sino en tanto se parece cada vez más al votante. Es decir, alguien al que un golpe de suerte y un talento particular le dio la posibilidad de ser exitoso. Al mismo tiempo, ese éxito no viene de ningún espacio conflictivo, sino del espacio reconciliado por excelencia, que es la sociedad del espectáculo. Del Sel es el tipo ideal de lo que es la actualidad del macrismo.

Más allá de la interpretación de las buenas elecciones de Macri y Del Sel como el triunfo de la política-espectáculo, ¿qué otras razones se encuentran en su nivel de aceptación electoral?

Hay un trabajo político muy efectivo, que se ve en el caso de Buenos Aires más claramente que en el de Santa Fe, porque en esta provincia la elección fue muy dispar y la gran elección a gobernador que hizo el PRO en Santa Fe no estuvo acompañada por triunfos legislativos ni en las intendencias. Detrás de esa fiesta de cumpleaños del PRO hay una efectiva construcción territorial, muy desplegada en la Ciudad, que tiene a Cristian Ritondo como una figura muy orgánica. Es una construcción que no desprecia ninguno de los métodos que ellos atribuyen a sus adversarios. El punterismo, las relaciones clientelares, que se denuncian como las formas tradicionales del peronismo, están absolutamente interiorizadas en las formas de construcción política del PRO. Hay que tomarse más en serio al macrismo en ese plano.

¿Qué actores y tensiones sociales se ven representados por estas expresiones electorales de la antipolítica?


Es un asunto que requiere un análisis muy complejo. Hay ciertos barrios de Buenos Aires donde la lógica electoral casi reproduce la polarización de clases. El modo en que el macrismo triunfa en la zona Norte, en la Recoleta, en Puerto Madero, expresa un apoyo a esa lógica de destitución de lo público en nombre de lo privado, que los sectores con mayor capacidad económica de la sociedad tienden a percibir. Hay un voto de derecha contra el gobierno nacional que está definido también por razones de clase.

¿En qué sentido?

Alguien que considera que está mejor si su dinero va a una AFJP que si va al sistema público de jubilaciones y pensiones, donde no capitaliza, y que cuestiona que ese dinero, en parte, se use para la asignación por hijo. Esa lógica de cuestionamiento es el voto del macrismo que menos me preocupa, porque responde a las políticas del gobierno nacional que señalaron antagonismos sociales. Me parece más problemático entender qué pasa con los sectores medios que, en muchos casos, pueden tener un discurso de afirmación de lo público. Es un voto mucho más fluctuante y es difícil entender qué está expresando. Pero, evidentemente, se trata de un sector en el que hay muchas críticas, aunque de otra índole, al gobierno nacional. 

¿Cuáles son esos cuestionamientos?

La centralidad de algunas denuncias con respecto al uso de fondos públicos en la construcción de barrios y viviendas, que involucraban a la Fundación Madres de Plaza de Mayo, produjo una cantidad de intervenciones periodísticas absolutamente impactantes. Pese a las complejidades de su entramado judicial, el caso Schoklender funciona muy eficazmente como deslegitimación, porque vuelve sobre la idea de la corrupción de las instituciones estatales y abona esa idea de que si tenemos políticos sólo es para que se parasiten a los verdaderos productores. Esos sectores medios son muy sensibles a un aparato mediático que tiene un poder muy fuerte y que hasta es difícil de describir sin caer en teorías conspirativas.

¿Por qué?

Pueden producir silencios absolutos sobre algunas cuestiones, y generar inflación de ciertos temas sin que tengan una envergadura real. Me impresionó el modo en que Clarín, La Nación y Perfil trataron el tema de la falsa encuesta encargada contra Daniel Filmus. Hay un juez investigando, hay datos serios respecto de la conexión entre el gabinete de publicidad de Macri y la contratación de esa encuesta y, sin embargo, ese caso se puede silenciar absolutamente. Y el macrismo hasta se puede dar el lujo de brindar una conferencia de prensa donde directamente no contesta. No creo que nadie vote por lo que diga Clarín, pero sí que en las razones en las que uno construye su voto y la credibilidad sobre quienes gobiernan, también pesan aquellos diarios y canales que uno observa. Y, en ese sentido, hay un pacto de silencio fundamental en la Ciudad de Buenos Aires con respecto al macrismo.

¿Qué incidencia tendrán estas buenas elecciones del PRO sobre las primarias del 14 de agosto
?


Creo que hay dos escenarios posibles. Uno, que efectivamente haya un triunfo claro de Cristina Fernández porque, incluso aquellos que escogieron por opciones provinciales opositoras voten por la conservación de un modelo económico y productivo, que generó mejorías en todos los sectores. Es decir, que haya ciudadanos que orientan su voto por razones de economía y gobernabilidad. Se trata de un voto que no podríamos calificar de ideológicamente kirchnerista. La opción más complicada es que las primarias sean utilizadas como una pugna interna entre los dirigentes de la oposición y que ocurra aquello que pedía Eduardo Duhalde, de que se vote al mejor posicionado en las primarias en las generales de octubre. Pero es difícil pensar que cualquiera de los candidatos opositores pueda recibir la confianza del resto de los actores.

¿No considera que puede ocurrir esa confluencia?


No me imagino al votante de Hermes Binner yendo a votar a Ricardo Alfonsín y Javier González Fraga o a Duhalde. No hay condiciones para que eso ocurra, y va a primar el voto al Gobierno, que sería un voto de cálculo, en el que finalmente se valore la mejoría en muchos sentidos de la vida de muchas de las personas y se afirme que conviene que sigamos así. Pero no sé cuánto habrá de un voto de apuesta a una profundización de lo que es el modelo.

¿Por qué?

Este Gobierno presenta una articulación muy interesante entre un modelo económico desarrollista y productivista -que permitió la ampliación del consumo, del mercado interno y mejoró los índices económicos para todos los sectores-, con un conjunto de medidas sociales reparatorias, que van desde la ampliación del sistema de jubilaciones y pensiones hasta la Asignación Universal por Hijo. A ese esquema, se suma un conjunto de medidas que hacen a la transformación de las instituciones, como la reforma de la Corte Suprema, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual o los juicios a los genocidas. Esa batería de muy distinta índole no sé si está anudada para todos los votantes. Es probable que aquellos que hoy votan a Antonio Bonfatti o a Del Sel en Santa Fe o a Macri en Buenos Aires, en agosto y octubre elijan a Cristina Fernández por alguna de esas razones, pero no por el combo completo.

Desde su origen, el kirchnerismo estuvo atravesado por una tensión entre el peronismo y la búsqueda de cierta transversalidad. ¿Qué rol tendrá la figura de Daniel Scioli y el aparato del PJ en las presidenciales?

En términos de triunfo electoral, el kirchnerismo nunca dejó de tener una deuda profunda con el peronismo, sea de Salta o de la provincia de Buenos Aires. Y, al mismo tiempo, siempre tuvo una especie de plus de ese peronismo. Ese plus es lo que solemos llamar kirchnerismo. Es decir, ese conjunto de medidas de gobierno, más que sistema de alianzas, porque los distintos intentos de transversalidad fueron fracasados. Aunque no hubo fracasos en la transversalidad de temas y de valores, porque el kirchnerismo fue produciendo hechos de gobierno tomando temas y valores de esos sectores con los que establecía alianzas. Sin embargo, nunca lo pudo transformar en un mecanismo electoral, que siguió estando forjado en la lógica del Partido Justicialista. Pero el éxito del kirchnerismo es ese engarce. Sin esas fuerzas electorales del Partido Justicialista con las que acuerda en las provincias, no ganaría elecciones. Y sin el plus que significa su diálogo con los movimientos sociales, con los movimientos autónomos y con otros sectores, no haría más que administrar lo que se hizo hasta ahora.

¿Qué candidaturas pueden captar ese voto antipolítico expresado en Santa Fe y Buenos Aires?


Ninguno de los candidatos presidenciales de la oposición puede captar ese discurso antipolítico que expresó el PRO, porque todos son personajes clásicos del elenco de la política. Sí pueden captar el voto crítico a las políticas de gobierno y a la idea de que hay que reemplazarlas, pero no creo que ninguna pueda apelar a aquello que apeló eficazmente el PRO. El personaje que más se parece a esa enunciación del macrismo es De Narváez, pero compite con alguien que se parece mucho a todo eso desde el kirchnerismo, que es Scioli.

¿Qué posibilidades abre al Frente Amplio el triunfo en Santa Fe y la probable buena elección de Luis Juez en Córdoba?

Binner y Bonfatti se equivocan cuando entienden que es un castigo sólo al gobierno nacional, porque casi pierden la provincia. Si hubiera sido un voto castigo al gobierno nacional, habrían votado al socialismo directamente. El voto a Del Sel debe leerse críticamente desde el Partido Socialista. Las fuerzas de centroizquierda no kirchnerista no tienen un escenario prometedor, porque los adversarios a las políticas nacionales se van a constituir más por derecha que por centroizquierda. Por eso, no creo que la candidatura de Binner pueda constituirse en la opción a la que votarían el conjunto de los opositores.


Sarlo y la hegemonía kirchnerista

Hasta hace pocos meses, distintos analistas hablaban de la constitución de una "hegemonía kirchnerista". ¿Cuál es la actualidad de ese enunciado?

El kirchnerismo siempre constituyó hegemonías parciales, consensos al respecto de ciertas políticas, pero nunca logró constituirse como un lugar de enunciación privilegiada. En parte, no lo logró por un sistema de medios opositores muy articulado y muy preciso. No se puede construir consenso absoluto cuando la mayoría del discurso político es dicho por otros y en contra. El dispositivo cultural de la hegemonía kirchnerista del que habla Beatriz Sarlo es muy precario, incomparable con respecto a ese otro sistema de producción de enunciados y de ideas. Por eso, las elecciones de Santa Fe y Buenos Aires deben pensarse en profundidad, porque representan la introducción de un régimen discursivo, estético y político distinto. Hay que pensar cómo afecta y cómo se le responde. En ese sentido, lo que aparece ahora es una pantalla partida. 

¿Esa pantalla partida encontró en el PRO una estructura política que lo respalde?

Encontraron candidato para el 2015. Pero el bloque empresarial y mediático debe estar muy enojado con Macri y Carlos Reutemann, quienes no hicieron el gesto osado de convertirse en el dirigente que podía encauzar la lucha contra Cristina Fernández. Ya están cerradas las listas y ninguno de los dos que están puede cumplir ese papel.